MUDANZA
Empaqué todos mis enseres domésticos, ya están en la mudanza. El
operador me dice que ya está todo arriba, que a la hora que yo diga partimos
hacia mi nuevo hogar.
Me ocupo en dar un último repaso a la casa vacía, por si olvido
algo “importante” para mí, reviso que las llaves de agua y gas estén
perfectamente cerradas, que se haya cortado la electricidad, las ventanas estén
cerradas, aunque eso ya no importa, si alguien entra no hay nada que pueda
llevarse, entrará a una casa vacía. Reviso y reviso, no sea que olvide algo mío
o del gato, su cuenco de agua o de comida. Un cargador mío, una laja vieja de
jabón. Un envase vacío de alimento para gato…
-Llevas todo lo que necesitas, no te preocupes por lo que se queda.
Me asusto al escuchar esa voz a mis espaldas. Estoy segura que
cerré la puerta para evitar miradas indiscretas que se den cuenta de mi
tristeza al partir. Mi mente se pone alerta, seguro que es un ladrón. Pero ya
no hay nada que robar aquí.
No hay nada amenazante ni inquietante en la voz de aquel hombre
joven, quizá un poco salido de contexto: pelo largo, con aspecto de que el
peine no ha pasado por su cabeza en varios días; su ropa no se ve nueva,
incluso luce algo sucia.
Continúo sin decir palabra. De pronto siento su mano en mi hombro y
me dirige con suavidad hacia la salida. Se apodera del llavero que traigo
conmigo.
-Vete ya, yo me encargo de cerrar con llave.
Subo a mi auto, pero no me voy enseguida, espero verlo que cierre
la puerta. Desconozco si se trata de algún familiar del propietario. El
insistente maullido del gato me distrae una fracción de segundo, en cuanto miro
de nuevo hacia la puerta, el hombre ya no está.
-Pero que…no puede ser que haya cerrado ya. La llave tiene maña por
lo que no es fácil cerrar y abrir. Me cercioraré.
Baja del auto con brusquedad, gira el pomo de la puerta y,
efectivamente, han echado la llave. Sorprendida, regresa a su auto, donde el
mimoso minino la recibe con un ronroneo suave.
-Quien haya sido, cerró bien y sin problemas. Bien, vámonos ya.
Antes de arrancar, por el rabillo del ojo divisa movimiento en el
lado del piloto. Se vuelve alarmada. El hombre está allí, podía decir que algo
en él tiene una especie de fulgor.
-Comienza de nuevo, deja aquí lo que no fue bueno para ti, lo que
impidió tu crecimiento. Comienza un nuevo año, vas a una nueva casa. Ejercerás
tu profesión y vivirás de tu salario. No mires atrás. Voy a hacer nuevas todas
las cosas.
Hace el gesto del adiós con la mano. La mujer entiende, sonríe
nerviosamente…y se va.
-Que hombre más misterioso. Y las predicciones que me dijo… ¿Acaso
es un brujo? -Se santigua tres veces, enciende el motor del auto y se aleja
perdiéndose en la distancia.
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