Dulce Victoria


Capitulo XII


Al regresar a su casa, Mauricio sintió el hiriente frío de la casa vacía, estando los tres juntos era grande, pero sin Maryjose y sin Daniel era enorme. No sentía hambre, se retiró a su habitación y se dejó caer sobre la cama, vestido. Sintió humedecer sus ojos al recordar a los dos seres que más quería y que ahora una mala jugada de la vida los alejaba de él.


Fue la noche más larga que tuvo en los últimos años.


Los días consiguientes fueron un tormento para ambos: Mauricio estaba deprimido, se sentía desesperado, deseaba ver a su esposa y a su hijo, pero se contenía.


-“No los buscaré, si ella decide regresar con Arturo éste período de prueba no habrá sido en vano, me será menos doloroso si ya me voy acostumbrando”.


En un principio, Maryjose no sabía que iba a decirle a sus padres; pensó en inventar alguna mentira, reflexionó y decidió hablar con ellos sobre el verdadero motivo.


Extrañaba a Mauri, los tres años vividos a su lado habían sido extraordinarios; le gustó despertar a su lado todas las mañanas y acompañarlo a desayunar, luego el trajín de estar al pendiente de su casa y del pequeño, apenas si tenía tiempo para retomar de vez en cuando sus anteriores actividades. Por la noche le gustaba abrazar a Mauri hasta quedarse dormida. ¡Que sensación de protección le brindaba aquel abrazo!! Y que bien se estaba entre los brazos de aquel hombre!! Extrañaba aquellos sábados y domingos de paseo familiar, en el campo. Le divertía observar a Mauri corriendo tras Daniel tratando de alcanzarlo. Y las risas de los dos juntos.


Cuanto extrañaba todo eso!!


Federico y Beatriz apoyarían su decisión cual fuese.


Como lo hiciera tres años atrás, sacó del baúl de los recuerdos su balanza, y en un lado colocó su pasado: Arturo. Su amor de preparatoria, momentos de dulces sueños y la sensación de caminar sobre nubes y volar. Alcanzó efímeramente la gloria del amor, más tarde los sueños se convirtieron en pesadillas y despertó bruscamente al saber que iba a ser mamá. Del otro lado colocó su presente, Mauricio, y su futuro: Daniel. Juntos éstos dos el peso era demasiado fuerte. Mauricio fue la luz que brilló al final del túnel oscuro en el que tuvo que caminar cuando Arturo, por segunda vez en la vida, se permitió dejarla a un lado de su vida. Mauricio significaba para ella apoyo, compañía, y amor desinteresado, el que nunca recibió por parte de Arturo. Daniel en cambio, era una parte de su ser, la personita por quien ella se comprometió a triunfar y a quien dedicaría sus victorias. Por él se esforzó en formar un matrimonio con un hombre a quien quería como un hermano. Y las cosas funcionaron de maravilla para los tres. Ahora, cuidaría para que su felicidad no se desmoronara.


La nostalgia se volvió su compañera inseparable durante los últimos días. Esa tarde estaba sola; Daniel pasaría esa noche en casa de la tía Mildred, y Federico y Beatriz continuaban en la oficina, no aguantó más la tristeza que despertó en ella todos sus recuerdos; así que decidió llamar a Mauri.


-“Necesito saber al menos como se encuentra”.


De sobra sabía que aún no llegaba a casa, telefoneó a la oficina, nadie contestó. El último intento: marcó su número celular.


El teléfono sonó varias veces, iba a darse por vencida cuando del otro lado de la línea contestó una voz femenina, una voz que no conocía, por cierto. Colgó sin decir palabra.


Pensamientos confusos atravesaron su mente: no supo exactamente que sintió al escuchar aquella voz: ¿enfado? ¿celos tal vez? Sí. Esto último debió ser. Nunca imaginó que Mauri pudiera mirar siquiera a otra mujer, lo sentía tan suyo, estaba tan segura de él, que su mente no concibió jamás semejante idea. Fue entonces cuando se dió cuenta de su amor por él; supo que no deseaba perderlo ni cambiarlo por alguien más: en su momento Arturo fue la persona más importante para ella sobre el planeta, no tuvo ojos ni pensamiento para alguien más que no fuese él. Pero eso fue años atrás; ese tiempo ya lo había guardado en una caja y enterrado muy profundamente; Mauricio en cambio era su presente y su futuro, si su relación funcionó bien con respeto y admiración, ahora con amor sería mejor.


-“No hay más que pensar, sé que es con Mauricio con quien deseo compartir el resto de mi vida, regresaré a su lado, me necesita. Y yo a él”.


El regreso al hogar fue como empezar de nuevo para ambos, ella se sentía afortunada de tener a su lado a un hombre íntegro como Mauricio, y valoró mucho el haberse dado cuenta de su amor por él. A su vez, Mauricio creía estar viviendo un sueño del que despertaría cuando menos lo esperase, pero con el paso de los días se convenció de que el amor de Maryjose por él era real. No había más que desear. Estaba completo física y emocionalmente.


Las semanas que siguieron fueron un tormento para los Serrano del Villar. Sin saberlo ellos, Arturo rentó un departamento en Puebla con el objetivo de dividir su tiempo entre el trabajo y la pelea legal por la paternidad de Daniel; cosa que desagradó profundamente a los padres de Maryjose y desconcertó a los de Mauri, quienes se mantuvieron al margen del asunto, aunque por su hijo estaban enterados bajo que circunstancias se casaron Mauri y Maryjose, éstos no tenían motivos en contra de su nuera, sabían que como persona era excelente, y como esposa y madre era una de las pocas mujeres modernas para quien primero están las obligaciones con su familia; pero les preocupaba (y enfadaba) el ver a su hijo involucrado en un escándalo de ese tipo.


-“Habiendo otras mujeres libres y sin capítulos oscuros en su pasado, Mauricio escogió a alguien que quizá lo perjudique en su carrera profesional. En fin, esperemos que esto no lo lleve a la ruina”. –fue el pensamiento que cruzó por la mente de Eugenia Serrano.


Quienes también recibieron una sorpresa al conocer esta noticia fueron Victoria y Agustín, por un lado estaban contentos al saber que quizá tendrían un nieto, aunque católicos devotos como eran, le reprochaban a Arturo que ese hijo no fuese de su legítima esposa.


-“Que le vamos a hacer, -había dicho Victoria justificando en cierto modo la actitud de su hijo- Nadie somos perfectos, y si ese niño lleva nuestra sangre, lo más normal será conocerlo y convivir con él. Y en cuanto a María José no tenemos nada en su contra, y será bien recibida en nuestra familia, claro, si ella lo desea así”.


Continuará…


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