La curiosidad mata


5:00 p.m. tarde fresca y media nublada del 25 de octubre. El astro rey deja ver y sentir sus últimos destellos de luz antes de retirarse a su obligado descanso. Dentro de seis días llegará la fiesta del Halloween, los amigos Joey, Andy y Vike no dejan de contemplar aquella casa antigua que tienen como vecina. La llaman “el castillito”, una propiedad vieja, abandonada pero curiosamente limpia. Los muros exteriores lucen mensajes con grafiti, los cuales son borrados sin que nadie sepa en que momento sucede el borrón. La reja de hierro que es el acceso principal luce como recién pintada, ni señales remotas de oxidación a causa del sol extremo y la humedad. Una fuente de piedra caliza con un ángel protegiendo a un niño queda al centro de lo que un día debió ser un bello y fresco jardín. Rodeada de frondosos y verdes árboles, cerca de ninguno sino al centro de ellos, emerge majestuosa, como haciendo honor al nombre del diseño que ostenta, Reina Ana, una antigua casa al estilo victoriano inglés, paredes de ladrillo visto en color rosado y tejados de pizarra a dos aguas. Dos plantas, en la planta baja una amplia ventana al lado de la puerta principal; en alguna habitación de la planta alta hay dos ventanas, y en el área contigua tres.
La curiosidad y la inquietud se reflejan en las infantiles caritas de los tres niños. Joey, bajito, gordito y barrigón, piel blanca y cabello castaño rizado, nariz grande y chata, cachetón, piel grasa y con algunos granos, indicador de que está llegando a la pubertad. Al cerrar la boca muestra la mitad de los dos dientes superiores. Es el líder de la pandilla.
Vike en cambio, es un jovencito de estatura media, delgado, cabello oscuro y peinado hacia un lado. Trigueño, labios gruesos, nariz recta, ojos negros, almendrados. Andy, el más pequeño de los tres, apenas acaba de cumplir siete años, piel blanca y cabello rubio, ojos color miel, rasgados, lo que da pie para que le digan “japonesito”.
-Entremos. –Joey indica con tono imperativo y con el júbilo desbordándose por los ojos.- Aprovechemos ahora que las mamás están ocupadas jugando a la lotería. Ni notarán nuestra ausencia…   
Apenas apoya la mano en la reja, ésta se abre. Los tres chicos se miran con sorpresa.
-Creo haber entendido que esta reja está siempre cerrada con llave, -Vike comenta preocupado.- no vaya a ser que nos acusen de malandrines.
-No creo, nadie nos ha visto entrar, vamos.
Atraviesan corriendo el desolado patio. No se percatan que tras la ventana del recibidor, un chico de estatura media, luciendo jeans de mezclilla y una camisa de manga larga a cuadros blancos y rojos sonríe al verlos llegar.    
-Mamá siempre dice que no debemos entrar aquí, Joey. Esta casa está encantada, dice que alguien viene aquí por las noches… -en la vocecita de Andy puede percibirse el nerviosismo.
Vike mira a su amigo con burla.
-Andy, solo las niñas tienen miedo. Tranquilízate o regrésate.
-¡Shhh! ¿Escucharon eso? –Joey se detiene, atento. Vike y Andy intercambian miradas. Joey avanza y sus amigos lo siguen. Un repentino viento sopla, obligándolos a cerrar los ojos para resguardarlos de la tierra que trae con él. Los chicos sienten las hojas secas estrellarse sobre sus brazos y piernas desnudos.
-¿Qué fue eso? –se pregunta Vike.
-Solo viento, nada importante. –responde con desenfado Joey.
-Opino que debemos irnos. Mamá dice que esta casa tiene algo raro…
-¡Shhh!
Los tres amigos caminan hacia la entrada principal. Suben la pequeña escalinata, y quedan frente a la puerta de gruesa madera en color blanco. A su derecha un amplio ventanal. Los chicos se miran entre sí, la chapa en color metálico, brillante, da la impresión de que alguien la acaba de limpiar.
-Vike, entra tu primero. –ordena Joey.
-¿Por qué yo, si la idea de venir fue tuya, Joey? –se pone las manos a la cintura.
