Privadas del Paraíso


En una apartada mesa de aquel concurrido centro comercial, Darío estaba inquieto, miraba a todos lados buscando encontrar a Daniela, pero ella no aparecía, llevaba poco más de veinte minutos en su espera. Comenzaba a preocuparse “ella siempre es puntual a nuestras citas, no quiero pensar que le haya sucedido algo”.

En tanto, mientras se distraía buscando con la mirada, un visitante inesperado se sentó frente a él.

-Me alegra volver a verte Darío. –se volvió al reconocer la voz- Lo comento porque no aceptaste ninguna de nuestras invitaciones, y a mi me hubiera encantado que pudiésemos conversar. Pero nunca es tarde para hacerlo, aunque sea aquí, en este lugar tan ruidoso para mi gusto…

-Ernesto, que sorpresa…

-Déjame adivinar, te plantaron, ¿no es así? –en otras circunstancias Darío no hubiera permitido el tono burlón con que le hablaba aquel hombre, pero en ese momento no podía darse ese lujo, estaba de por medio Daniela. –Que mal detalle de mi esposa no avisarte de nuestro cambio de planes. Ten por seguro que le comentaré ese desaire.

-¿Qué le ha pasado a Dany? ¿Por qué no llegó?

-Dany… opps! Parece que se han tomado mucha confianza, apenas si se conocen…

Con un tono de voz más firme, Darío preguntó:

-Es la última vez que te lo preguntaré: ¿Dónde está Dany?

-Cálmate, -miró a Darío, entendiendo que éste no era un hueso fácil de roer optó por hablar sin rodeos- precisamente por eso estoy aquí, para llevarte con ella, como te dije antes, cambiamos de planes y me envió a buscarte.

-¿Daniela te envió?

-Por supuesto, está a punto de dar a luz y quiere que su mejor amigo esté presente, y como es comprensible no puedo negarme a complacer a mi esposa. –se levantó, pero Darío permanecía inmóvil en su asiento- Vamos, te está esperando.

Darío no sabía si creerle a aquel maestro de la mentira, pero en varias ocasiones marcó el número telefónico de Daniela y lo enviaba al buzón, le dejó varios mensajes pero no le respondió a ninguno; pensando que se encontraría con Mireya le llamó a ésta última solo para confirmarle que no la había visto desde hacía varios días.

Tenía temor de acompañar a aquel hombre, pero sabía que Ernesto no era tonto y no le causaría daño físico, no iba a exponerse a que alguien más lo delatara ante las autoridades.

Decidió arriesgarse.

Continuará...

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