Dulce Victoria


Capítulo XIV


Decisión Final


La pareja caminaba nerviosa de un lado a otro del pasillo de la Corte; que después de haber recibido los resultados de las pruebas solicitadas entró en receso durante 30 minutos, después daría el veredicto final; los acompañaban Federico y Beatriz.


-Tranquilos muchachos, confíen en Javier, pero sobre todo confíen en Dios. –Beatriz abrazó a su hija.


-Yo confió en mi abogado, -se adelantó a decir Mauricio y si voz no sonaba del todo convencida- pero por lo que sé, Javier Garza es un tipo recién graduado, estos son sus primeros casos, puede cometer algún error y……- no terminó la frase- incluso creo que es más joven que yo, ¿Cuántos años puede tener? ¿25? ¿26 a lo mucho?


Justo en ese instante, Javier se acercaba a ellos. Piel blanca, facciones finas, ojos color miel, en su rostro había siempre una aire de solemnidad que lo hacía ver enigmático. Maryjose y Mauricio al verlo nunca sabían que les diría.


Ataviado con un traje color gris, camisa celeste y corbata azul, maletín en mano, se acercó a sus clientes. Dibujó en sus labios una amplia sonrisa.


-Dentro de 10 minutos se reanudará la sesión- los miró a todos- ¿Listos para el veredicto final? –nadie respondió- Vamos señores, solo faltan 10 minutos para que la pesadilla del Lic. Mercader termine para siempre. –Federico, Beatriz, Maryjose y Mauricio intercambiaron miradas entre ellos. Como el silencio no se rompía, Javier dió unas palmaditas en el hombro de Mauri.- Confíen en mí.


Los instantes de máxima angustia para Maryjose y Mauricio fueron cuando el Juez Bishop tuvo entre sus manos los resultados de las pruebas de ADN y los leyó en silencio; luego, mirando fijamente a los abogados de ambas partes, se dispuso a continuar.


-Y bien, el motivo por el que estamos aquí reunidos es para aclarar un reconocimiento de paternidad. –los miró nuevamente a través de las finas monturas de sus anteojos, y con el papel aún en mano continuó- Basándome en la evidencia sanguínea que fue solicitada por el demandante y realizada al pequeño Daniel Serrano, así como a los señores Serrano y al señor Mercader; encuentro que el padre biológico del niño es el señor Mauricio Serrano.


Por un momento el silencio y el desconcierto reinaron en la sala; podía escucharse la respiración agitada de los presentes.


María José buscó los brazos de Mauricio, emocionada, apenas podía contener el llanto; Mauricio a su vez lanzó un profundo suspiro, cerrando los ojos durante unos segundos pensó “al fin las aguas vuelven a su cauce, se terminó esta pesadilla”.


En contraste, Arturo era invadido por la sorpresa; no era ese el resultado que esperaba; y la frustración de sentir perdido algo que estaba seguro le pertenecía iba creciendo en él. Le decía algo a su abogado, luego de esto, el abogado solicitó al juez poder acercarse al estrado.


-Señor Juez, sin que parezca una falta de respeto, me gustaría ver el resultado de las pruebas de ADN; mi cliente no está conforme con el veredicto.


-Cree usted que estoy mintiendo? –dijo el juez Bishop en tono molesto y mirando con ceño al abogado que estaba frente a él.


-No Señor Juez, lo único que desea mi cliente es estar totalmente seguro que no se haya cometido algún error.


-Ningún error se ha cometido en este caso, regrese a su lugar. –ordenó con cierta dureza en su voz, el abogado de Arturo regresó junto a éste.- Estando ya enterados del veredicto, procedo a declarar el caso cerrado. –dicho esto, de inmediato martilló en su escritorio. Se levantó y salió.


Arturo se acercó a Maryjose y Mauricio.


-Los felicito, no sé como lograron engañar al juez, pero todos sabemos que Daniel es mi hijo. Espero que muy pronto su conciencia los obligue a decir la verdad. –los miró con odio, luego se marchó.


Esa misma noche, la familia Serrano celebró esa victoria con una cena especial; su invitado de honor fue el hombre quien les devolvió la tranquilidad: Javier Garza.


Terminada la cena, Mauricio y Javier salieron al jardín, Mauri preguntó, no pudiendo aguantar más la curiosidad:


-Debo confesar que no confié en ti plenamente, y sin embargo no sé como hiciste para…..


-Sabía que más tarde ó más temprano llegaríamos a este punto.- Javier calló un momento- fue una casualidad que el Juez Bishop fuera el encargado del caso, él y mi padre son amiguísimos desde hace muchos años. Y por él decidí ser abogado, y muchas cosas que hoy sé y pongo en práctica las aprendí de él. Reconozco que me aproveché que le debía (el juez) un gran favor a mi padre, que es médico, para pedirle que me ayudara en este caso. Al principio se mostró renuente, pero le ablandé el corazón hablándole de la maravillosa familia que podría destruirse si no me ayudaba. Y si hay algo que él venere en este mundo aparte de Dios es la familia. “La familia es algo sagrado”, algunas veces le escuche decir esto. Y me aproveché de este pensamiento.


Mauricio guardó silencio, no sabía que decir.


-Por cierto, -continuó Javier al tiempo que sacaba un sobre del bolsillo de su saco- Esto te pertenece, -le extendió el sobre a Mauricio, quien lo abrió cautelosamente; y después de terminar de leerlo esbozó una sonrisa y lo guardó, regresándoselo a Javier.


-Puedes quedártelo, es tuyo, -reafirmó el abogado.


-No me interesa conservarlo; lo que dice ese trozo de papel lo he sabido siempre. Mi esposa me lo dijo desde un principio.


-Perfecto. –sacando un encendedor Javier prendió fuego al documento- aquí va la verdad. –dejó caer al suelo el papel, ambos miraban como el fuego lo reducía a simple ceniza.


Como dos cómplices que pactan guardar un secreto para siempre, intercambiaron miradas y sellaron aquel pacto con un apretón de manos.


En tanto, en una de las más transitadas avenidas de Monterrey, las corporaciones de auxilio atendían a las víctimas de un estruendoso choque: el sonido de las sirenas y las luces roja y azul de las ambulancias y patrullas rompía la tranquilidad de la noche, mientras los oficiales buscaban documentos que ayudaran a identificar a los sobrevivientes de un vehículo; los paramédicos luchaban desesperadamente por salvar la vida del conductor responsable del accidente. Su lucha fue en vano: Arturo Mercader había dejado de existir.


Continuara…

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