-Que miedoso resultas. -coloca la mano sobre el hombro de Andy- Amigo, se te concede el privilegio de entrar primero.     
Andy niega con la cabeza y da un paso atrás. Una sensación de enfado se apodera de Joey, está acostumbrado a que sus amigos hagan lo que él dice.
-Está bien, -levanta las palmas de las manos- entro yo. ¡Ay, que amigos tan miedosos me envió Dios!
-¡Oye! -respinga Vike, molesto.
Antes de abrir la puerta, el líder del trío se persigna, agacha la cabeza y lo ven mover los labios.
-¡Ja, ja! –la risa burlona de Vike se deja escuchar- ¿Quién es el miedoso ahora, Joey?
Ignorando el comentario, Joey al fin hace girar la cerradura. Empuja con suavidad hacia dentro. Contrario a lo que esperaban, la puerta no chirrió al abrirla, como lo han visto tantas veces en las películas de terror.
-¡Que feo huele! Y hay telarañas. –objeta Andy, apartando con su manita pequeña los pegajosos hilos de su camino.
-No cierres la puerta Vike, atraviésale algo para que el viento no haga de las suyas y nos deje atrapados.
Vike sigue las indicaciones de Joey. Se da a la tarea de buscar entre los pocos muebles destartalados algo que sirva para mantener la puerta abierta. A distancia ve una silla, la arrastra hacia la entrada, la voltea de costado en el piso, descansa el alto respaldo entre la pared y la puerta. Joey sonríe ante la ingeniosa idea de su amigo. El hilo de luz que logra penetrar por la abertura ilumina tenuemente la habitación. Un estrecho pasillo pasa desapercibido del lado poniente. Dos escalones para llegar a la amplia estancia. El eco de sus pasos se deja escuchar. Solo tres sillones dispuestos en semicírculo, cubiertos por una sábana amarillenta, dan testimonio de lo que debió ser en sus buenos tiempos una cómoda área de descanso. Un piano de cola descansa frente a la sala, víctima del polvo y del abandono. Arriba, en el techo, un bello candil parece observarlos.  
-Wow! –exclama Vike entusiasmado- A este pianista sí que le gustaba tener público. Miren la forma como están acomodados los muebles –sonriente mira a sus amigos, y al darse cuenta que es ignorado, con pasos largos llega al aparato musical, lo contempla embelesado, se sienta en el banquillo sin pensar si se quebrará, sopla sobre sus dedos de la mano derecha, luego sobre los de la izquierda, ahora sí, listos para dejarse caer sobre las teclas. Un espantoso ruido escapa de éstas, rompiendo la quietud del ambiente. El candil se queja dejando escuchar su tintineo de cristal.
El inesperado ruido sobresalta a los amigos, Joey cierra los ojos y arruga la nariz, dejando ver aún más sus dientes. Andy se mantiene alejado, con las manos cubriéndose los oídos.  Vike sonríe como diciendo “no quise hacerlo”, alza los hombros. Se levanta y va tras Joey y Andy.
Un biombo de madera separa el espacio que perteneció al comedor y a la cocina. Una mesa redonda con cuatro sillas desvencijadas (una es la que sostiene la puerta), al centro sostiene un candelabro con tres velas a medio consumir, dos trapos raídos, que tienen finta de que fueron servilletas. Marcando el final del comedor hay una gran vitrina de madera que guarda platos de diversos tamaños, vasos, copas, todo cubierto de polvo y telarañas. Una de las puertecillas inferiores está caída. Algo sale de ahí. Los tres muchachos corren a ponerse a salvo tras la mesa. Algo brinca y ataca a Joey, quien logra cubrirse el rostro con las manos.
