Soy a quien quisiste destruir


Capitulo VI

Emilia adulta hizo un paréntesis entre sus recuerdos.
-Siempre dependiente de tu madre. –sonrisa sarcástica- Todavía a tus casi cincuenta años pidiéndole consejo de cómo educar a tus hijas. Es por eso que me odiaste. Porque me odiaste por no ser la hija sumisa que esperabas. Me odiaste porque tus sueños no eran los míos; y porque a pesar de tu oposición yo logré realizar lo que quería.

Emilia estaba ilusionada con ingresar a la escuela preparatoria, su sueño era convertirse en una excelente psicóloga clínica, le gustaba sobremanera ayudar a la gente a encontrar la raíz de sus traumas. En lo personal admiraba mucho a su profesora de Literatura, era psicóloga y en su clase analizaban el comportamiento de los personajes. Esto era lo que más le gustaba a Emilia “y tienes la capacidad y la facilidad para hacerlo” le dijo en cierta ocasión la profesora Eugenia. Por lo que ya tenía decidido que hacer llegado el momento de preparar el ingreso a la Universidad.
Pero Hermila mentalmente ya había vislumbrado el futuro de su hija. “Será contador privado y al terminar la carrera su prima Carmelita la ingresará a trabajar al banco en donde ella es gerente. Y por fin podremos hacernos de una casa nueva y salir de esta pocilga mugrienta. ¿Y porque no? Ya es tiempo que dejemos de viajar en camión y nos echemos la deuda de un carrito. Por fortuna los empleados bancarios tienen excelentes prestaciones. Ojalá que Emilia las aproveche al máximo”.
-Emilia, yo siento que no estás preparada para poder sacar a flote la prepa. He escuchado los comentarios de los muchachos cuando voy en el camión, dicen que están pesadas las materias y les encargan mucha tarea. Creo que es mejor que curses una carrerita técnica, de un año y te pongas mientras a trabajar. Ya hablé con Yazmín la dueña de la óptica y está dispuesta a darte trabajo como su ayudanta por las tardes. Mira, por la mañana asistes al instituto contable y por la tarde te vas a la óptica. ¿Qué dices?
Su madre continúo hablando pero Emilia ya no la escuchaba. Sintió una sensación quemarle el estómago, temblaba de coraje, ¿Por qué se tomaba su madre aquellas atribuciones? Era entendible que deseaba lo mejor para ella pero aquello se hubo pasado de la raya. Soltó el plato que estaba lavando, y los pedazos de cristal se esparcieron por el piso. Hermila conocía el temperamento de Emilia, sabía que sería difícil convencerla de dar marcha atrás si ya hubo tomado una decisión. “Pero todo es por su bien” era la justificación que danzaba en la mente de Hermila.
-Ingresaré a la preparatoria, mi papá está de acuerdo.
-M’jita, pero no vas a poder, hazme caso. Yo sé lo que te digo. Te van a encargar mucha tarea y no vas a tener tiempo para hacerla.
-Quien tiene un por qué encuentra el como. Encontraré la forma de salir adelante, y lo haré porque tengo el compromiso y la obligación ante el comité que me otorgó la beca de obtener buenas notas. Tengo la oportunidad de superarme y la aprovecharé. Ingresaré a la prepa y después a la uni. Quiero ser psicóloga.
La discusión se prolongó más de lo que ninguna de las dos imaginaron. Emilia no cedió ante los argumentos de su madre, quien ya cansada y exasperada por la negación de su hija, comenzó a vociferar y a darle de insultos.
-No eres más que una malagradecida. Nunca debí traerte al mundo.
-Esa cantaleta la he escuchado una, otra y otra vez que ya la sé de memoria. Que si te practicaron una cesárea por mi causa, que si te deformaste el cuerpo por haberte embarazado, bla, bla, bla. Siempre ha existido el aborto. No lo practicaste porque no quisiste.
Furiosa, Hermila se abalanzó sobre la joven, Emilia con sus reflejos rápidos tomó la tetera que estaba sobre la hornilla e hizo un ademán de arrojarla sobre su madre. Hermila se detuvo en seco.
-No más golpes, ya basta. Vas a comenzar a respetar mi persona y a respetar mis decisiones. –Hermila rompió en llanto- Entiende de una vez por todas que yo no soy tú. No tengo tus aspiraciones mediocres, no tengo por que conformarme con estudiar una “carrerita técnica”, no voy a contraer matrimonio con un hombre borracho, desobligado, igual que mi padre. Yo merezco más y voy a luchar por ello. Te guste o no.

Con la mirada vagando por el lugar, recordó todos los momentos desagradables que Hermila se encargó de hacerle pasar mientras duraron sus estudios.
-Aquella visita al Planetario Alfa, como olvidarla, estoy de acuerdo que no teníamos recursos para grandes planes, pero para pagar el costo de un boleto de camión si había, pero te inundaba un placer malsano el causar daño. Que pena sentí cuando todos mis compañeros cooperaron para cubrir mi pasaje, gasto que hasta hoy no les he pagado. También recuerdo aquella invitación que Enrique me hizo para ir a platicar a la cafetería pero llegaste muy oportunamente a la salida de clases para llevarme a casa. Y con las ganas que yo tenía de conocer a Enrique, de salir a platicar juntos, porque me gustaba como yo a él. Vió la expresión de mi rostro y recuerdo que dijo “no te preocupes, otro día será”. Nunca llegó otra invitación. Comprendí entonces que en cierta forma te estabas vengando en mí de todo lo que la vida te quitó: los muchachos que estudiaban en esa universidad eran hijos de gente económicamente estable, guapos la mayoría, y que uno de esos se fijara en mí era como un milagro dada mi apariencia física y mi condición social. Pero no. Tus resentimientos salieron a flote e impediste todo contacto entre ellos y yo. Perdí oportunidades de un buen noviazgo y quizá hasta de matrimonio al permitir tu intromisión en mis asuntos sentimentales. Pero la pérdida mayor fue para tu capital, ya que la cuenta bancaria que iniciaste con diez pesos y de la que esperabas intereses de un millón se canceló y te quedaste sin los diez y sin el millón. Lástima.

Continuará...

Comentarios

CAVA ha dicho que…
Muy interesante, es mi primera vez por aca, pero regresare...!¡!

Bbuen fin de semana.
Un beso.

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