Te crei mas inteligente




No cabe duda que Laura Alicia, mi amiga, tiene un ángel grandísimo que la protege, es la única manera que se me ocurre para justificar que aún siendo en exceso confiada logre sobrevivir en este mundo cada día más salvaje y violento.

Es amiga mía desde la infancia, siempre ha sido así de ingenua o no sé ni quiero imaginar que se haga la tonta, pero platica hasta el más mínimo detalle de todo lo que sucede en su familia.
-Laura, no debes confiarle a todo el que recién conoces todo lo que acontece dentro de tu casa y tu familia, los delitos están a la orden del día, ya la gente no siente el menor respeto ni consideración hacia los demás. –le dije en tono preocupado al verla conversando con un grupito de jóvenes de mala finta.
-¿Pero por qué? –me miró con una cara de niña boba- si te refieres a esos muchachos, no parecen malas personas.
Continuamos caminando por entre los puestos y tenderetes de ese mercado, en algunos se exhibían ropa nueva y de segunda mano, cosméticos, artículos para el hogar, la limpieza, y sobre todo abundaban los puestos de comida. Sentí de repente mi estómago revuelto por el olor a aceite rancio y carne grasienta; aun y eso mis intestinos enviaron la señal de que era hora de ingerir algo para entretenerse. Apenas si podíamos dar paso entre tanta gente que había, eran días previos al 24 de diciembre.
-Tuve otra discusión con Isabel, -su hija de veinte años- me enfadé porque me pide dinero para irse a buscar trabajo y luego resulta que prefiere esperar hasta enero, que ya terminen las fiestas. La verdad esa actitud suya tan despreocupada me irrita, ya no sé como enfrentar esa situación.
-Pero no te pongas así, piensa que su actitud es el resultado del ejemplo que ha visto en su casa…
-¿Me estás diciendo que le ha dado mal ejemplo?
-Laura, yo no dije si era bueno o malo, cada quien le damos la interpretación que mejor nos parece o nos convenga, solo te lo comento para que no seas tan dura al juzgar a tu hija…
-En cas hay buenos ejemplos de estudio y trabajo, -lo dijo con orgullo- tu has visto a Silvana, que estudió administración de empresas y aparte emprendió un negocio de fotografía y maquillaje profesional, y que decir de mi hermano Rubén, que aparte de ejercer su carrera de contador público está metido de lleno en la política. Ejemplos buenos en casa hay para que Isabel los tome.
-Lo sé, pero para un hijo el mejor ejemplo es el de sus padres; los tíos no tienen tanto peso.
Dejó a un lado la ropa que estaba viendo y me regaló una mirada que si pudiera convertirse en puñal no dudaría en clavármelo.
-Isabel ya entendió los motivos por los que la dejé sola siendo tan pequeña, sabe que debía trabajar para sacarla adelante, ya lo hemos platicado varias veces, -su voz sonaba molesta- y también sabe que cuando me fui de la ciudad es porque me enamoré de Pedro, sabe que vivimos varios años juntos, que la relación no funcionó y regresé a casa para hacerme cargo de ella.
La capacidad de Laura Alicia para ver el fondo de las cosas era mínima. Ella misma cuando tenía la edad de Isabel tampoco le agradaba buscar un trabajo, escondía en su bolso los avisos de ocasión y las solicitudes de empleo, por lo que más de una vez y en más de una empresa le fueron rechazadas por entregarlas dobladas y manchadas de rímel o labial. Fue madre soltera a los dieciocho. Abandonó a sus padres y a su hija de dos años para irse a buscar futuro como bailarina exótica. Quería trabajar unas cuantas horas y obtener un sueldo que pareciera que se desgastó físicamente y mentalmente durante días y noches. Iba y venía de una relación a otra y hacía que Isabel conviviera con ellos como si fueran una familia, solo para que al final no se concretara el tan anhelado compromiso matrimonial con ninguno de sus prospectos. Pero recordarle eso a Laura Alicia era como lapidarla.
Ella continuó examinando los trapos que estaban sobre aquella mesa, tomó algunos y los puso sobre su hombro; señal de que los compraría. Yo preferí guardar silencio, era obvio que mis comentarios no eran agradables a los oídos de Laura Alicia. Mientras se le hiciera sentir que ella era víctima de las circunstancias todo iba de maravilla, pero si intentaba hacerle ver la realidad y ponerle los pies en la tierra comenzaba a irritarse y a decir que los demás con que derecho la juzgamos, si todos cometemos errores, etc, etc, etc.
-¿Y tu cuando te compras tu casa? –sentí la pregunta como una burla.
-No lo sé, mi crédito de trabajador está congelado porque tengo seis años de no aportar cuota a la seguridad social, pero confío que me va a ir bien en esta nueva etapa profesional y me haré de ella.
-¿En tu situación también se puede decir que existe el “hubiera”?
Después de reflexionar un instante respondí:
-La verdad, nunca me he detenido a pensarlo. Estoy contenta con todo lo que he hecho y con lo que tengo, que obtener una vivienda, coche, membrecía o lo que sea no me quita el sueño.
Arrojó la garra que traía en las manos sobre el montón.
-Para todo tienes una rápida y convincente respuesta, ¿no? –el comentario iba cargado de coraje y sarcasmo.
-No se trata de eso Laura Alicia, lo que sucede es que las personas inteligentes se ocupan en conseguir lo que se proponen, sin darle vuelta una y otra vez a lo que no se consiguió e intentar descubrir el por qué. Es cansado vivir en la ilusión de los que se pudo tener.
En los movimientos de Laura Alicia pude ver que su enfado iba en aumento, ya no dijo nada y la seguí a pagar los trapos que escogió. Buscó infructuosamente en su bolso la cartera, dándose cuenta de que fue víctima de un robo.
-Ay! Espérese tantito señora, -revolvía una y otra vez sus cosas dentro del bolso, y en el límite de la desesperación terminó vaciándolo sobre el montón de garras viejas ante la mirada despectiva de la cobradora de ropa que impaciente esperaba su pago para poder cobrar a los siguientes compradores- Me robaron, no está mi cartera.
La gente que estaba alrededor se detenía a observarnos, cuchicheaban algo en voz baja y luego se retiraban.
Una pareja de adolescentes varones, ambos con coleta y uno de ellos con un piercing en el labio inferior preguntaron:
-¿Qué traía en el monedero señito?
Le hice señas para que no les dijera nada, pero no sé si me ignoro de plano o en verdad no me vio.
-Traía como tres mil pesos y 100 dólares, aparte mi tarjeta de crédito, identificaciones… Ay no! Ya perdí todo.
El adolescente del piercing muy despistado se alejó de su compañero, llevando entre las manos algo envuelto en una bolsa plástica en color negro. Segundos después ambos desaparecieron.
Traté de hacerle ver que no debe decir que carga en su bolso, ya que no se puede confiar en la gente, a lo que respondió con brusquedad:
-Deja ya de decirme que es lo que tengo o no tengo que hacer, si tu hubieras sido a quien robaron y yo te critico ¿cómo te sentirías? ¿te gustaría que lo hiciera?
-En ningún momento te estoy criticando, soy tu amiga y me preocupo por ti, y en verdad te creí más inteligente para distinguir entre una crítica y un consejo, creí que podrías tomar el aprendizaje de cualquier situación por más devastadora que ésta sea. Pero tristemente me equivoqué.

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