Dulce Victoria


Capítulo XI


Maryjose se encontró de pronto demudada por la sorpresa. Nunca imaginó siquiera que Arturo estuviese enterado que tenían un hijo. Desde aquel día que se despidieron en el restaurante, poco más de 3 años atrás, ella no volvió a saber de su vida y evitó toda conversación que estuviera relacionada con su nombre. Ni por curiosidad intentó indagar sobre su antigüo amor. Regresó a su asiento sin emociones reflejadas en su semblante.


-Ignoro a que te refieres, pero entre nosotros no puede haber relación alguna. Nunca. Entiéndelo. Lo “nuestro”, sí alguna vez existió algo realmente nuestro, acabó aquella tarde en el restaurante de Monterrey. Después de ese día no hay más nada posible entre nosotros, ni siquiera una amistad.


Arturo rió.


-Por favor María José, no me trates como un tonto porque no lo soy. –ahora su voz sonaba dura- Vivimos una relación sexual maravillosa, satisfactoria para ambos, y soy lo suficientemente inteligente para saber que engendramos un hijo, un niño hermoso, Daniel Serrano; que de Serrano no hay ni la milésima parte de sangre en sus venas.


Esto dejó aún más anonadada a María José. ¿Desde cuándo Arturo estaba enterado de la existencia de Daniel? ¿Y cómo sabía detalles de sus vidas? Más claro no podía ser : de alguna manera éste siempre estuvo cerca de ella, vigilándola sin que ella remotamente lo pensara; tal como una fiera acecha a su presa, esperando el momento más oportuno para saltar sobre ella y hacerla pedazos.


En cuestión de minutos logró comprender las intenciones que aquel hombre tenía, ya no para con ella, sino para con Daniel, ese pequeño ser que les cambió la vida a ella y a Mauricio. Sonreía burlonamente al decir:


-A mi hijo no lo involucres en esto- contestó calmadamente- Él es ajeno a tu vida y a tus problemas.


-No, él y tú son mi problema, él es mi hijo y tú su madre. He venido para llevarlos conmigo.


Los labios de Maryjose conservaban esa cínica sonrisa.


-A ver si entendí bien, -contestó la chica- tú estás convencido de que mi hijo Daniel también es tuyo? –hizo un movimiento negativo con la cabeza- De ser así no te habrías librado de mí tan fácil. No sabes cuanto lamento sacarte de tu error, -dejó escapar una risita burlona- Daniel no tiene nada que ver contigo, él es hijo de Mauricio y mío.


Arturo bebió de su café tranquilamente, sin dar importancia a lo que acababa de escuchar.


-Siete meses después de nuestra separación te casaste. Y dos meses después nació Daniel. Nueve meses. No soy tonto Maryjose. –acercó su rostro hasta casi tocar el de ella, y con una voz muy suave, casi inaudible, susurró- Yo soy el padre de Daniel.


-Las cosas nunca son como parecen, -fue la respuesta de la muchacha y en sus labios continuaba aquella cínica sonrisa.


-Que intentas decir? Acaso…..ya estabas embarazada cuando tuvimos relaciones?


Maryjose no contestó, el rostro de Arturo palideció y por un instante no articuló palabra alguna.


-Pues no te creo, Mauricio siempre fue un imbécil, el perfecto caballero, incapaz de mirarte siquiera de forma insinuante. Y tú una mujer educada dentro de una familia demasiado conservadora, con valores éticos y morales. Tú nunca tuviste intimidad con Mauricio, no al menos antes de mí. De eso estoy completamente seguro.


-No existe la perfección. Hasta el caballero más respetuoso y la dama conservadora caen en tentaciones, no se te olvide. –tomó su bolso y se levantó, y antes que Arturo pudiese decir algo ella advirtió- Regresa con los tuyos y olvídate de nosotros, por ningún motivo vuelvas a acercarte a mí, no permitiré que le ocasiones daño a mi familia. Lamento mucho que no seas feliz.


Se alejó, Arturo permaneció inmóvil, las palabras de Maryjose se clavaron como alfileres en sus oídos.


-“Miente, no sé por qué pero lo hace. Y si piensa que con ese cuento me va a dormir se equivoca. Un modo encontraré para averiguar la verdad”.



A unas cuadras antes de llegar a su casa, Maryjose detuvo el automóvil, los nervios la dominaron, estaba furiosa, intentó comunicarse con Mauricio vía celular pero no pudo discar el número. Sus manos temblaban, lanzó el teléfono al asiento y golpeó el volante en un arranque de desesperación.


-“Tranquilízate Maryjose, no pierdas la calma, no estás sola. Mauricio y tú saldrán limpios de este problema, solo confía en ustedes”.


-No hay por qué temer, -le confió Mauricio- él va a irse como llegó : con las manos vacías. –la miró fijamente, para luego proseguir- A menos que tú decidas lo contrario.


-Te refieres a…….


-A que permitas que Daniel conviva con él, a permitir que Arturo se acerque a ustedes, -caminó hacia la ventana, y de espaldas a Maryjose le dijo a ésta- Ahora tienes libre el camino a su amor, si quieres hacer vida a su lado aún estás a tiempo de hacerlo. –se volvió hacia ella.


Maryjose estaba estupefacta, lo que menos esperaba escuchar de Mauricio era precisamente eso: le devolvía la libertad para hacer vida junto a Arturo.


-No puedo creer que estés diciendo eso, yo…..


-Maryjose, ambos sabemos que los que sientes hacia mí no es amor, me lo dijiste muchas veces, -sentándose al lado de ella continúo- Tú lo amas a él, ahora eres correspondida. Piénsalo, y haz lo que tengas que hacer, la oportunidad es única y el tiempo no espera. Incluso, creo que será mejor que pases unos días en casa de tus padres; en territorio neutral te será más fácil aclarar tus sentimientos, no me verás ni escucharás, es la mejor manera que podrás decidir que vas a hacer.


-Pero…..


Hizo un ademán y la obligó a escucharlo.


-Prepara tus maletas, los llevaré ahora mismo.


Continuará…

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