Privadas del Paraíso


Enterado Bernardo de la visita de Darío, aceptó que Daniela lo invitase a cenar la próxima vez que se comunicara con ellos. La primera vez eludió a su colega pero no podría hacerlo siempre. Dentro de esa escena, Darío era el personaje que representaba el peligro, se atrevió a visitar su casa y conversar con su esposa, necesitaba tenerlo cerca, enterarse de cada movimiento que aquél llevase a cabo para así planear la siguiente jugada. Sin fallas, sin errores…

Hasta ese momento, Daniela reparó que no conocía, bueno, conocía de nombre y de vista a algunos de los compañeros de trabajo de su esposo, pero muy poco sabía sobre el pasado y las personas que estuvieron involucradas en la época de estudiante de su esposo.
-Ahora que lo pienso, muy pocas veces habla de sus años de estudiante, quizá eso cambie ahora que Darío y él se han reencontrado…

Por su parte, Darío averiguó el correo electrónico de Daniela, y estaba en contacto con ella tanto como podía. En verdad le sorprendió que su ex compañero de escuela lo invitara a cenar a su casa, en circunstancias distintas se hubiese sentido agradecido hacia él y fuera el comienzo de una verdadera amistad, pero con el incidente ocurrido días atrás evitaba lo más posible esa extraña y repentina invitación, por su seguridad.
-Ese hombre no puede tener buenas intenciones para conmigo, sabe que estoy enterado de su identidad y que trato de averiguar su oscuro secreto. Lo mejor será mantenerme alejado de ellos, o de él por lo menos.

Mantuvo su decisión, pese a esto, buscó contactarse con Daniela, de unas semanas a la fecha no la veía por el chat y no respondía a sus correos, cosa que no le daba buen augurio; por lo mismo, decidió mantener vigilancia buscando el momento y la forma para acercarse a ella.
Al fin una tarde su espera dio resultado: vio a la mujer salir a la calle y abordar un taxi, pensó que mejor sería no hablarle en ese momento, alguien podría verlo y entonces ya no tendría modo de acercarse a Daniela; prefirió seguirla y hacerse presente cuando aquella llegara a su destino.
-Daniela, que tal, soy Darío.
Ella sonrió, gustosa en verlo de nuevo.
-Darío, me alegro de verlo, ha de disculparme por ausentarme del chat, pero es que hemos tenido algunos problemas con el proveedor de la señal de internet y estamos por cambiarlo. Me di cuenta que no intercambiamos teléfonos, por esa razón no tuve los medios para localizarlo.
“Muy conveniente”, fue el pensamiento que atravesó la mente de Darío. No era el momento para hacer conjeturas, debía apresurarse a compartir su investigación con ella, no tenían el tiempo a su favor.
-Tengo algo que decirle Daniela, y es importante.
La mujer lo miró sin saber que contestar.
-No quisiera parecer descortés Darío, pero realmente estoy de prisa, debo volver a casa pronto porque…-advirtió el silencio y la preocupación en el rostro masculino- está bien, creo que no pasará nada con un día que no funcione mi celular. Vamos.

Continuará...

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