Debe existir un mejor mañana


Se posó una mano sobre el estómago. Tenía hambre. Sus intestinos empezaban a reclamar su comida. Sacó de la pequeña bolsa que llevaba atada a su cintura unas monedas. Veinticinco pesos. Podría comprarse una torta. No. Costaba veinte y solo le quedarían cinco pesos disponibles. Se aguantaría el hambre un rato más. Ese día la venta de muñecos de trapo no iba bien. El clima no ayudaba. Llovía. Hacía frío. Con tristeza y coraje, más con esto último, veía a la gente pasar cargando varios paquetes consigo. No era un día especial. Simplemente la gente salía a realizar sus compras habituales, a gastar el dinero que tenían y que podían gastarse. Mientras ella pensaba para comerse una torta. Para gente como ella, que viven al día de vender muñecos, plumas o lo que pudiesen conseguir con el escaso capital que reunieran, era un acontecimiento especial cuando llegaban a comprarse un par de zapatos. Y los compraban cuando tenían ya la imperiosa necesidad de ello.
Caminó sin rumbo fijo, mirando los aparadores, se imaginó ella dentro de aquellos vestidos elegantes, imaginó el olor a tela nueva, casi podía sentir la suavidad de la seda en su piel. Los zapatos le parecían sacados de aquellos cuentos de hadas que tanto le gustaba leer, creía que tenían incrustados brillantes de verdad. Un golpe seco la hizo volver a su realidad. Volteó y vio que dos autos chocaron. La gente comenzaba a reunirse alrededor de los vehículos. Ella dio la media vuelta y se fue. Debía regresar a casa, donde la esperaban con la venta del día. Odiaba regresar a esa casa pequeña y oscura, para ella era una cueva comparada con las casas iluminadas y con amplios jardines por las que transitaba todos los días. Vivía preguntándose como fuera su vida si sus padres hubiesen sido personas responsables, no ese par de explotadores, un padre alcohólico, desobligado de su casa, y su madre una mujer resentida con la vida, que se pasaba el tiempo cobrándole todo lo que habían “invertido” en ella.
-Inversión….. Ni que yo fuera una alcancía. Bah.
Lo primero que escuchaba al llegar era la voz malhumorada de su madre, a quien lo único que le importaba era saber con cuanto dinero contaba para ese día.
-¿Nomás trajistes esto? No nos alcanza para nada. Nomás has de estar sentada, pelando los ojos a la gente. Necesito que vendas más. A ver como te las ingenias……
Ella sonrió. No existiría ese “mañana”. Había escuchado hablar de una casa subsidiada por el gobierno donde ayudaban a niñas de la calle como ella. Ya la tenía ubicada y su ingreso estaba listo. Mañana saldría a trabajar como todos los días……
-Debe existir un mejor mañana fuera de toda esta mugre…. y yo voy a buscar el mío….. lo siento por mis hermanas, espero que ellas hagan lo mismo que yo. Rezaré mucho porque así sea.

Comentarios

Mariana Alvez Guerra ha dicho que…
Historia conmovedora y muchas veces real.

En esta oportunidad también te escribo por un pedido de VOTACION, Siete Sirenas vas a querer pecar está en un blog uruguayo y está sometido a votación. Si consigo muchos votos van a publicar mi obra. Así que por favor, si puedes darme tu voto te estaría eternamente agradecida, UN ABRAZO http://www.vinten-uy.com/revista/

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