Una digna esposa



La figura erguida y torva de Eusebio estaba frente a ella, con ese gesto altanero tan suyo. La lógica le dijo a Janet que el hombre actuaba con conocimiento de causa, de lo contrario no estaría ahí.

-Si, yo. ¿Quién esperabas que fuera? ¿Mi hijo? Imposible. Va en camino a casa, a reunirse con su esposa.

Notó el tono burlón de Eusebio al recalcar esta última frase. Janet no iba a permitir que nuevamente el veneno le fuera escupido en la cara.

-Es lo correcto. Y usted debería hacer lo mismo, ir al lado de la suya. Éstas ya no son horas de trabajo.

-No resultaron tus planes, es una lástima, -se sentó en una de las sillas y arrojó sobre la mesa un folder.

-Lamento informarle Eusebio –por primera vez lo llamó por su nombre, cosa que él consideraba un insulto- que mis planes no han cambiado, siguen en pie, un poco retrasados pero en pie. Los que se vinieron abajo fueron los de Giovanni.

Eusebio le lanzó una despectiva mirada tan característica de él.

-Sabes que ya no puedes seguir laborando en la empresa, -extendió el folder hacia Janet- revisa el documento, se te entregará una buena cantidad por concepto de indemnización. El cheque lo encontrarás al final.

Leyó a grandes rasgos las cartas, la primera contenía la renuncia a su puesto y a la empresa y en la cual daba por sentado que no reservaría acciones legales contra la misma, la segunda era una carta de buena recomendación y por último una póliza de cheque por valor de $50,000.00.

Janet dudaba de las buenas intenciones de Eusebio, con esa actitud el hombre dejaba en claro que la chica nunca mereció su simpatía y aprovechaba la situación para deshacerse de ella. Debía mostrarse cautelosa. Colocó el folder frente a él.

-Estoy de acuerdo en finiquitar de la forma y por la cantidad que ofrece, pero lo haremos frente a las autoridades del trabajo. Fije usted la fecha y avíseme.

Los labios de Eusebio dibujaron una sonrisita, Janet pensó que sería de sorpresa, sarcasmo o de cinismo. Para el caso vendría dando lo mismo.

-Eres lista, pero no lo suficiente como para que llegaras a convertirte en la esposa de uno de mis hijos. No los eduqué para que cualquier zorra que apenas sabe leer y escribir los enredara.

-Eso quiere decir que es usted un excelente padre, se preocupa por el bienestar de sus hijos; aún así no descarte el factor sorpresa. A la vida le encanta aderezar los mejores momentos con ciertos toques dramáticos.

Eusebio se puso de pie y con los documentos en la mano se dirigió a la salida.

-Te enviaremos un e-mail dándote a conocer la fecha para entregarte tu dinero.

Salió sin decir alguna frase de despedida.

Continuará...


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