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Sentimientos que matan

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Me despierto, no quiero levantarme aún. Me siento cansada, fastidiada, pienso que es otro día más de encierro. Como laboro por mi cuenta, ahorita ya estoy terminando todas las gestiones que me fueron encomendadas. Descanso forzoso. Viene a mi mente Blanca, una de mis tantas amigas, y sin motivo aparente, comienzo a sentir un tremendo coraje contra ella, contra otra de mis amigas, Miriam, y también contra mis hermanas, Soledad y Ester. Soledad. Su vida gira en torno a 6 perros, animalitos que literalmente “chupan” su sueldo: comida, juguetes, vacunas, estética canina… ¿Y la casa? Bien, gracias, cayéndose por falta de mantenimiento. En realidad, cuando nos mudamos a esta nueva casa, creí que todo iría mejor en cuanto a comodidad, pero con tristeza veo que me equivoqué. Se está convirtiendo en una versión más joven de la casa paterna: las cosas mal calculadas, adecuaciones mal hechas, reparaciones dejadas a medias “para después”, ese después que nunca llega, fugas de agua en...

Fragmentos de mi vida en tres actos

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Me zambullo en el inmenso mar de tranquilidad y paz que solo el sueño suele proporcionarnos. Cierro los ojos y me dejo llevar por la preciosa sensación de flotar en el aire y desde las nubes observar mi vida. Comienzo a ver, o mejor dicho, a soñar. Como en una película, en la primera escena aparece Josefo, aquel hombre del que me enamoré perdidamente cuando yo tenía 19 años y él 38, me doblaba la edad. ¿Qué me atrajo de él, siendo un hombre medio calvo, chaparro, con coronas de oro en los dientes y que debía tener dos empleos para medio vivir? Fue el darme cuenta de que era un excelente padre, como el que yo debí tener, más sin embargo, Dios me envió como padre a un pobre diablo, alcohólico, alérgico al trabajo y un desobligado para con su esposa y sus hijas. Ah! pero un magnífico semental cuando de engendrar hijos fuera de matrimonio se trataba. Me encantaba ver a Josefo en su papel de padre, conviviendo con sus hijos. Envidié la manera en que los trataba: con cariño, nunc...

Fantasmas

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La puppy Nina está muy seria, me mira con sus tiernos y oscuros ojitos, casi creo, llenos de lágrimas. Me siento miserable por haberla regañado. Ese regaño ocasionó que el resto de los puppies de esta casa, que son varios, yazcan en total quietud. Hambre no tienen, ya que acabo de servirles de comer, quieren jugar, y me buscan, pero yo estoy muy entretenida viendo por televisión un documental acerca de fantasmas y cosas sobrenaturales. Fantasmas! Como si no fueran suficientes con los que tengo que lidiar a diario en casa, cada noche que se presentan para interrumpir mi precioso sueño. Durante un buen de tiempo, deposité mi fe en limpias y amuletos para protección contra envidias y contra cualquier otra mala vibración que flotara en el ambiente y que pudiera invadir mi campo magnético y contaminarlo. Consulté con dos o tres personas que se dedican a leer las cartas y a alejar a los malos espíritus. Todos coincidieron en que los fantasmas y las apariciones que hay en casa...

La ciudad bajo la ciudad

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Las paredes del cuarto de Sebastián estaban cubiertas en su totalidad por fotos y posters de autos de carreras y equipos de futbol, pero la cautivante belleza del cuadro que encontró en aquella cúpula en verdad merecía un lugar propio donde ser admirado, así que se deshizo de algunas fotografías y lo colgó en la pared lateral izquierda de su cama, al lado de la puerta. De esta manera sería su primera visión al despertar cada mañana. -Adiós Layo y su tesoro, -sonrió- bueno, al menos nos pagó lo trabajado, un delincuente honesto no se encuentra así como así. –dejó escapar una risita burlona, pero el semblante le cambió al instante al recordar que ya no podría irse de vacaciones a la playa como lo planeó.- Total, ya vendrán otras oportunidades… Estaba realmente agotado, apagó la luz y se quedó dormido de manera inmediata. No alcanzó a darse cuenta que su preciado cuadro cobró vida, las siluetas comenzaron una extraña danza, y el amenazador color naranja se encendió tal cua...