-Ayúdenme…Vike…Andy…-el gordinflón Joey retrocede pero tropieza con algo y cae de nalgas al piso. Con dificultad Vike ubica a su amigo y comienza a dar de manotazos por doquier, Andy toma uno de los trapos de la mesa y comienza a agitarlo en el aire. Se escucha quejar al gordo: “Ay, en la espalda no… ya no… ouch! la tierra me entró en la nariz…me ahogo…
Al fin Vike en uno de los tantos golpes que tiró al aire, acertó a arrojar al piso al atacante de Joey: un gato, a juzgar por los aullidos, ya que en la oscuridad solo pudo ver los ojos amarillos, brillantes. El animal aúlla furioso. Amenazador, avanza un paso hacia los intrusos, Andy se adelanta y le arroja el candelabro. El gato deja escapar un chillido horrible. Los amigos imaginan que serán atacados con más coraje, pero el animal continúa chillando y desaparece.
-¿Estás bien Joey? –la preocupación de Andy se deja sentir en su voz.
Doliéndose el rostro y con la respiración agitada, Joey responde.
-Creo que sí, pero me arde la frente.
-Debe ser solo un rasguño, -aclara Vike- Lo mejor será regresar a casa…
-¿Por un gato? –se recupera Joey- No señor, ya estamos dentro del castillito, saciemos nuestra curiosidad y ahora sí nos vamos. No regresaremos jamás.
Intercambiaron miradas Vike y Andy.
-Sigamos, pues.
El único mobiliario que compone la cocina es una parrilla oxidada conectada a un tanque de gas, no hay puerta ni ventanas en ese cuarto. Extraño que alguien que tiene un piano y una casa hermosa cocine en una vieja parrilla, ni siquiera una estufa.
-No hay nada más que ver aquí chicos, regresemos. –se escucha la voz imperativa de Joey. Andy y Vike van tras él. Antes de retornar al salón del piano, en la esquina oriente, quedando al lado de la puerta, un escritorio sostiene una antigua máquina de escribir, con una hoja de papel todavía insertado en el rodillo. Andy, sonríe, aquel artefacto atrae su atención. Se dirige a él. Los otros dos se limitan a mirarlo.
-Oh no, -piensa Joey para sus adentros- Vike se embelesa con el piano y Andy con ese aparatejo. A ver que gato o ratón nos sale ahora…
El pequeño aparta un poco el polvo suelto que cubre las letras pero aún así no son visibles del todo. Eso no impide que Andy practique sus dotes de mecanógrafo. Una letra va y regresa a su lugar, repite el mismo procedimiento, el papel no plasma nada. El rodillo permanece inmóvil. La última tecla se detiene y no regresa. Se le ocurre a Andy jalarla hacia arriba con su dedito índice. Está muy dura, se dice a si mismo. Ya aflojó un poco Andy, solo aplica un poco más de fuerza y la tecla se alza…  
-¡Ay!
-¿Y a ti que te sucede Andy?
-Mi dedo. Se quedó atorado entre las teclas. No puedo zafarlo.
Joey y Vike van hacia él.
-Intentaré mover la tecla hacia abajo, -Vike aplana el pedazo de metal, sin éxito.- diablos, está súper atascado el mecanismo.
Joey solo observa. Lo mejor es no estorbar, se dice. Andy comienza a sudar, la humedad provoca que su piel resbale, liberando así su dedo.
-Me corté, miren. –muestra la herida a sus compañeros, luego se lleva el dedo a la boca para limpiarse la sangre. Vike hace una mueca de asco.
-Es hora de regresar Joey, nuestras mamás deben estarnos buscando, además ya pronto oscurecerá…
La frese en boca de Vike queda sin terminar.
-Solo falta echarle un vistazo al ático, por este pasillo –señala con su mano- está la escalera. Bueno, eso creo yo…
En fila india Joey, Vike y Andy emprenden el camino al ático. El olor a humedad se hace más evidente. La madera de los escalones cruje a cada paso de los chicos. Están por llegar al segundo piso cuando Joey siente que su pie derecho se hunde y queda atrapado entre los restos de madera.
Andy se abraza a Vike, asustado, ambos permanecen quietos observando como lucha Joey por liberar su ancho pie, después de unos segundos al fin lo logra, su piel está enrojecida por el brusco roce con la vieja y mohosa madera. Una cortada en la parte interna de su tobillo deja escapar un fino hilo de sangre. Siente una débil punzada de dolor al apoyarse.
