Entre el amor y las apariencias


El futuro

La oportunidad de conversar con Cinthya se presentó sola.

Poco a poco el comedor fue quedándose vacío. Intuía que Cinthya quería contarme algo y al mismo tiempo se arrepentía, y tenía que ser algo serio puesto que desde varios días atrás la notaba intranquila, preocupada.

-Quiero contarle lo que me sucede Evelyn, pero no me gustaría que esto fuera causa para que usted cambié su trato hacia mí. Se trata de doña Margarita.

Uf! La temida Margarita. Mis presentimientos raras veces me fallan.

Sonreí, le hablé con el tono más calmado y amigable que me fue posible.

-Mira CC, Margarita es mi amiga desde hace muchos años, así como imagino que también tú cuentas con alguna amiga muy cercana y querida en tu facultad, pero eso no oscurece mi criterio, sé otorgar la razón a quien le asista.

Hizo un gesto de asentimiento.

Escuché la versión de CC, concordaba totalmente con lo dicho por Marga. Robby y CC enamorados, pensando en unir sus vidas. Roberto y Marga en desacuerdo porque CC proviene de una familia sencilla que depende de un sueldo para vivir (aquí se repite de nuevo la historia de Margarita y Benjamín), y porque ya existía un matrimonio arreglado con anterioridad para Robby.

Discretamente observaba a CC. Sus movimientos, sus gestos, ciertas maneras de decir las cosas me recordaban a la Margarita de preparatoria. La idea de que CC pudiera ser la hija de Margarita cada vez se clavaba más profunda en mi cerebro. Claro que podía tratarse de una coincidencia, hay demasiadas mujeres dando en adopción a los hijos no deseados.

Subimos a nuestra oficina, CC olvidó su lata de refresco en mi escritorio.

Exactamente una semana después Marga me invitó a cenar a su casa, conocí a su encantadora familia, Robby y Violeta tenían los rasgos físicos de Roberto, en cuanto a Leonel era la versión masculina de CC.

Aquellas pruebas de ADN practicadas a la lata de refresco de CC y a una colilla de cigarro de Marga confirmaron mis sospechas: CC era su hija, aquella criatura que nació hace 24 años. No cabe duda que los caminos de la vida son insospechados.

Me atreví a tocar ese delicado tema en una ocasión mientras paseábamos por un centro comercial. Escogimos una mesa apartada de los demás para saborear una deliciosa nieve. Marga casi quedó petrificada por la sorpresa al leer el resultado.

-No tenías derecho a hacer esto, yo nunca intenté encontrar a esa criatura y tu no tenías porque entrometerte.

-Lo sé Marga y créeme que no deseaba ocasionarte un malestar pero tampoco podía guardarme lo que sé. Es algo demasiado importante como para ignorarlo.

La conocía bien como para darme cuenta de que en realidad no estaba molesta, más bien era preocupación, estaba desorientada sobre como manejar el asunto entre su familia.

-Y ahora ¿qué se supone que debo hacer? Formé un hogar con un esposo y unos hijos maravillosos, no puedo presentarme de pronto ante ellos y decirles que de soltera tuve una hija a la cual di en adopción. Sencillamente no puedo.

Dejé que transcurrieran unos segundos antes de contestarle.

-No tienes que hacerlo, -me dirigió una mirada interrogante- permite que la relación con Robby continúe, entre ellos no existe ningún lazo sanguíneo; si llegaran a casarse podrías llamarla “hija” con plena libertad y sin que te cuestionaran el motivo. De esta manera queda a salvo tu secreto.

Sonrió, quizá la idea no le pareciera tan descabellada. Tal vez se arrepintió de separarse de su bebé. Tal vez muy dentro de ella imaginó muchas veces el encuentro con su pequeña. Tal vez decidiera contárselo algún día a CC…

-No puedo tomar decisiones ahora, necesito tiempo.

-Estoy segura que harás lo correcto. Siempre lo has hecho, y bien.

Permanecimos sentadas, en silencio, observando el ir y venir de la gente, escuchando el bullicio a nuestro alrededor…

Continuará...

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