Una digna esposa




Transcurrieron los días, semanas y Janet continuaba sin recibir la tan anhelada noticia de boda.

“Tranquila, haz de cuenta que no sabes nada y en el momento menos esperado te lo hará saber…”.

La inquietud que logró sembrar Genaro se disolvió; pronto tendría la oportunidad para demostrarle lo equivocado que estaba. Ni caso tenía comentar el asunto con Giovanni.

Días después, y sin previo aviso, se llevaron a cabo algunos cambios en la oficina: el ingeniero Eusebio se integraría al equipo de trabajo para apoyar en el área de ventas y en algunas de las labores de gerencia; cosa que no fue del agrado de Janet porque la presencia del ingeniero significaba no tener la libertad acostumbrada para apoyar a Giovanni y por otra parte su relación sentimental corría el peligro de perderse. No tuvo más alternativa que adaptarse a la nueva situación.

El ingeniero Eusebio se instalo en el mismo privado que su hijo, el señor tenía por costumbre trabajar a puerta cerrada, por lo que ahora la asistente debía tocar antes y esperar la indicación correspondiente. Esto fue el inicio de los que Janet tanto temía: un marcado y evidente distanciamiento entre ella y su amado Giovanni, el padre acaparaba la atención de su hijo durante el mayor tiempo posible, si el ingeniero Eusebio programaba una cita fuera de la oficina Giovanni tenía forzosamente que acompañarle.

La joven sentía que su mundo se estaba desmoronando tanto en lo profesional como en lo personal: algunas de las funciones de las que ella se encargaba le fueron “transferidas” a Eusebio y aparte Giovanni estaba física y emocionalmente cada vez más distante de ella.

Por fin una tarde Giovanni acordó con ella que lo esperara en su departamento; sintió como si se le estuviera suministrando oxigeno para respirar.

Se afanó en cocinar una deliciosa pasta acompañada de un suculento corte de carne, cuya sencilla receta ya había saboreado y sido aprobada por el exigente paladar de Giovanni. Una botella de vino ya estaba enfriándose.

Cenaron tranquilamente, en verdad que Janet ya extrañaba el tiempo compartido con Giovanni, las pláticas, los planes, sobre todo su compañía. Hicieron el amor, cosas que ambos necesitaban. Y lo disfrutaron. Fue entonces que Giovanni le dio a Janet la noticia.

-Voy a ausentarme durante algunos días, papá me ha pedido que lo acompañe a Baja California a visitar a unos amigos suyos que acaban de llegar del extranjero. Además piensa ofrecerles los servicios de H.T.

Sin saber por qué, Janet sintió una punzada de miedo y angustia instalarse en ella. También sintió algo de tristeza pues creyó que Giovanni con esa cena estaba preparando el escenario para darle la noticia que ella había esperado durante semanas.

-Giovanni no vayas, quédate conmigo.

El hombre la apretó más contra su cuerpo.

-Lo que más quisiera es quedarme aquí contigo por siempre, pero estoy casi obligado a ir, esos amigos también son mis padrinos de bautizo.

-Se supone que debo alegrarme por ti, más en cambio tengo un presentimiento, es muy pronto para saber si bueno o malo, simplemente es como una astillita que tuviera clavada en la piel. Y causa mucha molestia y dolor.

Los primeros días transcurrieron lentos para Janet a pesar de que delegaron en ella toda la responsabilidad respecto de la empresa. Giovanni le dijo que estaría disponible por vía mail sin embargo solo uno o dos días fue así. Ella tuvo que tomar decisiones cuando lo consideró necesario.

La ausencia de Giovanni se prolongó más de lo planeado, ya era exactamente un mes de su partida y muy poco contacto. Le pareció extraño que Eusebio hiciera su aparición por la oficina tres semanas después del viaje a Baja California.

Janet sentía que su presentimiento se tornaba cada vez más real, llevaba algunos días despertando con un sueño recurrente: veía a Giovanni frente al altar de una iglesia, apuesto, luciendo de blanco smoking, sonriendo tiernamente a una mujer vestida de novia mientras caminaba hacia él; un fino tul le cubría el rostro, pero sabía que no se trataba de ella. Despertaba inquieta, angustiada, intentaba por todos los medios localizar a su amado sin lograrlo, lo que avivaba aún más el fuego de su desesperación. ¿Preguntarle a Eusebio? Ni de broma. Fuera de las cosas de trabajo, “el papá del jefe” era muy reservado en cuanto a convivir con los empleados y muy elitista en referencia con quien hacerlo. Janet siempre tuvo la impresión de no ser de su agrado. Cuando Giovanni los presentó percibió la gélida mirada por parte del altivo hombre recorrer cada detalle de ella despectivamente. Esa mirada la mantuvo a distancia. No le gustaba la manera en que la trataba, le hablaba en tono despótico o simplemente la ignoraba dejándola hablar sola. Janet lo justificaba diciéndose en silencio que se trataba de un hombre ya entrado a cierta edad y era entendible que no tuviera disposición para muchas cosas; además sería su suegro, su padre legalmente y tenía que aprender a tratarlo y a soportarlo como tal. Pero esas razones no impedían que la asistente se inhibiera cada vez que debía tratar con él, buscaba las palabras adecuadas para lograr una efectiva comunicación, hasta que comprendió que para el ingeniero Eusebio ninguna palabra ni actitud serían correctas.

Continuará...

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