Para matar el ocio…



Lucrecia me comentaba que tiene varios días sintiéndose triste y deprimida; le echa culpa a la menopausia; la verdad es que yo creo que tanta soledad no le sienta bien.


Su mundo lo forman solo su hijo y su trabajo. Hace doce años pasó por la amarga experiencia de un divorcio, se casó muy enamorada, pero apenas a los dos años de matrimonio, recién nacido su bebé, se enteró que su marido se entretuvo todo ese tiempo formando una nueva familia.


Se derrumbó por completo, se olvidó de ser mujer para ser únicamente madre en un 200%. A sus 50 años es todavía muy guapa, atrae las miradas masculinas a donde quiera que vaya, pero aún así se ha negado a darse una segunda oportunidad.


Traté de hacerle ver que una actividad extra le hará mucho bien, sacará todo el estrés y convertirá en energía positiva todos los sentimientos malignos que duermen todavía en su corazón. Me escuchó callada, sé que pensaba que estoy dándole consejos que no me ha pedido.


Yo estoy interesada en inscribirme en un curso de dibujo, nunca antes me interesó desarrollar esta habilidad pero ahora es diferente: escribo, y quiero adornar mis historias con ideas brotadas de mi imaginación. Sé que será un divertido pasatiempo, evitaré pensar en daños pasados, aunque no será fácil en un principio deslizar mis trazos sobre el papel, pero con lo perseverante que soy y el entusiasmo que tengo por descubrir y experimentar cosas nuevas voy a lograr mi propósito. Y existe otra razón para intentarlo: relacionarme con gente nueva, ampliar mi círculo de amistades.


En fin, para no estar de ociosa.

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