Privadas del Paraíso


Mireya y Daniela tenían esa tarde la última reunión con Darío. El hombre las esperaba en el área de comidas de un centro comercial, se reunían ahí para pasar inadvertidos, a esas horas y en ese lugar era difícil que algún conocido de Bernardo los viera. Según las cuentas, ya solo faltaban dos semanas para el alumbramiento, Daniela sentía temor, ahora ya no por el nacimiento, sino por su vida, pero la amistad que nació entre Darío y ella la confortaba. Se sorprendió al sentir tristeza porque esa amistad estaba llegando a su fin, se llegó a acostumbrar a la presencia de ese hombre en su vida, al interés incondicional que mostraba al prestarle su ayuda. Apenas la conocía, no tenía por qué hacerlo.

-Dany, -la confianza lo llevó a nombrarla por el diminutivo de su nombre- me gustaría visitarte mientras permanezcas en recuperación, ¿en que hospital vas a atenderte?

Daniela miró sorprendida a sus amigos. No había reparado en ese detalle, más bien dejó de prestarle atención cuando conoció en realidad las intenciones de quien compartía su casa con ella.

-No lo sé, yo escogí en principio el Hospital Dos Ángeles, pero Bernardo nunca estuvo de acuerdo, decía que allí no recibiría buena atención, así que acordamos ver otras opciones, a últimas fechas él se encargó de eso, yo enfermaba continuamente y ya no le preste atención, dejé simplemente que él escogiera el que creyese conveniente.

-Amiga, -intervino Mireya con ese tono dramático tan suyo y que sacaba de sus casillas a Daniela- ¿Cómo es posible que no lo sepas, si tu eres quien va a parir? Imagínate que estás sola y empiezas a sentir las contracciones, ¿A dónde te vas a dirigir?

Continuará...

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