Un niño especial






El insistente sonido del despertador la obligó a abrir los ojos. Las 5:00 de la madrugada, hora de levantarse aunque todavía quedaban en su cuerpo rastros de cansancio.





La ducha fría la volvió a la realidad. Se arregló con esmero, su vestimenta de ese día era una falda recta en color rojo combinada con una camiseta en color blanco, impecablemente limpias y planchadas, el cabello recogido en una sencilla coleta, unas pequeñas perlas adornaban sus orejas.





Entró a la cocina, desde la noche anterior dejó listos los alimentos que les cocinaría a los niños para almorzar antes de llevarlos a la escuela. Se entregó a la tarea de freír el tocino y los huevos mientras el microondas le avisaba con la alarma que ya estaba la leche caliente. Sirvió ésta en sendos vasos, enseguida puso en sus respectivos platos los huevos con tocino. Vió el reloj: 6:30 a.m.



Se dirigió a la recámara de los niños.



-Luis, Dany, hora de levantarse.



Todavía con sueño los niños obedecen, Luis se viste solo mientras ella ayuda a Dany, por ser el más pequeño, a vestirse y peinarse.



Luis tendrá algunos seis años y Dany no pasará de cuatro.





En el desayuno Luis accidentalmente derrama la leche, afortunadamente mamá reacciona a tiempo y evita que el niño se manche la ropa. Terminado el desayuno los envía a lavarse los dientes, se percata que el suéter de Luis tiene una mancha de chocolate, hace un gesto de desagrado y sin perder tiempo busca un paño, lo humedece con detergente para luego frotar con él la mancha en la prenda.



Al parecer ya no existe rastro de la mancha, de prisa conecta la secadora de cabello y con aire caliente seca el suéter.





Los niños terminan de asearse, ahora es el turno de ella, rápidamente se asea los dientes, entra al sanitario a realizar sus necesidades fisiológicas pues el camino es largo y tendrá que aguantarse si siente ganas, se lava las manos, se dibuja la boca con un lápiz labial. Ahora sí, ya todo está listo para irse.





Luis toma su mochilita y se la acomoda en la espalda, mientras mamá se echa al hombro la de Dany y toma al pequeño de la mano.



Abordan el camión de las 8:00 de la mañana. No hay asientos vacíos, por lo que permanecen de pie durante todo el trayecto. Su rostro se mantiene sereno. Luis no para de hablar y reír. La madre lo mira y sonríe.





Algo en ese niño atrae mi atención. Ya. Es un niño especial. Síndrome Dawn.





Es admirable la paciencia y tranquilidad que tiene la madre ante aquella situación. Quizá yo no sabría como afrontarla, la desesperación y angustia se adueñarían de mi al grado de querer internar a ese inocente ser en una institución especial.





Hemos llegado al final del recorrido. Todos los pasajeros se levantan de sus asientos para descender del autobús. Me encuentro con la tierna mirada de Luis, me sonríe y con su lenguaje intenta decirme algo que parece un “adiós”. Levanta su manita derecha y hace el gesto de la despedida.


"Dios te bendiga y te cuide", pienso en silencio.









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