Privadas del Paraíso


-En ningún momento estuve de acuerdo en alquilar mi cuerpo para un propósito así. Yo simplemente me enamoré y me casé con el hombre que amo.

Un tubo de vidrio se estrelló contra el suelo. Gladys pisó los pedazos con sus pies hasta convertirlos en un fino polvo.

-Las dos conocemos la verdad, hace tiempo que lo descubriste. Ernesto no tiene ninguna relación contigo. No aprobaba que te escogiera a ti como “madre” –hizo énfasis al pronunciar esta palabra e hizo la seña de las comillas “” con los dedos índices- de nuestro hijo. Me opuse desde que supe quien eres, el empleo a que te dedicas, para mi el estatus social está antes que todo. Pero no tenía muchas opciones. Las otras mujeres que deseaban ayudarnos no me inspiraban confianza; algunas padecían enfermedades que no representaban peligro para el producto, pero no estuvimos dispuestos a correr riesgos innecesarios. El problema era que tú no ofrecías servicio de alquiler, por eso elaboramos el plan del matrimonio. No fue fácil, primero porque Ernesto no quería jugar con los sentimientos de nadie. Luego estaban mis celos, temía que mi esposo terminara enamorándose de ti. Y que decir de las cuestiones legales, nunca quisimos actuar al margen de la ley, estamos consientes de que si nos descubren iremos a prisión. Pero corrimos todos los riesgos con tal de ver cristalizado el anhelo de tener un hijo. –Hizo una pausa antes de continuar, mientras preparaba los instrumentos- Planeaba trastornarte aunque fuera un poco, para nosotros era un seguro tu demencia, con esos antecedentes nadie creería tus historias fantásticas sobre nosotros. Sí, yo fui la autora de esos detalles inexplicables que te sucedían: el menú cambiado, las pinturas de flores que tanto odias, el tenedor debajo de tu almohada. También fui yo aquel fantasma que apretaba tu cuello por las noches. Aunque de cierta forma pagué el precio por divertirme a tu costa: me quedé con algunas de esas cremas baratas que comprabas para vender en tu salón y me provocaron una alergia marca acme en la piel. Ouch!! Me convertí en la bailarina exótica que le bailó desnuda a tu “esposo” y que terminaron haciendo el amor al lado tuyo mientras dormías, claro. –una carcajada se dejó escuchar- Fue lo más divertido que hice. Pero no, tú permaneciste imperturbablemente lúcida. Un poco asustada, pero lúcida.

La puerta se abrió lentamente, interrumpiendo la confesión. Darío apareció, buscando a Daniela.

-Dany, ¿estás bien? –ésta al ver a su amigo, se dirigió a él y lo abrazó.

-Sí, estoy bien, pero… -mirando a Ernesto- no sé por qué me trajeron aquí, no es todavía la fecha para dar a luz…

Ernesto caminó para reunirse con Gladys, la rodeó por los hombros.

-A excepción de Daniela, todos los aquí presentes somos médicos y sabemos que es una cesárea, nuestra estimada mamá no lo sabe a ciencia cierta, pero lo imagina. Hoy está a punto de saberlo.

Darío intervino, desconcertado.

-Un momento Ernesto, ¿tienes planeado que tu hijo nazca hoy?

Continuará...

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