Misteriosamente desaparecido


 










La campana avisa que el camión recolector de basura está sobre la calle, Irina espera con impaciencia que pase rápido a la puerta de su casa y vacíe su contenedor. Hay algo ahí de lo que debe deshacerse ipso facto…

-Tú eres responsable, -señala a la joven con su dedo larguirucho, ella nota las uñas llenas de mugre y no puede evitar sentir una punzada de repugnancia.- Mi intención al dejar aquí el cuadro y las estatuillas es que me los cuidaran. Cuidar significa guardar algo poniendo atención en ello. Te lo digo por si no lo sabes. -vocifera Ezequiel, el sobrino de su marido, un hombrecillo flaco con esa voz chillona, que denota su auténtica orientación sexual. Irina a duras penas puede contener la risa, imagina que tiene frente a ella una chachalaca, y no puede evitar imaginar que escucha el cacareo estridente, ronco y ruidoso del animal.

-Las estatuillas están en la habitación vacía, donde guardamos las cosas que no usamos. -responde Irina con una calma inusual en ella. Cocina a la plancha un jugoso bistec y decide que el cerebro de mosquito de su sobrino político no le echará a perder su apetito.- Sube a buscarlas, yo no puedo traerlas porque están pesadas.

-¡Ah! -el flaco hace una rabieta de niño pequeño pateando el piso. Con pasos rápidos y ágiles sube por las escaleras.

Irina continúa revolviendo las verduras en el sartén, a la vez que su impaciencia se transforma en nerviosismo. Maldito camión de basura, ¿por qué se entretiene tanto en las otras viviendas?

-P…p…p… pero ¿¿¿qué es esto???? -Escucha un grito que más bien le parece el aullido de un animal herido. Acto seguido, los pasos del sobrino no se hacen esperar.- Te pregunto Irina ¿¿¿qué es esto???? -agita los ídolos frente a la cara de la mujer con gestos teatrales, exagerando su rabia.

Irina alza las cejas, despreocupada por fuera, impaciente y algo nerviosa por dentro.

-Pues…son los encargos que dejaste, los subimos cuando vinieron a remodelar la casa, ya que los mancharon de tierra, pintura y esas cosas. Tú sabes…-hizo un gesto con la mano intentando restar importancia al asunto.

Ezequiel lanza un sonoro suspiro que denota su enojo.

-Pero lo hicieron cuando ya los mancharon, no antes. Se supone que estas imágenes -las agita de nueva cuenta frente a Irina, a quien el polvo que se esparce por el aire le provoca una tosecilla.- son sagradas y deben tratarse como tal.

-Son sagradas para ti, no para mí. Y si tanto te importan llévatelas a tu casa, que es donde deben estar, aquí no tienen nada que hacer.

-Que insolente, esta también es mi casa y puedo dejar lo que se me antoje… 

-Estoy de acuerdo contigo, pero ten presente que estoy pagando una mensualidad por habitar esta casa, -vuelve a la estufa a revolver el guiso.- deja lo que quieras, pero no estoy obligada a cuidar de ello, así como tampoco tengo funciones de secretaria; así que…sopesa dos opciones: guarda tus cosas y estate al pendiente de ellas o llévatelas.

Por toda respuesta escucha los pasos de su sobrino subir las escaleras, y el mover de cosas en el trastero, así como improperios de todo tipo adornar el vocabulario de Ezequiel.      

-¿Y el cuadro? ¿Dónde está? -pregunta, resollando con dificultad, sus pulmones no tienen suficiente aire debido al esfuerzo físico por subir y bajar escaleras corriendo.

Por fin llega el momento de la esperada pregunta. Irina ya tiene preparada la respuesta.

-En el mismo lugar donde encontraste esos bultos. -señala con la barbilla.- En el trastero. -responde mientras saca un trozo de brócoli sobre un plato y lo troza con el cuchillo, degustando el punto de cocción y el sabor.

Ezequiel la observa. no se marchará sin su preciado cuadro.

-Pues no está.

Irina lo mira, se encoge de hombros y sigue con la preparación de su platillo. Su estómago comienza a avisar que es hora de recibir alimento. Ezequiel sabe que ya no hay más respuestas, por lo que sube de nuevo hacia el trastero dejando escapar floridas alabanzas. Lo escucha mover hacia aquí, hacia allá y acullá, sin localizar su objetivo. Luego de un rato se da por vencido. Toma sus preciadas estatuillas y sin decir palabra se larga.

Irina apenas si puede contener la risa.

-¡Uff! -hace el gesto de pasar su dedo índice por la coronilla y lo agita al aire para tirar una gota imaginaria de sudor.- Lo bueno que ya pasó la basura y se llevó la basura de este retrasado. Ahora a ver de dónde saca su maldito cuadro maquiavélico. Y espero que sea la última vez que me trae a guardar sus porquerías.  

Ahora sí, ya sin ningún pendiente ni mortificación de ninguna clase, pone la mesa mientras canturrea una melodía, hace gala de su creatividad al decorar el plato, le toma una fotografía para presentarlo solo ella sabe a quién, y finalmente, se sienta a deleitarse con el sabor de su jugoso platillo…y de su travesura.  


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