El inquilino
Él llegó aquí diciendo que necesitaba un lugar donde vivir. Pero pronto comprendí que había venido a destruir nuestros planes de vida…nuestra paz. Un año atrás, mi rutina fue escuchar música tranquila en mis momentos de ocio cultural: lectura, escritura, o en los momentos que mi trabajo me sofocaba y necesitaba un respiro. ¡Cómo extraño esa paz! Aquella calma sencilla en la que las horas parecían transcurrir sin dejar huella. Deslizarme por la casa en silencio, sin angustia, sin enfados. Sin esa sensación persistente de que alguien más está presente en mi espacio. A veces, incluso cuando la casa parece vacía, puedo sentir una presencia detrás de las paredes, atenta, inmóvil, esperando. Acechando. Astronómicamente, por la fecha, aún es verano; pero la imagen que proyectan los días es el anuncio de un inverno apresurado. La estampa del atardecer tiene algo de invierno nostálgico: la luz comienza a retirarse temprano, una luz débil que apenas consigue atravesar las ventanas, l...