La oscuridad de los sueños rotos
Todo es oscuridad Arruga la nariz ante aquel olor acre, picante. Los sentidos le indican que el sueño está por retirarse. Le pesan los párpados y se siente débil. Le está costando abrir los ojos. Le duele el lado izquierdo de la frente y el pómulo, la espalda, y además siente el frío traspasar su ropa. Rueda a su derecha para quedar de costado y lanza un improperio al notar que algo tira con brusquedad de su mano izquierda, lastimándola; además de producir un ruido metálico al chocar contra el suelo. Así que está en el suelo. Pero ¿dónde? El peligro se encuentra cerca de ella, puede sentirlo, olerlo. Abre los ojos y una bombilla amarillenta, con un buen tiempo de mugre adherida, apenas logra desparramar una leve luz en la estancia. Un grito escapa de su garganta al notar la oscuridad y desconocer el lugar. Con dificultad logra sentarse; acerca su mano izquierda y mira que está atada con una gruesa cadena a una argolla metálica clavada en el piso, a unos cuantos metros de di...