Una digna esposa



El regreso de Giovanni lejos de alegarla la desconcertó. El hombre que estaba de vuelta era en lo absoluto un desconocido, con el rostro y cuerpo físico de Giovanni pero su comportamiento era distinto. Trataba a Janet como si apenas la conociera. Una mañana, estando él solo en la oficina, Janet intentó demostrarle su afecto y alegría por medio de un cálido abrazo seguido de tiernos besos, estaba ansiosa por hacerlo, por invitarlo a ir al departamento, pero solo obtuvo un rechazo que la hizo sentir una estúpida, el rubor cubrió su rostro y optó por retirarse. Pensaba que el desaire se debía a que Eusebio podría llegar en cualquier momento sorprendiéndolos, ¿y como explicarle por qué se encontraba uno en brazos del otro? Amaba tanto a Giovanni que lo que menos deseaba era perjudicarlo.

Giovanni actuaba de forma extraña con ella, evadía sus encuentros a solas, las preguntas de Janet quedaban sin respuesta, lo mismo que las invitaciones a conversar en su departamento.

Janet justificaba todas aquellas actitudes. Su cerebro se desgastaba formulando teorías a las cuales no encontraba respuesta, por lo que ya cansada de esa situación tan incómoda decidió tomar al toro por los cuernos. Enfrentar a Giovanni sin importar el resultado obtenido. Era preferible saber que no existía ya unión entre ellos a estar esperando por algo que solo Dios sabe si llegaría.

Eusebio y Giovanni salieron a media mañana a tomar el almuerzo, en el despacho de ambos un celular sonaba con insistencia, Janet absorta en sus deberes y preocupaciones no lo escuchó. Silencio durante unos segundos. Nuevamente el timbre del teléfono suena, esta vez Janet reconoce esa armoniosa melodía.

-El celular de Giovanni, ¿lo olvidó?

Se da prisa en entrar al despacho a contestar. Vio en la pantalla el número de donde provenía la llamada. Le era desconocido.

-H.T.

Al otro lado de la línea nadie contestó.

-H.T. ¿con quien desea hablar?

Por fin obtiene respuesta, una delicada voz de mujer que no le es familiar.

-¿Giovanni? –preguntó la voz.

-Dejó olvidado el celular en la oficina. Él y su papá salieron un momento, ¿puedo ayudarla en algo?

-No. –musitó la mujer en tono cortante.

-Le diré a Giovanni que lo llamó, ¿cuál es su nombre?

-Jazmín.

Janet tomó nota en una papeleta.

-¿De que empresa nos llama Jazmín y cual es su número telefónico?

Una risa burlona por respuesta.

-De nuestra casa. Soy su esposa.

Janet se sostuvo del escritorio para no caer.

De modo que esa era la razón del comportamiento tan indiferente hacia ella; estaba, en sentido figurado, desarmada e indefensa en una guerra que ya tenía perdida, ni siquiera tuvo la oportunidad de utilizar sus tácticas. No estaba preparada para una sorpresa semejante. Escuchaba vociferar a Jazmín como si estuviera hablándole personalmente a kilómetros de distancia, en ese instante reparó en la presencia de Giovanni observándola desde el umbral de la puerta, con seguridad que escuchó algo de la conversación; dirigiéndose a él le extendió el aparato.

-Tiene una llamada –salió cerrando la puerta tras de sí.

De pie frente a su escritorio lo observó durante unos segundos. Tomó una de sus libretas de apuntes y bajó al laboratorio, tuvo la idea de revisar pendientes, necesitaba ocupar su mente. A mitad del camino cambió de parecer. Regresó a su lugar y dejó la libreta del lugar donde la tomó, y sin tocar la puerta para anunciarse, entró en el despacho de Giovanni poniendo seguro por dentro. El hombre ya había terminado su llamada y tecleaba algo en su computador. Al darse cuenta que Janet estaba frente a él le dirigió una mirada de sorpresa.

-Giovanni, tenemos que hablar…

-Janet, no se el momento indicado para…

-Maldita sea Giovanni, -dio un fuerte manotazo sobre el escritorio para interrumpirlo- para ti nunca existe el momento indicado, llevo meses escuchando esa letanía tan tuya…Me debes una explicación y vas a dármela ahora.

Temiendo que Eusebio llegara o que cualquier otro de los empleados escuchara la acalorada discusión, Giovanni ordenó:

-Por favor Janet, vete al departamento y espérame ahí.

-No, de ninguna manera, esto se aclara aquí y ahora.

Giovanni se levantó de su silla, apoyando las manos en el escritorio para inclinarse hacia la mujer, en tono firme repitió la orden:

-Vete al departamento y espérame ahí. Te diré lo que quieres saber.

Continuará...

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