Boleto para el tren equivocado



David Petersen observa al hombre que yace sin vida en el suelo. Cuenta con la suficiente experiencia como agente investigador para reconocer aquel tipo de muerte con solo ver el rostro de la víctima.
Cianuro. Pobre infeliz. Sufrió una de las muertes más dolorosas.
Observa a sus dos compañeros recolectar las evidencias del lugar ¿del crimen? Aún es demasiado pronto para llegar a una conclusión. Igual puede tratarse de un suicidio. Empieza a forjar su propia teoría del caso. Revisa con detenimiento la habitación.
La cerradura de la puerta no fue forzada, ni las ventanas tampoco, cada objeto en su lugar, no hay signos de lucha…
La fotografía sobre la chimenea lo atrae como imán. Sonríe. Se quita un sombrero imaginario y realiza una reverencia ante el rostro femenino que irradia vida y felicidad.
Un hombre flaco, medio encorvado, vistiendo pantalones negros con rastros de tierra en ellos y una chamarra blanca rota en la espalda, lentes oscuros y libreta en mano se acerca a David.
-Ponme al tanto de todo Ramírez.
El flaco abre su libreta.
-El occiso es Roberto Santana, 48 años, contador, viudo desde hace varios meses. Los vecinos dicen que llegó la tarde de ayer, no lo vieron marcharse y hoy por la mañana les llamó la atención que la puerta estuviera abierta. La vecina del 810 entró y se asustó al ver la escena. Nos llamó.
Petersen vuelve su atención a la fotografía de Eloísa.
-Imagino que ella fue su esposa.
-Sí, Eloísa Navarro, fallecida hace 3 o 4 meses.
Con la mirada fija en el rostro de la mujer, Petersen deja escapar un comentario.
-Debió quererla mucho, no soportó su ausencia y decide suicidarse.
-Yo descartaría el suicidio jefe, -interrumpe el otro investigador, extendiéndole dos bolsas plásticas transparentes. David las toma examinando el contenido.
-Papeles rotos.
-Junté los trozos, una carta que a mi parecer es un mix de burla, reproche y amenaza.
El jefe observa las envolturas de los chocolates. Se lleva la bolsa a la nariz.
-No me equivoqué en mi teoría, el veneno se encontraba en los chocolates.


Causa de muerte: envenenamiento por 300 mg de cianuro.
Conclusión: Suicidio.
David Petersen cierra el expediente, deja caer el sello que dice “Cerrado” en la parte frontal y lo archiva en la gaveta, ante el descontento de su subordinado Ramírez.
-Creo que comete usted un error, jefe. Al menos a mí, eso del suicidio no me convence…
Con su rostro inexpresivo, Petersen mira a Ramírez.
-Me doy cuenta que no leyó completo el expediente, Ramírez. Roberto Santana murió envenenado por cianuro. ¿Cómo lo ingirió? Por comer unos chocolates que suponemos su esposa “preparó” para él. Tesis que no logramos demostrar. Las huellas dactilares de Eloísa Navarro se encontraron solo en la carta, en tanto que las del hoy occiso estaban impresas en la carta, en el envase de los chocolates y en las envolturas individuales de éstos.
Ramírez permanece en silencio.
-Como comprenderá, no puedo declarar un homicidio y menos aún imputarle el asesinato a una mujer que murió antes que nuestra víctima. Haría pedazos mi inteligencia.


Los funerales de Roberto han terminado, ahora se acerca a la tumba con libertad. Las personas que cuidan el cementerio andan lejos, la mujer aprovecha para sacar el envoltorio que trae con ella, y en la tierra recién removida abre paso para enterrar un pequeño anafre y sobre éste dispone los trozos de un acta de nacimiento, otros documentos oficiales, un pasaporte a nombre de Eloísa Navarro y restos de una fotografía rota.
Es una lástima que tú no encuentres vida después de la muerte. Afortunadamente yo sí, y voy a disfrutarla con intensidad. Unas larguísimas vacaciones en el Caribe me esperan. Eloísa Navarro ha muerto, pero su esencia está viva dentro de Ethel Treviño.
Sin perder tiempo, vacía el contenido de una botella de alcohol, asegurándose que el papel quede bien saturado de líquido y prende fuego. Se aleja a toda prisa, mientras las llamas se encargan de borrar una oscura historia de crueldad y desamor.

Comentarios

Entradas populares