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Errores de Juventud

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La oscuridad es su mejor aliada. Una verdadera suerte que la luz pública haya fallado. Elida está frente a la puerta de su casa, lista para entrar. Un automóvil se detiene. A su espalda siente una presencia, pero antes que pueda volverse, un golpe la deja sumida en profundo sueño. Chris conduce a toda prisa hacia las afueras de la ciudad. Un matorral escogido con anterioridad lo espera. Los hierbajos crecidos protegen de miradas casuales. Chris viste todo su atuendo de negro, se coloca una máscara negra sobre el rostro, la cual deja al descubierto solo los ojos y la nariz. Toma a la mujer, aún inconsciente, por las axilas y la arrastra monte adentro. La amordaza y le ata las manos sobre el estómago, la mujer emite un ligero quejido más no despierta. La vuelve boca abajo sobre la hierba. De uno de sus bolsillos saca una navaja. La luz de la luna le permite localizar un árbol cuyo follaje ya está marchito, tantea con la mano el grosor de una vara antes de arrancarla y pelarla. Se gol...

Errores de Juventud

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La distancia y el tiempo (quince años) no fueron obstáculo para que Elida desapareciera del mapa de su venganza. Aún y con el kilometraje recorrido al máximo, la muy zorra se casó de blanco, con un tipo proveniente de una familia conservadora y puritana, dueña de una posición económica más que holgada. Su vida es descrita con lujo de detalle en su página social. Elida, Elida, -deja escapar el nombre con un tono de burla.- nunca se te quitó lo presumida. ¿O debo decir lo estúpida? –carcajadas. Sigue con interés cada capítulo de la telenovela Elida. Un comentario atrae su atención. “Hoy el médico me dio una noticia buena y no tan buena. Estoy esperando un hijo, pero es un embarazo de alto riesgo. Debo cuidarme en extremo si quiero que este bebé se logre.”. Una respuesta malintencionada puede leerse a continuación: “Pues entonces cuídate amiguita. Perder ese bebé significa decirle adiós a la herencia $$$$ de los suegros, y en un descuido hasta Emilio se va. Con eso de que él...

Errores de Juventud

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Treinta y tres años después aún siente en su cuerpo, sobre todo en su espalda y nalgas, la cintareada que su papá le propinó aquella tarde. Durante varios días fue un suplicio sentarse y acostarse. Sin contar que en la secundaria sus compañeros se reían de él. Una mañana en el receso entre clases, escuchó cierta conversación en el grupo de amigas de Elida: -Tarugo, ni siquiera sirve para besar. -Pobrecillo, se asusta al ver una chica desnuda. ¡Ja, ja, ja! Según Elida, no tiene idea para que son las tetas de mujer. Ella tuvo que decirle. Ni siquiera supo agarrarlas…  -Con Elida quien no se asusta. Si está tan urgida la pobre…. Ja, ja! Soportó con dignidad los comentarios malintencionados y las miradas burlonas y morbosas de sus compañeros y vecinos. Aunque ese desliz juvenil fue tratado con la más absoluta discreción por los padres, de una manera u otra se filtró entre los conocidos. Chris intuía que fue obra de Elida. Su venganza por no poder aplicar en él su poder de s...

Errores de Juventud

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El rostro hermoso y cándido de Elida aparece frente a sus ojos. La maldad con cara de inocencia. La serpiente. Maldita serpiente. Elida, Elida, ¿cómo olvidarte, cómo? Elida era la hija de sus vecinos, tres años mayor que él. Una chica escuálida, de piel muy blanca, lechosa, ojos grandes y de un color verde casi transparente. Con una muy marcada ausencia de atributos físicos, motivo que no le impide acosar sexualmente a Chris. Cuenta el niño con 12 años y Elida ya se perfila como una excelente aprendiz de modelo de lencería y acompañante de cama. Chris estaba ese día, como muchos otros, en el cuarto abandonado, leyendo una de sus historietas favoritas al momento que alguien, por la espalda, le cubre los ojos. El susto es mayúsculo. Tranquilo Chris, –el tono hipócritamente dulzón de la jovencita le cae a Chris como un golpe en el estómago. Decididamente, no la soporta.- Soy yo, Elida. Al verse libre de las huesudas y frías manos, el chico camina hacia la puerta. -Elida, no ...

Errores de Juventud

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El calor le impide dormir. Aún y con el aire saliente de un ventilador plástico instalado frente a su cama, nota que su piel está húmeda debido a la transpiración. Christian sabe que son los últimos días del verano. Una temperatura de 36º es la reina del ambiente, el viento en completa calma apenas se siente. A través de la ventana abierta ve un rayo iluminar el azul oscuro del cielo; no se pronostica lluvia, más la naturaleza es caprichosa y hace de las suyas cuando uno menos lo espera. En la calle escucha risas y cuchicheos, por lo menos son 3 voces diferentes. Un grito rompe la quietud de la noche, se asoma por la ventana y ve una sombra correr a toda velocidad, otras 3 siluetas salen de la oscuridad y con risotadas celebran la hazaña de haber asustado a alguien. La “víctima” se perdió en las calles aledañas, los victimarios, por el tono de voz, parecen ser muchachos de entre 13 y 15 años. Condenados chamacos, -son las palabras que se alojan en el pensamiento de Christian en...

