Privadas del Paraiso


Las “apariciones” fueron un tema que no volvió a tocar con Bernardo, puesto que la última vez no fue lastimada, no consideró oportuno echar a perder los pocos momentos que ya muy frecuentemente compartía con su esposo. Dándose cuenta Bernardo que su trabajo se estaba volviendo muy absorbente, quiso dedicar todo un día a convivir con Daniela. Almorzaron juntos, fueron de compras, comieron en un centro comercial, luego de esto se encaminaron al cine. Ya en casa, Bernardo la sorprendió con una romántica cena a la luz de las velas: una deliciosa pasta, vino tinto y champagne enfriándose, flores frescas por doquier.
Florina dejó preparado el escenario y se retiró.
-Me siento agotada, fue un día de muchas emociones y ahora casi no puedo sostenerme en pie.
-No, no. No mandé preparar la cena y arreglar la mesa para que se quedé así, siéntate y al menos acompáñame con una ligerísima copa de champagne…
Una rítmica melodía la despertó, recordaba aquella canción, quizá era algún “cover” que escuchó en español. Los parpados le pesaban como acero, pero aún así, durante segundos lograba mantenerse despierta. Estaba en una habitación desconocida, por la suavidad de las sábanas adivinó que éstas eran de seda, despedían un aroma a perfume fino, fragancia unisex tal vez, no conocía mucho de diseñadores de perfumes, por medio del tacto se dio cuenta de que aquella cama era enorme, se movió un poco y siguió palpando con la mano, podría perderse entre sus sábanas. Varias almohadas que a ella le parecieron enormes estaban pulcramente acomodadas en la cabecera, apenas si podía distinguirlas pues la habitación estaba a oscuras, pero frente a ella se extendía un escenario erótico: Bernardo sentado en un sofá, bebía, y una libidinosa sonrisa de satisfacción se dibujaba en su rostro mientras una mujer, dueña de un cuerpo firme y bien proporcionado, se movía semidesnuda al ritmo de aquella música. Bernardo seguía atento los sensuales movimientos de aquel cuerpo.
-¿Qué estoy haciendo aquí? ¿Quién es esta mujer que le baila a Bernardo? ¿Qué está pasando?
No distinguía el rostro de la mujer, pero le bastó los pocos segundos que la observó para darse cuenta que debía ser una prostituta que por dinero ofrecía shows nudistas. Sabía que era normal en los hombres que durante el embarazo y cuarentena de sus esposas, utilizaran el servicio de prostitutas para satisfacer sus necesidades, y por un momento odió estar embarazada, quería la atención de su hombre solo para ella, y deseaba disfrutar y explotar su sexualidad al máximo.
Envidió la cadencia con que la mujer retorcía su cuerpo, cubierta únicamente con tanga y sostén, jugaba levantando y dejando caer su largo y pelirrojo cabello, momentos en que se apreciaban sus axilas afeitadas, miraba al hombre coquetamente, y ya sin inhibiciones comenzó a despojarse de las únicas prendas que la cubrían, y con desnudez total continuo el candente baile sobre las piernas de Bernardo. Pasaron unos minutos antes de que el hombre acariciara la femenina espalda al tiempo que acercaba su rostro para besar aquellos erguidos pezones, la mujer se arqueó lanzando un suspiro de placer.
Daniela deseaba con desesperación deshacerse de su barriga y ser tan sensual y desinhibida como aquella…¿prostituta?
No pudo continuar consiente.
Volvió a despertar al sentir que no estaba sola en la cama. Al lado suyo distinguió recostado a Bernardo, con la bailarina encima, recorriendo el masculino torso con sus labios hasta llegar al secreto lugar del placer, Daniela supo que el show aún no terminaba, Bernardo lanzaba gemidos y se retorcía de sensual bienestar.

-Creí que tus alucinaciones pertenecían al pasado, -fue el reproche que en tono molesto escuchó de Bernardo.
-No sé que me ocurre, o a que se deba esto, pero te aseguro que vi las cosas muy reales, tu y esa desnudista…y yo… los tres…en nuestra cama…
-Estaba seguro de haberte escuchado decir que despertaste en un lugar desconocido para ti.
Hizo una seña afirmativa con la cabeza.
-La recámara estaba oscura, la única ventana que recuerdo haber visto tenía corrida la cortina, una cortina blanca, casi transparente.
-Entonces…ni era nuestra cama, ni estuve con una desnudista, ni muchísimo menos los tres en la misma cama. No soy un depravado sexual. –el enfado cedió el lugar al buen humor- Te escucho decirlo y comienzo a imaginar que estuviésemos filmando una película pornográfica. Ja, ja, ja! Voy a comprar una cámara para grabarnos cuando estemos haciendo el amor, eso será divertido, ja, ja, ja!
Daniela no dijo una palabra, pero al ver a Bernardo riendo, no pudo más que reír junto con él.
-“Quizá tenga razón. Un trío compartiendo la misma cama suena descabellado en personas conservadoras como nosotros. Estas pesadillas están acabando con mi tranquilidad, y si continúo prestándoles atención, acabaran también con mi razón y con mi matrimonio.”

Continuara...

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