La soledad nos distorsiona la realidad, provoca confusión y ver cosas que no son. Eso fue lo que pasó con uno de mis vecinos, bueno, no tan vecino, vive a unas doce o trece casas de distancia de donde yo habito. Nunca me dio buena espina el señor, un señor mayor, en los sesenta, sin embargo, forzosamente atravesaba por su casa pues es el camino más directo a casa de J, el viejito hacía comentarios pero nunca respondí a ellos, ni siquiera sé cómo se dio que conversáramos. Pero bueno, el caso es que comencé a responder su saludo y a conversar con él de temas sin importancia. De repente y sin previo aviso, comienza a sobarme la mano, a retenerla en el saludo, a realizar comentarios de tipo sexual que no me agradaban, en fin, esas conductas que no soporto, y no las soporto por la sencillísima razón de que nunca le di pie a que pensara que unas simples conversaciones entre dos personas que apenas se conocen y solo cruzan el saludo de buena vecindad, pudiera ir más allá. E...