Entendiendo los Proverbios




Nerviosa, con dedos temblorosos, Laura Alicia frota una cerilla contra la lija una, dos, tres veces hasta que aquella enciende. Sin dejar de temblar la acerca a la varita de incienso y ésta comienza a arder, despidiendo un humillo con olor a jazmín. La mujer lo aspira profundamente y después de unos segundos parece tranquilizarse; no es para menos, el susto que ha pasado horas antes la ha dejado al borde de la histeria y la paranoia. Mantiene los ojos cerrados, no quiere llorar y se acuerda de Josefina, su mejor amiga.
-Yossi, Yossi, pareces adivina ¿cómo supiste que el tipo que nos invitó un trago en el bar resultó ser un criminal? Lo bueno es que tú no aceptaste su invitación, de lo contrario ya seríamos dos las víctimas.

Todavía temblando se dirigió al baño, una ducha tibia le ayudaría a tranquilizarse y a conciliar el sueño. Comenzó a despojarse de cada una de sus prendas, las miraba con recelo, como si ellas fueran la causa de su desventura. Y de cierta manera así fue. La blusa que escogió para lucir esa noche era color negro, ceñida al cuerpo y con un escote en V que dejaba al descubierto la mayor parte de sus atributos pectorales, los cuales mostraban un tatuaje de dos corazones, uno sobrepuesto al otro y unidos por una flecha. La combinó con una minifalda de mezclilla en color azul y unas largas botas de piel en color negro y alto tacón. Era la vestimenta propia de una mujer que sale a la calle con la idea de cazar un amante ocasional. Dejó escapar una risilla nerviosa, recordó que esas eran las palabras exactas que utilizaba Josefina cuando la propia Laura Alicia le insistía a que se arreglara de manera provocativa cada vez que acordaban salir de paseo, o ir al bar a tomarse unas copas. Josefina se tomaba esas salidas como un relax después de una ardua semana de trabajo, para ella eran solo una sana diversión. Pero para Laura Alicia significaba algo más complicado: ganarse un “dinerito extra” por ofrecer sus servicios de “acompañante por horas” y aprovechar para cenar una suculenta comida acompañada por exóticas y caras bebidas.

Esa noche de viernes acudieron las dos amigas al bar “Quijote” para conversar y cenar, ya casi habían terminado de comer cuando en la mesa de al lado se sentaron dos comensales, Josefina les dirigió una discreta y rápida mirada. Uno de ellos era alto, corpulento, de ojos grandes y oscuros, mirada dura, mejillas rechonchas y bigote tupido, vestía jeans de mezclilla adornados con un cinturón de enorme hebilla redonda y camisa vaquera a cuadros en colores rojo y blanco, botas en color miel. El otro tipo era más bajito e iba vestido de manera casual, camisa blanca y pantalón negro, la clásica vestidura de los oficinistas. Josefina no sabía exactamente por qué pero le parecieron sospechosos.
Las mujeres terminaron de cenar y luego de un rato de continuar conversando y riendo, decidieron que ya era hora de retirarse, pagaron la cuenta y ya que estaban en la calle uno de los camareros les pasó el recado de que los señores de la mesa “x” tenían la gentileza de invitarles un trago; Josefina en su interior pedía que Laura Alicia dijera que no, así como pensaba hacerlo ella, pero para su sorpresa, la mujer tomó a su amiga por el brazo con la intención de entrar de nuevo en el bar, pero Josefina no dio un paso más.
-Lo siento Laura, quédate tu si quieres, yo me voy.
-No, vamos a quedarnos un rato más, ¿qué te cuesta? Los tragos van por cuenta de quien invita.
-Laura, estoy que me caigo de sueño, además esos hombres no me dan buena espina…
-Pero ¿por qué? –pregunta Laura Alicia en ese tono inocente que tanto molesta a Josefina- Son personas normales y además parece que les gustamos –terminó de decir con picardía.
Josefina dudaba, además al día siguiente debía levantarse temprano para acudir a realizar algunas compras.
-No Laura, no puedo acompañarte.
En el rostro de Laura Alicia podía leerse perfectamente que estaba contrariada por el comportamiento de su amiga, “Josefina siempre de aguafiestas, todavía a sus 38 años llegando temprano a casa…”
-¿No puedes o no quieres? –preguntó.
-Ni puedo ni quiero –fue la directa respuesta de Josefina, quien al ver que se acercaba un taxi le hizo la seña para detenerlo- Estamos hablando, cuídate –subió al auto y cerró la puerta, dejando a Laura Alicia parada en la banqueta, sola, mirando hasta que el vehículo se perdió en la oscuridad.
-Ay, vaya con las amiguitas que me cargo, eso me gano por salir con mojigatas.
Miró la puerta del bar y el gesto de molestia desapareció enseguida de su rostro.
La conversación con sus nuevos “amigos” fue respecto a cosas sin importancia. Laura Alicia, sacando el mayor provecho de su escote, comenzó a bailar moviendo sugestivamente sus tetas, el vaquero la miraba embelesado, su boca se curvó en una sonrisa libidinosa. Apenas iban a pedir la segunda ronda de cervezas cuando al tipo bajito le llamaron por teléfono, lanzó una mirada de complicidad a su compañero y éste solo asintió con la cabeza. El tipo bajito se fue.
La cuarta cerveza comenzó a surtir efectos en Laura Alicia, además de bailar, la mujer hablaba, gesticulaba sin control, y su risa escandalosa sobresalía de entre el resto de los asistentes. Dándose cuenta el vaquero que estaban siendo el centro de atención, optó por pedir la cuenta y retirarse.
Laura Alicia estaba ebria pero podía sostenerse en pie, a pesar de eso, el vaquero se ofreció a llevarla hasta su casa, cosa que Laura Alicia aceptó encantada.


Continuará...

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