Boleto para el tren equivocado


Tiemblan sus manos al insertar la llave en la cerradura. El olor acre a encierro le da la bienvenida. La luz del sol es suficiente para iluminar la habitación. Ignora la foto de Eloísa y se dirige al despacho que ella utilizaba comúnmente para manejar sus asuntos. Se le ocurre que es el lugar más factible donde guardar algo tan valioso. Revisa gavetas, cajones, documentos. Nada. Sin perder tiempo corre escaleras arriba, a la recámara. Como vulgar ladrón busca en los cajones del tocador, quita el colchón, inclusive lo destroza, esperanzado de encontrar ahí su objetivo. Tampoco. Busca huecos en las paredes y en el piso, se ríe de su actitud, más es una técnica que ha visto en las películas y que pocas veces falla. Pero él solo ha gastado energía en vano.
¿Dónde más puede estar? ¿Dónde? ¡Ah! El guardarropa.
Observa la ropa femenina ordenada con pulcritud. Limpia, planchada, todavía desprendiendo el aroma del suavizante; en el piso yacen, igual de ordenadas, cajas de zapatos.
Enferma obsesiva, todo ordenado por color.
Las prendas son arrojadas con desprecio al piso tras la revisión. Mismas suerte corren los zapatos. Está sudando, jadea. Respira profundo y observa el closet vacío. Hay un compartimiento superior que aloja un maletín deportivo y un baúl de madera con cerradura pero sin llave. Baja primero el maletín, escapa de sus labios una desagradable palabra al notar que el cierre está trabado. No se da por vencido, tira de él de un lado a otro hasta que por fin cede. Los dedos le duelen por el esfuerzo. Contiene las herramientas básicas en la higiene y belleza de mujer: shampoo, cremas, cepillo y crema dental, toallas sanitarias, toallas de baño, secadora de cabello, en fin. Su vista sigue fija en los objetos.
Tranquilízate Roberto, ese dinero tiene que estar en algún lugar de la casa.
Mira por la ventana, con exactitud no sabe que hora es, pero dentro de poco el sol emprenderá la retirada.
No tengo la menor intención de pasar la noche aquí. Pero antes…revisemos el baúl de los recuerdos.
La cerradura es solo un adorno, el baúl está abierto. El contenido: un paquete de chocolates, un sobre tamaño oficio, color blanco. Dentro de éste, Roberto encuentra dos documentos. Revisa la fecha en el paquete de chocolates, son nuevos y los empaques están sellados. Se lleva a la boca el primer chocolate. Algo dulce entre tanta amargura. Toma del sobre algo que parece ser un recibo de honorarios. Saborea un segundo chocolate, su rostro se ruboriza por la sorpresa y la ira.
Pero que demonios…donó a un asilo todo el dinero, todo. Prácticamente lo tiró a la basura. ¡Maldita sea!
Hace pedazos el papel.
Un tercer chocolate se deshace en su boca mientras comienza la lectura de algo que parece ser una carta de Eloísa.

Roberto:
En verdad que lamento que seas dueño de nada en mi ausencia. Pero después de todo, la gente partimos de este mundo sin llevarnos la casa, el auto o el dinero, este fue el motivo por lo que decidí entregar al asilo de abuelitos los bienes monetarios por los que tanto me esforcé. Que al menos ellos lo disfruten. Sé positivo, por ese lado te quito la preocupación de que no sepas quehacer con tanto dinero.
No imaginas siquiera cuanto te amé Roberto, tampoco imaginas cuanto dolió no ser correspondida. Te casaste conmigo para castigarme, sé que nunca me perdonaste por lo que pasó con aquella mujercita, desapareció de tu vida y me culpaste a mí. En fin, eso ya no importa ahora. Yo también me he ido de tu vida, y dentro de poco tú también serás nada en el mundo. La hora nos llega a todos, más tarde o más temprano.
Espero que disfrutes los chocolates, sé que son tu delirio y al mismo tiempo serán tu perdición. Pronto nos encontraremos.
Eloísa.


Su lengua reconoce un sabor amargo.
Esto es una burla.
La carta de despedida corre la misma suerte que el recibo anterior. Se dispone a marcharse, ya nada tiene que hacer ahí. Antes se detiene en la foto de Eloísa. El odio en sus ojos es más que evidente. Toma el atizador de la chimenea y asesta un primer golpe a la mujer que desde la imagen plasmada en papel se burla de su coraje.
Aún muerta sigues causando daño. Reconozco que triunfaste, un jaque mate perfecto Eloísa.
La fotografía continúa recibiendo un golpe tras otro, el rostro femenino comienza a desfigurarse. Roberto siente que su respiración y su pulso se aceleran, un súbito calor invade su rostro, se detiene un momento. Observa la desgarrada foto, parece recordar momentos de su vida que alimentan el odio que guarda en su interior. Viene a su mente que estando a pocos días de casarse con Eloísa, organiza su huida con Natalia, una muchachita que conoció meses antes y con quien mantuvo relaciones íntimas, quedando oportunamente embarazada. La noche en que deciden irse llaman a la puerta de casa de Natalia, ésta abre y sin decir palabra, un tipo con el rostro cubierto la empuja con tal fuerza que la chiquilla cae al suelo, se monta sobre ella y comienza a darle de bofetadas. La víctima intenta gritar, más cada vez que lo hace es castigada con más saña. Casi desmayada, Natalia siente que la toman por el cabello y la arrastran hasta la recámara, donde es agredida a puntapiés en la espalda, glúteos, en las costillas y en el estómago. Roberto la encuentra desangrando y asustado la lleva al hospital, donde es atendida pero no pueden salvar la vida de su hijo. Sus planes de boda continúan, al parecer Eloísa ignora las intenciones que tenía su prometido. Más su actitud sarcástica y burlona le hace sospechar que ella está detrás del ataque a Natalia. Se vuelve humo Natalia. Boda con Eloísa. Nota que su piel está fría y húmeda. Su corazón late más aprisa. El atizador resbala de su mano, segundos después él cae de rodillas justo frente a la casi destrozada imagen de Eloísa. Se lleva la mano al cuello, la desesperación se refleja en sus ojos.
Me ahogo. No puedo respirar.
Involuntariamente, su mirada se encuentra con la de Eloísa. Los chocolates serán tu perdición. Comienza a sentir un intenso frío. La última imagen que se lleva consigo es la sonrisa burlona de su esposa.

Continuará...

Comentarios

Entradas populares