Soy a quien quisiste destruir


Capitulo V

Adolescencia.
Mientras crecía, Emilia fue dominando el miedo que le inspiraba su madre, y no permitía que Hermila tomara decisiones por ella; aunque el precio de semejante rebelión siempre eran tremendas golpizas, las que Emilia se cobraba haciendo todo lo que contrariara o perjudicara a su madre. Y vaya que lo disfrutaba.


Cierto día escuchó que su madre comentaba a la única vecina chismosa con la que tenía confianza:
-Ya estoy hasta la coronilla de tener que mantener a estas tres desgracias escuinclas, y aparte al bueno para nada de Catalino. –profundo suspiro- Tú lo ves comadre, desde que lo desocuparon de la empresa no quiso trabajar y lo poco que trabaja no sé en que lo gasta. Nuestra única esperanza es Emilia, que continúe con buenas calificaciones en la secundaria, y que luego se ponga a trabajar aunque sea de sirvienta, el caso es que ya nos pague lo que gastamos en ella y que nos quite de trabajar a nosotros. Ya estamos muy cansados. Y aparte Catalino está enfermo.
-Comadre, es que cuando ustedes se casaron ya estaban entrados en cierta edad.
-Sí hombre, yo no deseaba tener huercas, pero éste se empeñó en que si. Y para que ahora no trabaje y me deje sola con el paquete. Y aparte Emilia es rebelde y contestona, -un silencio- yo no era así con mami, al contrario, la procuraba y la seguía a todas partes. Emilia no es así conmigo; al contrario, le molesta que le escoja la ropa, que la acompañe a donde va, que opine sobre sus amistades. Peleamos a cada rato y por cualquier insignificancia.
-Yo estoy en la misma situación, es que ahora las muchachas no quieren que nos metamos en su vida, creen no necesitar de nuestros consejos.
-Si pero –la voz empezó a quebrarse por el llanto- es por su bien, quiero que sea una muchacha decente, que no de pie para que hablen de ella. Que se case con un buen tipo que tenga posibilidades de mantenerla para que ella no trabaje más.
-Ese deseo lo tenemos todas las madres, pero al final son nuestros hijos quienes toman la decisión. Equivocada o no pero es su decisión.
-Que distinta sería mi vida si la estúpida de mi hermana Maga no hubiese ocasionado que papi vendiera todo y nos quedáramos en la calle. No estaría pasando yo por todos estos problemas. Casada con un tipo al que ni siquiera quise, solo por tener quien me mantuviera, cuando hubo otros que realmente sí llegaron a interesarme y tenían los recursos para que yo no pasara privaciones económicas. Mi grandísimo error creer que Catalino era un hombre emprendedor, que tenía la voluntad y el interés para sacar adelante una familia.
Pero todo me salió al revés y soy yo quien lo mantengo a él.

A raíz de ese comentario Emilia comenzó a entender cual era su “misión”: trabajar como esclava para poder… no, no era esa la palabra; estaba obligada a recuperarle a su madre la posición económica que ésta perdió mucho antes de que ella naciera.
-“Ahora entiendo porque siempre esa manía de que mis uniformes sean largos y las tobilleras hasta la rodilla. No quiere que ningún chico se me acerque, siente que si tengo novio eche por la borda los planes que tiene para mí. Aunque en realidad los planes no son para mí, sino para ella. Dios! Hay veces en que no la soporto. No soporto ese tonito en que me dice “m’ijita, m’ijita,” y con ese m’ijita me jode!

Continuará...

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