Privadas del Paraíso


El trayecto a la casa de la carretera fue en silencio. Daniela temía lo peor, se imaginaba atada y amordazada dando a luz, para luego dejarla morir sola, desangrada. Ya no sabía si realmente lo estaba viviendo o si su memoria recreaba algún capítulo de esas novelas de suspenso que tanto le divertía leer. Miraba de cuando en cuando a Gladys. Se dio cuenta en ese instante que sus facciones eran hermosas y su cuerpo esbelto y bien proporcionado. Estaba fuera de lugar que una mujer con un físico atractivo se dedicara a trabajar como doméstica. Se la imaginó entonces maquillada, con su largo cabello peinado, ataviada con la bata médica y en un elegante consultorio. Sí, esa era la imagen que iba más acorde con su persona. El auto al fin se detuvo frente a una alta verja de hierro. La reja se abrió y el auto fue a estacionarse frente a la puerta principal. Gladys bajó primero y con paso calmado se acercó a la puerta del copiloto y le tendió la mano para ayudarla a bajar. Daniela solo la miraba, incapaz de moverse.

-Sé que tienes miedo, pero nada va a pasarte, solo coopera con nosotros y regresarás sana y salva a casa.

La mirada de Daniela recorría la casa en busca de ver a cualquier otra persona, un sirviente, quizá una mascota, algo que le diera a esa casa un aire amigable.

-Vamos mujer, -la voz de Gladys la volvió a la realidad- no tenemos todo el día. Ernesto llegará de un momento a otro.

-“Ernesto, lo llama por su nombre real, ya no les interesa continuar con la farsa…”

La condujo por la estancia, Daniela pudo percatarse de que solo ellas dos estaban en la casa, tampoco encontró fotografías u otro tipo de evidencia que relacionase a Ernesto y Gladys con aquella residencia.

-“Esta casa puede ser prestada, rentada, que sé yo…Ni siquiera sé donde me encuentro, ¿cómo voy a salir de aquí?”.

-Entra a la habitación de la izquierda.

Obedeció. Al abrir la puerta escapó de su garganta una expresión de sorpresa, una leve transpiración invadió las palmas de sus manos. Temblaba.

-Por tu expresión noto que no estás familiarizada con una sala de operaciones.

-¿Por qué me traes aquí? Aún faltan dos semanas para que nazca el niño.

-El niño, el bebé, el pequeño…nunca escuché referirte a él como “mi hijo”. Digo, es lo más normal en una madre. –la miró en silencio unos segundos- De hecho, presiento que no lo quieres, ¿o me equivoco? –comenzó a preparar la habitación para la cirugía. Daniela la observaba en su ir y venir, tan segura de sí, tan desenvuelta en su profesión, en cambio ella tan llena de temores, le provocaba coraje el verse en la habitación al lado de esa mujer, se sentía poco menos que nada.

-Es algo muy raro, no precisamente que no lo quiera, solo que…

-¿Qué? Termina.

-Es como si no fuera nada mío, lo siento tan ajeno…

-No podría ser de otra manera. No es tu hijo.

Otra sorpresa. Por un momento no supo que contestar.

-Como no va a serlo, si lo traigo aquí, dentro de mi. –posó las manos sobre el vientre.

-¿Alguna vez has escuchado hablar de las mujeres que alquilan su vientre para que por medio de ellas otras parejas puedan tener hijos? Es un procedimiento sencillo, consiste en implantar el embrión ya fecundado de la pareja en el vientre de alquiler y ahí ocurre el proceso normal de gestación. Al nacer el bebé, éste es entregado a sus padres y la mujer que prestó su vientre recibe una indemnización económica. Así funciona esto. En eso nos ayudaste tú. Por lo tanto ese niño no es tu hijo, sino de Ernesto y mío.

Todavía sin dar crédito a las palabras de su interlocutora y con un hilo de voz, Daniela se atrevió a preguntar:

-¿Pero como fue? ¿En que momento…?

Sin dejar de lado los preparativos, Gladys continuó con su explicación.

-Durante uno de tus chequeos de rutina, ¿Cómo sucedió? Gracias a un fabuloso error de alguno de los asistentes. Alguien cambió las instrucciones en la ficha médica tuya y de otra paciente, ignoro si el autor lo hizo deliberadamente, es más, nunca supe quien fue el autor, así como también ignoro si labora aún en ese hospital, o quizá ya fue transferido o despedido. Eso es lo que menos importa en este momento.

Continuará...

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