La ciudad bajo la ciudad

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Se imaginaron haciendo grandes esfuerzos para mover esa pesada estructura de piedra, cosa que no fue necesaria, pues a lo contrario de lo que aparentaba ser la estatua, el material en que estaba hecha era muy ligero, les llevó solo segundos moverla de su lugar. Debajo de la base la tierra estaba suelta, Layo la removió con las manos sin dificultad alguna. Al cabo de unos pocos minutos quedó expuesta ante la vista de Layo una pequeña caja de madera en color natural, manchada únicamente por la tierra, le costó algo de esfuerzo sacarla porque era profunda, pero al final lo consiguió. La suerte estaba de su lado: por medio de su instinto lo guió hasta el lugar exacto donde ahora estaba a punto de convertirse en millonario y dejar atrás su vida de privaciones económicas e incomodidades. Basty y Oscar se acercaron para ayudarlo. A pesar de su tamaño, la caja no era pesada. Layo pensó que se debía a que tal vez serían pocos los centenarios guardados. Pocos eran mejor que nada. Le te...

La ciudad bajo la ciudad

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Cruzaron otro buen trecho de viviendas destrozadas, a lo lejos divisaron una construcción que, al parecer, sobrevivió a todas las demás. En el trayecto, a su izquierda, la atención de los tres hombres se fijó en unos escalones amplios en forma de semicírculo, de piedra gris, ya carcomida, y frente a ellos una plataforma circular, también gris y carcomida, completaba la escenografía. Basty, maravillado ente la vista espectacular que tenía enfrente, aunque desolada, exclamó: -Siento como si estuviera en uno de esos teatros griegos de la antigüedad, viendo una de esas tragedias griegas que nos obligan a leer en la secundaria, de ésas que inventó Platón… Oscar le lanzó una mirada de burla y desdén. -Otra vez con Grecia, tengo la impresión que tu eres la reencarnación viviente de algún personaje griego que se quedó a medio estudiar… -Al menos yo, -exclamó Basty muy ufano y lleno de orgullo- cursé hasta la secundaria, en cambio a ti te expulsaron de la mayoría de ...

La ciudad bajo la ciudad

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Ignoraban con exactitud cuanto tiempo llevaban caminando, pero Oscar ya comenzaba a sentirse cansado, se felicitó a si mismo por ocurrírsele la genial idea de llevar consigo sus dos litros de agua, aunque ya solo le quedaba poco más de medio litro. -¿Cuánto más vamos a caminar? Ya me duelen los pies y no veo el momento en que nos acerquemos a sea maldita luz… Lo dijo en voz alta pero Layo pasó por alto el comentario, no porque no lo escuchara, sino porque el entusiasmo le impedía amargarse el momento con la negatividad de Oscar. Siguieron andando durante otro buen lapso de tiempo, Basty a ratos parecía contento y otros malhumorado; Oscar en cambio maldecía aquella situación. La luz al final del camino se fue haciendo más intensa, ya no hubo necesidad de utilizar las linternas, por lo que las apagaron. Con sus manos formaron visera sobre su frente, ya que luego de habituar sus ojos a la oscuridad durante un buen rato, el resplandor de luz los lastimaba; las tres...

La ciudad bajo la ciudad

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Decidieron trabajar los tres en el mismo espacio, no se arriesgarían a que cualquiera de las “amenazas” regresara y los tomara desprevenidos. Con temor avanzaron en su trabajo, al menor indicio de algo raro suspendían la labor y se ponían a la defensiva, luego al verse libres de todo peligro proseguían. Oscar y Basty renegaban en su interior de haberse dejado convencer por Layo de seguir ayudándolo, y a pesar de saber que ante la sociedad eran vistos como gentuza inútil, entre ellos sabían tenderse la mano unos a otros cuando lo necesitaban. La gentuza también tenía su código de honor. Y ese pensamiento amortiguaba en algo su coraje. Esta vez fue Basty quien hizo un hallazgo. -Layo, -con algo de miedo en la voz se dirigió a su compañero- ven a ver esto. Oscar y Layo se acercaron al mismo tiempo. -Esto parece ser una entrada, -frotó la mano contra la pared, lo que provocó el desprendimiento de tierra de una superficie lisa que parecía madera, tomó una pequeña...

La ciudad bajo la ciudad

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Fue cuestión de segundos para que los tres hombres quedaran rodeados por varios corceles voladores cuyos jinetes eran hombres vestidos de una manera extraña y en desuso para la época moderna: un casco, coraza que parecía hecha de latón y que les cubrían el pecho y los hombros, y un tipo de faldón que les llegaba casi hasta las rodillas. Portaban   además un tipo de escudo redondo y algo que parecía ser una lanza. Hablaban en un idioma desconocido para aquellos ingratos albañiles que a duras penas podían hablar y medio escribir su lengua materna. -Parecen soldados romanos de la Grecia –comentó Sebastián, había sorpresa en su rostro y miedo en su voz. -Si serás ignorante Basty, -reprochó Oscar- o son romanos o son griegos. Decídete. -Ay, Oscar. Yo siempre reprobé historia… -No es el momento para discutir sobre cuestiones de historia, -por fin Layo se recuperó y se unió a ellos- tendremos que buscar una manera de salir, nos tienen rodeados y se acercan c...