Privadas del Paraiso


Se sentía fuera de lugar al ir caminando por los pasillos de la facultad. Veía a los estudiantes, futuros médicos, ir y venir; se preguntó por qué ella nunca aspiró a terminar una carrera profesional, quizá porque nunca sintió una ambición tan alta. Se conformó con ser una simple peluquera. Y no se sentía mal por ello.
Entraron a la biblioteca, desde sus días de preparatoriana no había vuelto a sentir el silencio que reinaba en esos recintos, cada persona habitando de lleno en el mundo que en esos momentos reclamaba su atención. Darío solicitaba algo al encargado, en cuestión de minutos se reunió con ella.
-Necesito que observes esto, -dijo al tiempo que abría el cuaderno que llevaba en la mano y lo puso frente a ella- Aquí, en esta sección, son los médicos que se graduaron en el año de 1988, a ver si ubicas a tu esposo.
Daniela observó detenidamente cada una de las fotografías y los nombres que aparecían bajo aquéllas, ningún rostro le pareció conocido, no fue sino hasta que dio vuelta a la página cuando lanzó una exclamación.
-Aquí está, -dijo señalándolo.
-¿Coincide con el nombre?
La mujer calló. Su mirada se posó ahora en la foto que continuaba a la derecha. Un rostro apuesto, de finas facciones y sonrisa amigable: Bernardo Montañana.
Darío consideró una bendición que en ese anuario aparecieran precisamente las fotografías de Bernardo y Ernesto una al lado de la otra.
-Imagino que al momento de editar este álbum se intercambiaron por error los nombres en las fotografías, o…no sé, pudieron suceder muchas cosas.
-No se trata de ningún error Daniela, el médico que aparece en la foto derecha fue uno de mis mejores amigos: Bernardo Montañana. Y yo sé de lo que hablo.
-Y entonces…quien es…
-El doctor Ernesto Alvarado es la persona con quien te encuentras casada, no con mi amigo.
Durante algunos minutos ninguno de los dos supo que decir.
-Daniela, sé lo difícil que debe ser esto para ti, pero es la realidad. Bernardo Montañana desde hace ocho años está muerto y sepultado.
Le extendió unos recortes de periódico a su interlocutora; ésta comenzó a examinarlos detenidamente.
-Al momento de su muerte, Bernardo radicaba en Toronto, al lado de sus dos hermanos. Al regresar de su trabajo una noche, un conductor ebrio embistió su auto de frente, su muerte fue instantánea, en esa fecha yo me encontraba de vacaciones en ese país, por lo que asistí a su funeral.
El rostro de Daniela denotaba emoción tras otra: desconcierto, duda, decepción, enfado, miedo.
-No puedo creer que mi familia, mi matrimonio, mi esposo son una farsa, algo inexistente.
-Lamento que te enteres de esta manera, pero debía decírtelo. Ignoro que asunto tenga Ernesto entre manos, pero no debe ser algo bueno desde el momento que usurpa una identidad. Cuando coincidimos en el restaurante y lo llamé por su verdadero nombre palideció, y en tono molesto me aclaró que se llamaba Bernardo Montañana. Fue entonces cuando lo investigué y visité tu casa…
-Pero como pudo…me refiero a como logró hacerse pasar por otra persona si demasiada gente los conoció a los dos.
-Las cosas nunca son como parecen. La mayoría de nuestros compañeros eran foráneos y al terminar la carrera regresaron a casa. Realmente la distancia y el poco contacto entre nosotros favorecieron el juego de Ernesto.
Daniela fijó la mirada en otra fotografía.
-No más, Darío, por favor, dime que no es cierto, -interrumpió de pronto, señalando la foto de Gladys- Ella, ella es Florina, mi asistente doméstica.
-No solo eso Daniela. Su nombre es Gladys Santander, y es la esposa de Ernesto.
-Darío, ¿Qué está sucediendo? No entiendo nada, si tu puedes explicármelo hazlo, por favor.
-en verdad quisiera poder hacerlo. Tendrás que ser ahora muy cuidadosa, corres peligro al lado de esos dos.
-No puedo continuar en esa casa Darío, tengo que irme, ayúdame por favor.
-Puedes contar con mi ayuda, pero en estos momentos no es conveniente que abandones tu casa, no sabemos que es lo que trama Ernesto y si te vas nunca lo sabremos, pero mientras permanezcas a su lado no existe la mínima posibilidad de que te haga daño, en cambio si lo abandonas…tu integridad física estará en riesgo.
-No quiero regresar a casa Darío. No sé si voy a poder enfrentar a Bernardo, bueno, a Ernesto, no sé si pueda fingir que ignoro lo que sucede.
-Daniela, por favor, necesito tu cooperación, no solo para poder limpiar el nombre de mi amigo de la basura que haya arrojado Ernesto sobre él, sino también por ti, para que puedas salir sana y salva de esta situación, ¿entiendes la importancia de fingir demencia frente a ellos? Yo traté muy poco a Gladys y era una chica tranquila, pero el amor trastorna y ciega la razón, y el saberla involucrada en algo turbio con Ernesto me deja ver que debe amarlo demasiado. Y esto la vuelve peligrosa.

Continuará...

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