Privadas del Paraiso


CAPITULO II
SENSACIONES

Trataba de no pensar en el momento del parto. Se aproximaba ya el séptimo mes de embarazo. Odiaba el dolor. No quería sentir los dolores de cuando se da a luz. Por boca de amigas sabía que esos dolores eran insoportables. Tenía miedo de morir en esa fría plancha de hospital. Conocía de mujeres que debido al esfuerzo por arrojar el producto habían fallecido. Ella no deseaba morir, todavía tenía mucho que ofrecerle a la vida. Y muchas cosas que la señora vida tenía que restituirle.
En esos momentos de miedo y angustia, Bernardo estaba a su lado hablándole de lo avanzado que está la ciencia médica hoy en día, y que ella era una mujer sana y el embarazo marchaba perfectamente, no había nada que temer.
Pero la salud de Daniela se hubo resquebrajado en las últimas semanas: dejó totalmente su trabajo de supervisión en el Beauty Salon, la fatiga y el sueño la volvieron su presa; además la paranoia era su compañera inseparable: se sentía observada hasta dentro de su casa.
Durante esos días, Bernardo participaba en congresos y seminarios médicos fuera del estado, por lo que Daniela estaba sola en casa. Florina era su compañía durante el día, y trataba de mantenerse ocupada leyendo, escribiendo, buscando curiosidades y fotografías en el internet y conversando por teléfono con amigos, pero cuando llegaba la noche, tenía la sensación de que alguien la vigilaba, alguien estaba a sus espaldas, siguiéndola, volteaba lentamente intentando sorprender a su vigilante…y se encontraba sola. Silencio a su alrededor. Solo escuchaba el sonido ahogado de sus pasos y movimientos.
-Sombras. Tranquila, el miedo no es más fuerte que yo.
Florina era muy cuidadosa, al estar Bernardo ausente, cerraba las puertas a las 9:00 de la noche, y revisaba que todas las ventanas y cerrojos estuvieran bien cerrados, por eso, Daniela sabía que nadie extraño podía estar dentro de su casa.

Apenas acomodaba la cabeza en la almohada y caía en profundo sueño; pero esa noche algo ocurrió: sintió a alguien acomodarse a su lado, “Bernardo”, pensó, con ternura le acariciaba el cabello, el roce de unas manos se deslizaba por sus mejillas; y de pronto sintió aquellas manos alrededor de su cuello; acariciando primero, apretando después.
-Pesadilla, horror, -se dijo a si misma intentando gritar, pero únicamente sintió más presión sobre su cuello. Se esforzó en vano tratando de despertar.

La mirada de Miranda comenzaba a exasperarla, altiva, burlona, por un instante tuvo el impulso de abalanzarse sobre ella y abofetearla para hacer que reaccionase. La verdad, esperaba más comprensión de aquella a quien conocía desde niña.
-No fue un sueño Miranda, lo sentí muy real, sea quien haya sido el que me atacó, su intención era matarme.
-Se lo comentaste a Bernardo, supongo.
-Sí, pero también piensa que lo soñé. Mi cuello no tiene marcas, así que no tengo forma de demostrar que fue real. Insiste en que son mis nervios…

Siempre se consideró una mujer valiente, esto la hacía sentirse fuerte, pero a pesar de ello, el temor se hacía presente conforme el día iba acabándose. Si Bernardo se retrasaba o avisaba que llegaría después de las horas acostumbradas a casa, la histeria la invadía; solo se tranquilizaba al verlo llegar. La tarde transcurrió haciendo limpieza entre sus cosas, ordenó documentos, destruyó los que ya no le eran útiles, navegó por internet durante algún rato, se divirtió buscando libros digitales y copió los que consideró interesantes, conversó con sus empleados y con uno que otro de sus amigos que encontró conectado al chat.
El cansancio la hizo mirar el reloj.
-Las 7:50. Basta por hoy. Me daré un rico baño, prepararé algo sabroso para cenar y me recostaré a ver un buen programa de televisión mientras llega Bernardo.
Se sentía demasiado cansada que se entregó por completo al sueño. Medio dormida, buscó a su lado a Bernardo, todo estaba oscuro, sentía que había alguien más en la habitación, frente a ella una figura, que no pudo distinguir si era hombre o mujer, comenzó a decir cosas que no lograba entender. El pánico se apoderó de ella, pero, como la vez anterior, no pudo despertar.
-Dios, ¿que intentan decirme? Y esa voz…me es familiar, pero…¿de quien?

Continuara...

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