Agua de borraja








2018

Invisible

9:50 a.m.

Sobre su cabeza hay un estante que contiene libros encuadernados, lo cual obliga a agacharse un poco. Listo. Se desliza en silencio por el angosto espacio. No puede evitar volver la mirada atrás, ¡Dios, ¿a quién se le ocurriría instalar una mini biblioteca en plena cocina?! La pregunta está de más, pues conoce la respuesta. Se recuerda que hay que aprovechar cada minuto, por lo que, olvidándose de la biblioteca, se abre paso entre el camino formado en un lado por la encimera que contiene el fregadero de trastes y la estufa de cristal negro; y frente a éste, el estante donde se guardan las especias y comestibles y la vitrina de cristal que resguarda las vajillas. Una pared de aluminio negro y cristal transparente indica el inicio de una estancia que es a la vez sala a la izquierda y comedor a la derecha. La misma sensación de opresión invade sus sentidos: las paredes de color amarillo pálido, que bajo la luz amarillenta de las luces dan una imagen mortecina, la decoración muy cargada para su gusto: demasiadas plantas, macetas con flores, lámparas empotradas en el techo y de pedestal. Los ventanales cubiertos con cortinas confeccionadas en telas gruesas que niegan el paso de la luz. Aire denso y viciado con fuerte aroma a canela que irrita su nariz. Alguna varilla de incienso, lo más seguro. Se estremece. Le da la impresión de estar en invierno dentro de esa casa. Avanza entre mesillas de centro, adornos y pinturas que le observan en silencio. A su paso, va apagando cada luz que encuentra encendida. Al fondo del breve pasillo se halla la habitación que está buscando. Le lleva menos de tres minutos realizar su objetivo.

De regreso camina con paso rápido, se arriesga a que alguien llegue en cualquier momento. En la encimera hay algunas frutas, toma una bolsa plástica y se lleva lo que le apetece. Quizá también haya algo de pastel en la nevera. ¡Bingo! Tiene a la vista los utensilios de cocina, rápido toma lo que necesita y corta un trozo más que generoso de tarta de queso y chocolate. ¡Vaya que si lo disfrutará! 

Con su preciosa carga, recorre de vuelta el oscuro camino por donde llegó.

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-Dejé la cocina limpia al irme… ¿Habrá llegado la señora mientras estuve fuera?

La asistente doméstica de los Antúnez llega de hacer las compras pendientes; entra por la puerta de la cocina y lo primero en que repara es en el cuchillo manchado de chocolate que está sobre la encimera. Deja las bolsas de comestibles en el suelo, recorre con la mirada y nota que ha desaparecido una cantidad de fruta. El desasosiego poco a poco se apodera de ella. Lanza un respingo al ver que la penumbra cubre todo alrededor, eso no está bien. Sabe que la señora mantiene la luz encendida durante el día. Recorre la casa esperando encontrarse con alguno de sus patrones; al cerciorarse de que está sola, un escalofrío repta por su espalda.

-No hay alguien, pero se han llevado fruta y pastel, y además han dejado a oscuras la casa…

Revisa presurosa las cerraduras de las puertas, tienen la llave echada, como ella las dejó al marcharse esa mañana.

-Todo tiene llave… ¿de qué se trata esto?   

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Sociedad

Sandra

-Soy la orgullosa dueña del paquete completo: profesión, una empresa que genera buenos dividendos, un hombre para compartir mis sueños, -duda sobre decir lo siguiente- ¿el amor? El amor llegará después, con la firma de contratos, con los depósitos a las cuentas bancarias… –una carcajada como cuchillo afilado hiere el silencio.

Recuerda con tristeza la delicia que es vivir sola, tener un espacio propio para sentirse una en libertad. Contemplar la soleada tarde pasar apacible. Cuanto deseó disfrutar en soledad aquellas tardes llenas de tranquilidad. Con el fruto de su trabajo, en el que a veces ha recurrido a costumbres no tan limpias, logra hacerse de un patrimonio para no quedar desprotegida al momento de que faltaran sus padres, Roberto y Petra-Nelly. Adoptivos, claro está. Por eso ella teme no heredar nada. Al faltar sus “progenitores” todo llegará a manos de Mavy, su prima, por ser familiar directo de quienes consideró mucho tiempo sus padres, hasta el momento que descubrió la verdad.

Tanto esforzarme… ¿para qué? Rodolfo era el excelente socio para una mujer ambiciosa como yo. Obtuvimos una posición económica para vivir sin preocupaciones el resto de nuestros días. Confié en sus cualidades como administrador, para a estas alturas descubrir que esas cualidades ya no son acertadas como antaño.

El contenido de ese documento es un golpe certero a su imagen de mujer económicamente independiente. Lee una y otra vez la orden de embargo de sus “preciados” bienes si no se cubre el adeudo. Impotencia. A su mente acuden dos palabras: cuentas mancomunadas. El error no solo es de Rodolfo, muy a su pesar, Sandra reconoce que también tuvo su parte de culpa, estuvo de acuerdo en los movimientos que organizó su esposo y su firma es el consentimiento expreso.     


-¿Llegaste tarde? –grita una Sandra desesperada con tono incrédulo-  ¿Solo por eso cancelaron el contrato los españoles? No lo puedo creer. –se golpea con las palmas de las manos la frente varias veces.- Es que no lo puedo creer, una llegada tarde es normal, a la gente se nos presentan inconvenientes, el tráfico está insoportable,… muchas, muchas cosas pueden pasar y ocasionar que lleguemos tarde. Pero tú siempre eres el ejemplo vivo de la puntualidad Rodolfo, ¿qué te pasó precisamente en esta ocasión tan importante?

Rodolfo permanece sentado en el sillón, los codos apoyados sobre las piernas y las manos juntas, su rostro denota preocupación y cansancio; las recriminaciones de Sandra son como piedras que le arroja a la cara, por ese día ya ha sido muy golpeado.

-Voy a dormir, -levantarse le supone un trabajo inmenso- dejemos esta conversación para mañana.   

Una ducha tibia y un tranquilizante le ayudarán a conciliar el sueño.


Continuará…

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