Tiempo de espera
A través de la ventana contemplo la tormenta afuera, el olor fresco de la tierra mojada entra con suavidad en mis fosas nasales y me transporta a momentos en mi lejana niñez. Recuerdo indoloro. Y una paz antigua invade mi ser. El viento la mece, la zarandea y la lleva por donde quiere. Sin preocupaciones, sin prisas, secretos del cielo, bendiciones líquidas corriendo por calles dormidas. La ciudad se transforma en una acuarela borrosa, mientras el mundo se detiene para tomar un respiro, ordenar ideas, romper pensamientos, encontrar el fragmento que falta en el rompecabezas personal, en fin… Un segundo aire para continuar…