Soy a quien quisiste destruir


Capitulo II

Catalino y Hermila
Ella nació en 1970, dentro del matrimonio formado por Catalino Lara, un aprendiz de mecánico y Hermila Gómez, una mujer dura, cruel, que toda su vida se desempeñó como empleada doméstica. Ambos provenían de familias acaudaladas. La familia de Catalino vivió la época revolucionaria en su natal San Luis Potosí; perdiendo todos sus bienes durante los disturbios, razón por la cual doña Hortensia Lara tomó las poquísimas pertenencias que logró esconder de los saqueadores y junto con sus 10 hijos emigró hacia la cuidad de Monterrey Nuevo León para iniciar una nueva vida. Al perder todas sus riquezas aprendió que tenían que comenzar de nuevo; que no se quedarían sentados, derrotados, viendo solo como los demás lograban salir adelante. Ella fue ejemplo de lucha y supervivencia y quiso que sus vástagos se enseñaran a ganarse la vida trabajando honradamente, que continuaran sus estudios y se hicieran hombres de provecho. Pero las cosas fueron muy distintas de cómo ella las planeó. La herencia que amorosamente quiso dejarles fue repudiada, en cambio, acogieron con gusto la que su finado padre les enseñó en vida: la borrachera y la juega.

Hermila Gómez fue la cuarta hija de uno de los ganaderos más prominentes del municipio de Dr. González. Sin embargo, cuando la niña apenas contaba con seis años de edad, improvisadamente de un día para otro le dijeron que ya no asistiría a la escuela, que se despidiera de sus amiguitos pues la familia ya tenia una nueva casa en otra ciudad y se mudarían para allá. En la mente infantil de Hermila se dibujó una vida de ensueño: buena ropa, abundante comida, una escuela diferente y amigos nuevos, doncellas que le cumplieran hasta el menor capricho. Estaba acostumbrada a todo eso. Pero oh sorpresa! Nada fue como ella lo esperaba: lo cierto era que la hermana más pequeña de Hermila enfermó de gravedad y tuvieron que trasladarse a Monterrey para darle atención médica. Para costear el tratamiento, sus padres se vieron en la obligación de vender todas sus propiedades casa, animales, cosecha y valiosísimas alhajas que eran herencia de los antepasados de sus progenitores. Sin ningún recurso económico de que echar mano para regresar a su terruño, tanto sus padres como ella y sus hermanos más pequeños se vieron obligados a desempeñar diversas clases de trabajo para poder subsistir en aquel mundo hasta entonces desconocido para ellos. Fueron incontables las veces que tuvieron que dormir en la calle y tener por cobijas catones sucios. Algunas veces lograba la familia ser aceptados como empleados en una casa y disfrutar de tener techo y comida seguros, pero el gusto les duraba poco tiempo debido al carácter conflictivo y agresivo de los hijos mayores Gómez. De esta manera, los niños quedaron sin oportunidades para superarse profesionalmente.

Catalino y Hermila se conocieron porque vivían en la misma cuadra. En aquel barrio de clase baja abundaban las casas en obra gris y las calles aún sin pavimentar; con una hediondez a drenaje flotando en el ambiente, un concierto de ruidos provenientes de máquinas maquiladoras era la música que todo el día se escuchaba por la calle. Colonia donde el común denominador de la gente eran los empleos mal pagados y con largas jornadas. Los más de los vecinos de aquellos años tenían hijos adolescentes, a quienes procuraban heredarles una buena calidad de vida. A otros cuantos poco les importaba la calidad de vida o la educación de sus descendientes. Después de un largo noviazgo de siete años, Catalino y Hermila lograron casarse. Se dice “lograron” porque la mamá de la novia veía en su hija mayor su “salvación monetaria” y por lo mismo no permitió que tan fácilmente se le fuera. Habiendo agotado todas sus argüicias, no tuvo otro remedio que dejar en libertad a su “grandota”, como “cariñosamente” llamaba a Hermila. Corría el año de 1968, él contaba con 41 años y ella con 28; en una sociedad donde las mujeres ya debían estar casadas y con al menos un hijo a los 21 años, ambos estaban considerados ya unos solterones.

Luego de dos años de “feliz” matrimonio, llegó al mundo la primogénita de la familia Lara Gómez, una niña a la que llamaron Emilia.

Continuará...

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