-¡Ah! Como fue a romperse la condenada madera. –algo que parece pregunta y comentario para si mismo. Continúa avanzando, temeroso de que otro escalón se rompa. Vike y Andy siguen tras él. Ya una vez frente a la puerta del ático, Joey estira la mano para alcanzar la cerradura, pero antes que logre tocarla, la puerta se abre sola. Un aire helado sale de la habitación. Es un cuarto pequeño, cubierto de polvo y telarañas. Hay libros infantiles para colorear, juguetes que indican que su dueño fue un varón. Además de cuadros, álbumes de fotografías, un ropero con espejo. Al otro extremo de la puerta, de frente a ésta, una amplia ventana permite el paso de luz a través del vidrio sucio y manchado. Vike toma uno de los álbumes, se sienta en posición de flor de loto en el piso y sin prestar demasiada atención avanza hoja tras hoja. Termina con ese libro y toma otro.
Joey limpia el espejo con la mano, la frente le arde y necesita ver el rasguño para inventar una excusa por si le pregunta mamá. Se detiene al ver a un inesperado visitante: un jovencito de estatura media, facciones finas, piel trigueña, cabello oscuro y lacio peinado de lado está tras él, en el espejo se dejan ver las dos imágenes. El desconocido lo mira fijamente, sonríe.
-¿Quién es él? –grita sobresaltado. Más al voltear el chico ha desaparecido.- ¿De donde vino? ¿Cómo entró? –corre a donde Vike, quien sostiene abierto el libro de fotografías.
-¿De que hablas Joey? –inocente y ajeno a lo que sucede interroga Andy, quien se entretiene coloreando los dibujos de un libro.- No hay nadie más con nosotros.
-Ha entrado alguien más. Un chico. Estaba tras de mí. Lo vi por el espejo.
Vike lo mira con indiferencia, sin dejar el álbum que está viendo.
-Es un chico delgado, tiene un lunar bola al lado de la aleta derecha de la nariz, lunar feo, parece una gran verruga. Sus amigos permanecen en silencio. Estos tontos piensan que estoy loco. Atrae su atención las fotos que tiene Vike entre las manos. Exclama sorprendido.
-¡Es él! ¡Es él!
-¿Quién? -pregunta Vike y en su voz Joey percibe incredulidad y algo de burla- ¿De quien o a quien te refieres Joey?
-Al chico de la foto que tienes en las manos Vike. –con suavidad le retira a su amigo el álbum. Observa con atención la fotografía, en blanco y negro, la saca de la hoja. El papel está amarillento, resquebrajado en algunas partes. Significa que fue tomada muchos años atrás. –No hay duda, sobre todo por el lunar bola en la nariz.
Andy se vuelve a donde sus amigos, Vike se levanta, mira por la ventana y nota que la luz pronto se retirará.
-No me importa lo que digas Joey, nos vamos. –el tono de Vike es decidido- La oscuridad aquí dentro se vuelve mas intensa, va a ser difícil que logremos llegar abajo. Y ojalá no termine de romperse la escalera. 
Vike sale seguido por Andy, Joey deja la foto en el álbum y cierra éste aprisa. No desea separarse de sus amigos. Los tres chicos bajan con cuidado la escalera, dan vuelta en el estrecho pasillo y para su sorpresa ven que la puerta está cerrada.
-Dejamos la puerta con una silla atravesada en la puerta, ¿cómo se cerró? Interroga molesto Vike.
-Les dije que hay alguien dentro, -refuta Joey- seguro que fue él quien nos encerró.
Andy comienza a desesperarse.
-Ya quiero estar en casa, vámonos.
-Sí Andy, -Vike le pasa el brazo por los hombros, protector- solo es cuestión de abrir la puerta. Vamos.
Vike se adelanta y jala la cerradura, tras varios intentos comienza a sudar.
-Tiene llave o el mecanismo se atascó. No estaba así cuando entramos. Joey, inténtalo tú a ver si tienes suerte, o si encuentras el truco…
El gordinflón Joey se planta frente a la puerta, gira la cerradura hacia la derecha, luego hacia la  izquierda, sin resultado positivo. Estira con toda la fuerza que es capaz, pero solo logra quedarse con la parte interna de la chapa en la mano.
