Espejo







Viendo sin ver. Oyendo sin oír. Así me encontré durante algún rato, no sé exactamente cuanto, pudieron ser minutos o incluso horas. No podía apartar de mi pensamiento la carita triste y llorosa de Lucy, mi compañera de oficina. Llegó con la novedad de que su novio dio por terminado su compromiso.



-Pero, ¿que fue lo que pasó Lucy? ¿Pelearon? –pregunté.



-No sé lo que pasó. Todavía anteayer fue por mi a la escuela y me llevó a casa, platicamos, se comportó como de costumbre.



-¿Y entonces?



Hubo un breve silencio, se secó la humedad de los ojos antes de que brotara y se resbalara por las mejillas.



-Ayer luego de clases fuimos a cenar. Cuando me dejó en casa al despedirse fue más cariñoso que de costumbre, me abrazó tan fuerte que por un momento creí que me fusionaría en él. Me dijo que me quería mucho. Fue cuando lo noté extraño: como si la voz se le estuviera quebrando por el llanto. Le pregunté que sucedía y me contestó que nuestra relación debía terminar, que conoció a otra persona y le gusta mucho, y por lo mismo no quiere jugar con ninguna de las dos. Lo atiborré de preguntas como quien es ella, de donde y cuando la conoció, si ya ha salido con ella, pero es obvio que no me dio ninguna respuesta. Por mi parte le dije que estaba de acuerdo con su decisión, pero si su nuevo romance no funcionaba ni pensara en buscarme de nuevo, ya no hay regreso. Le exigí borrara de su agenda mi número telefónico, Messenger, e-mail, que se olvidara por completo de mi y de mi familia.




Pobre chica. Imagino por lo que está pasando porque hace tiempo yo atravesé por una situación similar: mi amigo, mi socio, el hombre a quien yo quería por compañero y que nos conocíamos desde meses atrás, de un día para otro trató de hacerme invisible para él. ¿La razón? Se deslumbró por una mujercita de apenas 19 años a quien le agradaba lucirse medio desnuda.




Salón 205A Inicio de nuevo curso.



Contaba los días para estar de regreso en las aulas universitarias. De nuevo Sergio y yo juntos, las vacaciones habían sido largas, al menos para mi, que no hubo día que Sergio abandonara mi pensamiento. Llegó. Saluda a todos tan alegre como siempre. Advierto que hay gente nueva en el salón. Entre ellos una joven con un modo de vestir muy desinhibido. Sergio se acerca a ella y se presenta. Tuve una sensación extraña. Celos. Puede ser. Transcurren los días, Sergio y yo continuamos con la misma camaradería de siempre. Su trabajo como guardia de seguridad nocturno le quita la mayor parte de las horas de la madrugada, regresa a su casa cuando la mayor parte de la gente apenas va hacia sus trabajos. Duerme durante la mañana y parte de la tarde. El pobrecillo Sergio no tiene tiempo para hacer las tareas escolares, así que yo, como su futura socia en el despacho jurídico que ambos iniciaremos al terminar la carrera, me encargo de realizar las tareas por los dos. Pero esa tarde es diferente. Estamos a pocos días para que de inicio la temporada de exámenes.



-Sergio, mira, de aquí vamos a sacar las preguntas que nos servirán como guía para el examen.



Con un gesto de fastidio, se estira en su asiento.



-Encárgate tú, ya sabes que no soy bueno en esto. Mientras voy a estirar las piernas. –se levanta antes de que yo pudiera protestar.


No malicié en ese momento, debía enfocarme a tener las preguntas para el próximo examen, pero cuando terminé y salí a buscarlo, me llevé una sorpresa: él y la dama de 19 años estaban muy entretenidos conversando. No pasa nada. Pensé. Pero vaya que sí pasó…







Sergio comenzó a distanciarse de mi, en los descansos entre clase y clase noté que él evitaba mi presencia, ya no conversábamos como antes mucho menos salíamos a cenar. Ahora tenía una nueva amiga en quien centrar su atención. Esa noche yo salí a tomar un refresco, sola, pues mi amigo se había perdido entre los compañeros al terminar la clase. Lo vi pasar con su nueva amiga, me encendí de ira y ¿celos? Me fui con ellos, claro que ambos me ignoraron, lo más decente que hice fue decirle a mi compañero que lo esperaba en el salón. No sin antes propinarle un buen pellizco. Me acompañó a la parada del autobús, primero me disculpé con él por pellizcarlo, enseguida comencé a hablarle de esa chica, me pidió que no me entrometiera, que esa muchacha es dueña de un carácter muy agradable y que planeaba salir con ella siempre que el tiempo se lo permitiera. Vino entonces a mi memoria todas las veces que lo invité a ir de visita al museo, a tomar un café al salir de clase, de paseo un fin de semana, invitaciones que no aceptó con el pretexto de que tenía mucho trabajo. Le hablé entonces de mis sentimientos por él. Espero no haberme equivocado al hacerlo. Al día siguiente me acerqué a saludarlo como de costumbre. Sentí su respuesta forzada. En el descanso le pedí me acompañara a sacar unas copias, lo hizo. Hablaba incoherencias que en ese momento no entendí. Me vi yo en el exacto momento de cuando mi ahora ex amigo me dijo:



