El Tejedor


Camino cabizbajo sin importar por cuales calles me llevan mis pasos. Me encuentro triste, encolerizado. La amiga con la que yo deseaba entablar una relación me dijo que no está interesada en un hombrecillo mediocre como yo. La caminata me tranquilizó un poco. Vi correr un perro con su amo por un parque, envidié su alegría, sus ganas de vivir. Cuando me di cuenta me encontraba en un mercado de colonia, entre olor de aceite requemado, fruta fresca, sahumerios e incesantes gritos de merolicos que intentan convencer a la gente de adquirir sus productos; más allá, bajo la sombra de un frondoso y apartado árbol, un anciano de piel oscura, tostada por el sol y arrugada por el paso inexorable del tiempo, afanosamente entrelaza hilos de diversos colores en un telar. Sin dejar de observar el gesto de alegría que emana de su rostro me acerqué a él. En estos momentos ya quiero tener la actitud optimista que él tiene, a pesar de mis problemas, sin embargo, me siento lleno de impotencia, frustración y resentimiento hacia la gente, y lo que es peor, hacia la vida.
-¿Qué tanto tejes, tejedor? –le pregunto.
Luciendo en sus labios una enorme sonrisa, me contesta:
-Tejo sueños, tejo historias, tejo cuentos, ¿te gustaría escuchar uno?
-Claro, -contesté, convencido de que el tipo saldría con una tontería cualquiera, pero me ayudaría a olvidar por lo menos durante un rato mi amargura. –lo escucho con gusto.
Cierra los ojos mientras sus manos continúan entrelazando un hilo tras otro, con una habilidad asombrosa. Casi creo que tiene grabados en su memoria casa dibujo que estampa en sus bordados.
-Imagina una casa en el campo, alejada de la ciudad, pleno verano y está amaneciendo, ¿escuchas el canto de los grillos? –respira profundo- Te relaja. El viento fresco trae consigo el olor a hierba, a tierra mojada por el sereno del alba. Adentro, una mujer se levanta y se alista para realizar los quehaceres que ya comienzan. En la cocina del enorme caserón se entrega a la tarea de preparar el desayuno. Con gran habilidad muele el maíz que le servirá para preparar las tortillas para almorzar, sobre el fuego hay una sartén con aceite que fríe carne deshebrada y huevo, lo revuelve hasta lograr la consistencia que desea, el aroma del café recién hecho inunda gran parte de la casa. ¿No se te antoja desayunar ahí?
Mi cerebro seguro envió alguna señal a mi estómago, pues mis intestinos comienzan a reclamar alimento. Justo recuerdo que salí por la mañana de casa habiendo bebido solo un licuado de plátano. La urgencia de resolver el problema con mi amiga, bueno, ahora “antigua” amiga, me obligó a saltarme la comida más importante del día.
-Por supuesto que sí, -comento sin emoción- ¿Quién sería tan tonto como para despreciar tan delicioso menú?   
Lanza una breve carcajada. Sus ojos continúan cerrados y sus manos tejiendo.
-Anoche tuve un sueño, -su tono es de preocupación- el mundo, el mundo es un lugar de paz. Nadie le roba a nadie. Ni un habitante de este planeta tiene siquiera el pensamiento de privar de la vida a otro. ¿No te parece un sueño maravilloso? –antes que pudiera yo darle una respuesta, él se adelanta y prosigue- Y la verdad es que lo es: el hombre aprendiendo a tolerar a sus semejantes, aprendiendo a coexistir con la naturaleza, trata con dignidad y respeto a los animales, ahora es cuando realmente los cuida y los protege. Se preocupa por mantener los bosques bien cubiertos de árboles y vegetación para que no le falte el aire puro y limpio; el agua de los ríos por fin vuelve a ser transparente, y con todas las innovaciones tecnológicas que su ingenioso cerebro está habilitado para desarrollar, la basura ya no representa problema alguno. -Silencio. Deja exhalar un suspiro.- Es un sueño, oremos todos para que pronto se haga realidad.
-¿Pero que ganamos con solo soñar? –el tono de irritación en mi voz es demasiado evidente- La imaginación es una actividad inerte, estéril si no es llevada a una realidad concreta.
Abrió los ojos para lanzarme una mirada llena de reproche.
-Eres demasiado joven para entender algo tan simple. Los grandes proyectos comienzan por ser una idea abstracta, más tarde se plasma sobre papel y luego son puestos en marcha. El resultado obtenido ocasiona que la vida de los demás sea más simple y cómoda.
Guardé silencio unos minutos antes de responder.
-Nunca he analizado las cosas desde este punto de vista.
La sonrisa aparece de nuevo en sus labios.
-Comienza por cambiar tú, tus opiniones y actitudes, y verás que el entorno que te rodea poco a poco se transforma.
De nuevo cierra los ojos y enfoca su atención al telar.
-Soy el viejo tejedor. Tejo historias, tejo sueños. Y tu muchacho, a pesar de las dificultades que te obsequie la vida, nunca, pero nunca dejes de soñar…
Canturrea algo que solo él entiende. Me alejo despacio, dejándolo en su mundo de fantasía.


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