-Joey –exclama con asombro Vike- ¿ahora como saldremos de aquí?
Andy comienza a llorar a grito abierto y a golpear los pies contra el suelo, provocando el enfado de Joey.
-¡Quiero regresar a casa! Tengo miedo Vike, vámonos.
-Cálmate Andy, estamos haciendo lo que podemos, ¿no lo ves?
-¡Joey! –grita Vike, molesto también- No hables así, está asustado.
-Todos lo estamos, incluso yo.
-Pues no parece Joey, tenías mucho interés en conocer esta casa por dentro, insististe en ello a pesar del susto que te dio el gato y de que se te atoró la pata en la escalera…
Una risa interrumpe la discusión.
Los chicos se miran entre sí. El llanto de Andy cesa. La sorpresa, el miedo y la desesperación flotan en el ambiente. La risa continúa, no burlona, no sarcástica. Joey tira un manotazo al aire al mismo tiempo que lanza un grito al sentir un fuerte apretón en su hombro derecho. Vike a tientas busca el candelabro que rato antes Andy le lanzó al gato, recuerda haberlo visto caer cerca de la puerta. Regresa con él a la ventana y descarga un fuerte golpe contra el vidrio, más éste se resiste a quebrarse. Desde algún lugar de la casa Ray Parker Jr. y sus Ghost Busters se dejan escuchar.
¡La máquina de escribir!
Arrastrando los pies para evitar una posible caída, Joey se dirige a traer consigo la máquina antigua.
-Esto servirá, al menos pesa más que el mugre porta velas. Vike, Andy, aléjense de aquí, van a saltar vidrios por todos lados.  
Vike toma del brazo a Andy y se lo lleva con él hacia la estancia, resguardándose tras los viejos sillones. Desean escuchar pronto que el vidrio se rompa. No sucede. La canción parece terminar y comenzar de nuevo. A través del sonido demasiado elevado de la música, una voz desconocida al principio, ininteligible, llega a oídos de Vike. Abraza con más fuerza a Andy, lo siente temblar y nota que está llorando.
-Ya, ya. Joey no tarda en romper el vidrio. –intenta convencerse él mismo de eso- Date prisa Joey, por favor. Date prisa.
Todo sucedió muy rápido. El ruido de un vidrio que se estrella contra el piso. Luego un grito de horror, la voz de Joey que discute con alguien. Vike continúa abrazado de Andy. Silencio. Se separa de su amigo.
-Espérame aquí Andy, voy a ver que pasa con Joey.
-¡Noo! Tengo miedo, yo te acompaño.
Vike sonríe.
-De acuerdo, pero no te separes de mi ¿ok?
Temerosos salen de su escondite y avanzan hacia el recibidor. Algunos fragmentos de vidrio se convierten en polvo bajo sus pies. El miedo se apodera de ambos al ver a Joey tumbado de espaldas en el piso, frente al amplio ventanal.
-Joey, -Vike se pone en cuclillas al costado izquierdo de su amigo, le palmea las mejillas para hacerlo reaccionar, están heladas. –Joey, somos nosotros, Vike y Andy. Despierta, tenemos que irnos antes que nos descubran. Joey.
El brazo derecho de Joey, de forma inesperada, descarga un golpe sobre las pantorrillas de Andy, quien está inclinado hacia él, sosteniéndose con las manos en las rodillas.
-Ouch! –retrocede.
-Tómalo de la mano Andy que yo hago lo mismo. A la cuenta de tres lo sentamos, ¿ok? Uno, dos…
Una pelota de humo negro merodeando en el aire les impide terminar su plan. Asustados, Vike y Andy retroceden, ven el humo asentarse en el estómago de Joey, penetrando en él, y provocándole horribles convulsiones. Escuchan a su amigo decir cosas ininteligibles. Su cabeza, brazos y piernas se estrellan violentamente contra el piso una y otra vez, como si fuera presa de alguna energía invisible. 

-Pronto Andy, salgamos por la ventana. Corre, corre…

Continuará...

Comentarios

Entradas populares