-A partir de hoy haz de cuenta que no me conoces. Si necesitas algo, un libro, los apuntes, pídemelo fuera de clase, y por favor procura que nadie nos vea. Una angustia terrible se estacionó en mi estómago: la sola idea de tenerlo cerca, verlo y no hablarle me causaba un gran dolor. Ya dentro de clase, se separó de mi lado y fue a sentarse al lado de la dama. Yo me hice la despistada, claro que al final me las ingenié para pedirle que me acompañara a la parada de mi camión.



-Mañana te acompaño y hablamos, hoy invité a Lisset a cenar.



Aquello fue la gota que rompió el cántaro.



-Pero es necesario que hable contigo, hace un rato quedamos en que…



-Dije que mañana, hoy no puedo. Con la sangre encendida fui a buscar a Lisset.



-Lisset, dice Sergio que van a ir a cenar. -Si, a ver a donde se le ocurre a Sergio llevarme. -Y no me invitan? –pregunté con tono sarcástico. -Claro, vamos. Que lejos estaba la inocente de lo que iba a preguntarle acerca de Sergio. Pero no tuve que padecer mucho tiempo. Esa misma tarde aclaré las cosas con él y con su piedra preciosa; claro que ella se ofendió por mis preguntas y se hizo la víctima de mis celos sin motivo.



-Lisset, voy a preguntarte una cosa: ¿Cuál es tu interés en Sergio? Silencio.



-Ah, ya veo por donde va el asunto, vengan los dos, -Sergio tenía el semblante pálido y yo temblaba, no sé si por nervios, miedo o impotencia.- Miren, -sacó de su bolso una fotografía donde aparecía ella abrazada con otro muchacho- este es mi novio, tengo tres años de relación con él y no pienso dejarlo por nadie. Tendré mis amiguitos con derechos, pero a él no lo cambio por ningún otro. Sergio, adiós, nunca volveré a hablar contigo.



La miré salir casi corriendo entre la gente. Sergio empacaba sus cosas, sin mirarme de dijo:



-No vuelvas a dirigirme la palabra, hasta aquí llegó nuestra amistad.



-Sergio, reacciona, a esta muchachita la conociste apenas la semana pasada, tu y yo hemos sido amigos desde hace ya varios meses, no tires a la basura todo el tiempo y esfuerzo que hemos invertido en esta amistad.



Pero Sergio ya no me escuchaba.



-A partir de hoy no vuelvas a hablarme, evítame la pena de ignorarte frente a los demás. Ah, y tampoco me esperes para acompañarte. Y si continúas molestándome voy a reportarte a Coordinación.



Lo tomé por el brazo, bruscamente me apartó de él.



-Sergio, yo te quiero, y tenemos planes para cuando terminemos la carrera, no lo arrojes todo por la borda.



-Yo no puedo estar contigo, quieres controlar mi vida, y yo no voy a cambiar mi forma de ser por ti. Y ahora déjame ir, de lo contrario soy capaz de ponerte la mano encima. Apártate de mi camino.




Lo vi marcharse. Se perdió entre la gente. Continué parada en la acera durante algunos minutos. Necesitaba tomar líquido, mi lengua estaba seca.







Mientras me acostumbraba a esa nueva situación, las semanas, mis semanas, eran melancólicamente largas. La plaza donde todas las noches nos sentábamos a conversar ahora daba la impresión de ser demasiado grande y solitaria, las calles más largas y silenciosas. Pero me acostumbre a la soledad al transcurrir de los meses. Por eso entiendo a Lucy. Y creo que ella, al igual que yo en esos momentos de oscura desesperación, tiene la fortaleza para continuar adelante con su vida y poner todos los recuerdos de esa persona (que ha dejado de merecer nuestra valiosísima atención) en la basura. Lugar en donde lo que no sirve debe de estar.

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