Abrazo inocente
Ese aroma cítrico que desprende su piel me fascina.
Es parecido a un perfume que uso yo.
Tal vez por eso, cuando lo tuve cerca, sentí que ese olor me pertenecía un poco. O quizá era al revés y era yo quien, sin darme cuenta, comenzaba a apropiarme de él.
Me fundí en un abrazo con él.
Poco importó que muchos pares de ojos estuvieran sobre nosotros. Entre ellos, los de mi esposo.
Pero no había nada de malo.
Era su cumpleaños.
Después de todo, ¿qué podía tener de extraño un abrazo entre compañeros que simplemente querían felicitarse?
Sonreí.
Él también.
Y durante unos segundos olvidé que alguien podía estar observándonos.
Una de las compañeras había tomado un pequeño video. Más tarde lo publicó en WhatsApp.
Lo vi una vez.
Después otra.
Y otra más.
Ardía en deseos de encontrar el momento exacto. Ese instante que yo recordaba con tanta claridad: cuando me acerqué, cuando lo abracé, cuando su perfume cítrico quedó impregnado en mi memoria. Quería que la gente lo viera, a sabiendas que podría traer problemas tanto a él como a mí…
Pero el video terminaba antes.
No aparecía el momento en que le entregaba mi regalo.
Tampoco aparecía el abrazo.
Me quedé mirando la pantalla.
Quizá simplemente no alcanzó a grabarlo.
Quizá el video había quedado incompleto.
O quizá...
Alguien había decidido editarlo.
No pude evitar pensar que había sido por envidia.
Aunque, mientras volvía a reproducir el video, una pregunta comenzó a crecer dentro de mí:
¿Y si lo habían cortado para ocultar algo?
¿Y si lo habían cortado para que nadie pudiera verlo?
Ni siquiera mi esposo.
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