Privadas del Paraiso




Aquel masaje anti estrés que Gladys practicó en la espalda de Bernardo encendió la llama del deseo entre ambos. Pasaron toda la tarde dando rienda suelta a su pasión. Los sorprendió darse cuenta de que la llama del amor estaba viva, e incluso ardía con más intensidad que antes. A pesar de que frente al mundo eran dos desconocidos, a escondidas, en su intimidad, volvían a ser Gladys y Ernesto, aquella pareja enamorada que frente a Dios prometió amarse y llegar juntos al final del camino. La pareja a quien el infame destino no pudo destruir ni separar, dos seres que siendo uno solo renacieron de las cenizas, de la nada, siendo incluso más fuertes que antes. Exhaustos, el sueño los venció durante algún rato. Despertaron abrazados, sin pronunciar palabra, solo disfrutando de la cercanía del otro, acariciándose para comprobar la realidad.

-Después de todo fue una magnífica idea permitir que Daniela salga de casa por algunas horas, así nosotros podemos disfrutar sin temores nuestro amor. –Bernardo rompió el silencio.

-Sí, aunque odio esta situación, odio representar el papel de amante.

-Tranquila, ya pronto acabará todo y entonces volveremos a ser a la vista del mundo Gladys y Ernesto Alvarado, lejos de aquí, empezaremos de nueva cuenta en otro lugar, donde nadie nos conozca. Nosotros y nuestro hijo.

Las últimas palabras provocaron una sonrisa en el rostro de Gladys.

-Nuestro hijo, suena tan hermoso. Esto compensa el sacrificio que hice al aceptar que esa mujer ocupara un lugar que es solo mío, tanto en tu cama como en tu corazón. No imaginas lo que es verte al lado de ella todos los días, todo el día, brindándole tus cuidados, tu atención. Incluso temiendo que terminaras por enamorarte de ella.

Bernardo la apretó con más fuerza.

-No lo pienses ni de broma. En ocho años de feliz matrimonio nunca te falté ni con el pensamiento.

-Lo sé, pero en el amor nada está escrito. No hay garantías de que estaremos juntos siempre.

-Nosotros sí. Cada día mi amor por ti va en aumento, un amor así de fuerte e inmenso no puede terminar de un momento a otro, y sería una burla imperdonable que una cosita tan insignificante lo destruyera.

Gladys levantó la mirada hacia él.

-En verdad Ernesto, ¿nunca sentiste nada por ella?

-No niego que es simpática y que tiene lo suyo al momento de estar en la cama, pero aún y con eso yo no cambiaría todo lo que hemos vivido juntos por una mujer como ella. No es mi tipo, créeme.



Continuará...

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