Silueta

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Contorno. Sombra. Dibujo claroscuro de un rostro apenas perceptible. Brisa. Refrescante perfume marino que se enreda en mis cabellos. Viento sabor a sal, me obsequia una sonrisa, una lágrima, un grito. Memoria abstracta de una fotografía inexistente. Recuerdo con sabor a nostalgia. Pasado presente. Mural pintado en las paredes de mis días. Futuro incierto. Reloj de arena que encierra solo impaciencia. Silueta. Ausencia de tu cuerpo, tiempo sin tiempo. Soledad y tristeza invadiendo mi habitación, adueñándose de mi cama, de mi vida. Espacio mudo, vacío, desierto de sentimientos y emociones. Espacio lleno de horas lánguidas que van en declive hacia la realidad de tu abandono.    

Sin adjetivos ni emociones

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La melodía escapa con suavidad, llenando el silencio. 1992. Ana Gabriel. Evidencias. En la joven, su mente, memoria o como se le suela nombrar más comúnmente, se alborota cual pájaro con alas. Corre, vuela a través del tiempo, desempolvando de lo más profundo del abismo abstracto del cerebro recuerdos que creía olvidados. Frente a sus ojos se exhibe una película en tiempo real: la joven ingenua, sintiéndose la dueña del mundo a sus 22 años solo porque el joven que la atrae se ha fijado en ella. Por una vez la vida le ha dicho “sí”. Tiene hambre de amor. O quizá lo que en verdad desea es escapar, poner distancia de por medio entre ella y la responsabilidad que tiene ahora de hacerse cargo de tres hermanas menores que ella. Ambos padres han muerto. La madre primero: disípela, una enfermedad tan extraña como su nombre. Le provocó la hinchazón de la pierna izquierda, en un principio solo le impidió caminar con normalidad, pero conforme avanzaban los días apareció el dolor. Hasta que fu...

¿Dónde dejé mi lápiz?

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Es un lápiz para escritura. Común y corriente, de madera, color verde esmeralda con un borrador blanco y punta de grafito. Fue un obsequio de uno de los pocos amigos de su hermano mayor. Y eso lo convierte en especial. Con ese lápiz ha volcado sus sentimientos en su diario personal. Los poemas o frases de amor y otros pensamientos han sido plasmados en papel con ese lápiz. Aurora lo mira como hipnotizada, sonríe. Ya lo lleva gastado poco más de la mitad. -Aurora, la comida está servida. -le avisa su madre. -Ya voy, ‘ma. Cierra el cuaderno y deja encima el lápiz. Sus primos están de visita en casa. Reanuda sus actividades después de la comida y la plática de sobremesa. El cuaderno está tal y como lo dejó, más el lápiz ha desaparecido. -¿Dónde dejé mi lápiz? –lo busca desesperada, en medio del cuaderno, en el suelo por si se ha caído, revisa su mochila. –Ninguno de mis primos pudo haberlo tomado, estuvimos comiendo todos juntos, nadie entró a la recámara. -Siente un ...

La alegría de Triste

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Texto participante de la I Convocatoria Calabacines en el Ático. La extensión requerida era de menos 333 palabras, aquí lo presento con la extensión real.             Le hace la señal de parada a un taxi. Ya no dispone de tiempo para utilizar el transporte público. En el trayecto observa a un hombre que pasea en bicicleta. Envidia esa sensación de libertad que emana del tipo. Más adelante, en una plaza, una pareja en edad madura se ejercita trotando. También son objeto de su envidia. Sin quererlo recuerda a Migdalia, la única prometida que tuvo y que Nieves, su madre, se encargara de retirarle. Nunca supo en realidad que sucedió: una tarde llegó a casa con Migdalia, la intención era que Nieves se fuese haciendo a la idea de una próxima boda. En cierto momento, Triste sale a atender la petición de un vecino, se tarda más de lo previsto. Cuando vuelve a casa Migdalia se ha marchado y Nieves está viendo su telenovela vespertina. Le ...

El rostro de Matías

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Texto participante de la I Convocatoria Calabacines en el Ático. La extensión requerida era de menos 333 palabras, aquí lo presento con la extensión real.    Si las casas pueden tener actitud, la del nuevo lugar donde vivirá no le parece nada amigable. Aislada, con vastos árboles alrededor, da la impresión de querer perderse en medio del bosque. Lo invade una sensación extraña, de miedo o peligro quizá. Un vientecillo helado golpea su rostro al bajar del auto. Camina adelante de aquel desconocido, de expresión facial imperturbable. Gesto que no permite imaginar sus pensamientos o emociones. Ojos pequeños, color negro, redondos. Nariz chata, mejillas abundantes entre las que se pierde la prominente boca. Un tupido bigote que luce algunas canas, al igual que la cabellera, cubre el labio superior. Casa de dos plantas, aunque pequeña. Por dentro es fría y oscura. Ha sido advertido que las puertas y cortinas deberán estar siempre cerradas. Una varilla de inci...