Juego de miradas
Otra vez el juego de las miradas. Esquivas, inquietas… breves, pero demasiado intensas para fingir que no significan nada. Durante un tiempo pensé que aquel demonio interno finalmente se había aplacado. Había aprendido a mantenerlo encerrado, a no alimentarlo con pensamientos, a no buscarlo con los ojos. Creí que estaba dormido. Pero no. Está despierto de nuevo. Lo siento cada vez que nuestras miradas se encuentran y alguno de los dos aparta los ojos demasiado rápido. En esos segundos hay algo que ninguno se atreve a decir. Algo que permanece suspendido entre nosotros, como una pregunta que ninguno quiere formular. Intento convencerme de que no pasa nada. Que solo es coincidencia. Que una mirada no significa nada. Pero entonces vuelve a mirarme. Y mi corazón responde antes que mi razón. No sé qué pasa… Bueno, sí lo sé. Y precisamente por eso me aterra reconocerlo. Porque reconocerlo significaría aceptar que aquello que creí enterrado sigue vivo. Que no desapareció; simplemente ap...