Dulce Victoria


Capitulo X

La ceremonia civil fue muy íntima, solamente estuvieron presentes los padres y hermanos de ambos novios, la boda religiosa quedaría pendiente.
Al término de la cena, mientras la escasa concurrencia felicitaba y charlaba con la novia, Beatriz llevó a Mauricio a un rincón apartado, no quería que su esposo ó sus hijos escucharan lo que iba a decirle.
-Mauricio, me dá mucha alegría que por fin pertenezcas a mi familia, y te doy las gracias de que ayudes a mi hija de esta manera. –el muchacho miró a su suegra sin comprender del todo lo que terminaba de decirle- No me mires así, lo sabemos todo; bueno, mejor dicho lo intuímos; mi hija fue muy reservada en cuanto a éste asunto y nosotros respetamos su decisión. Pero no somos tontos, sabemos por el tiempo de gestación de ese niño que tú no puedes ser su padre, sin embargo queremos que lo seas. Su madre y él estarán muy orgullosos de ti. –lo abrazó y depositó un beso en su mejilla- Anda, regresa con lo demás, no quiero que noten que nos hemos escondido.
Mauricio le dirigió una tierna sonrisa y encaminó sus pasos a donde su ahora esposa lo esperaba.

-“No tenemos que vivir juntos si no lo deseas” –le dijo Mauricio unos días antes de su enlace, pero Maryjose decidió que su matrimonio sería como cualquier otro: compartiría con su esposo un hogar propio y enfrentarían los altibajos de su relación, inclusive la crianza de los hijos…..

Si bien los primeros meses la convivencia fue armoniosa, después del nacimiento del pequeño Daniel ésta se tornó más íntima. Maryjose nunca se sintió tan cerca de alguien como en ese momento de Mauricio, siempre tan al pendiente de ella, colmándola de atenciones y detalles, cosas que la chica jamás terminaría de agradecer.
-“Casarme con él ha sido el mayor acierto en mi vida, y estoy segura que los tres vamos a ser muy felices”.

El tiempo transcurrió rápido, pronto celebrarían su tercer aniversario de bodas, junto con el también tercer año de vida del feliz Daniel.
Esa mañana, regresaba Maryjose de dejar a Mauricio en el despacho, había descendido del vehículo cuando oyó mencionar su nombre.
-“Esa voz…..no, no puede ser quien estoy imaginando”.
Por el reflejo en el vidrio de la ventanilla vió claramente el rostro del hombre de quien se despidió tres años atrás. Estaba de nuevo en su vida, solo bastaba volverse para estar de nueva cuenta frente a él.
Giró lenta y torpemente.
-Hola Maryjose, ¿cómo te encuentras? Quiero decir ¿cómo estás? –Arturo sonreía, sereno, a él no le afectaba en lo más mínimo ese encuentro.
-Excelentemente bien, solo que…..no sabía que estuvieses aquí…..además….dí por hecho que nunca nos volveríamos a ver. –había en su voz un dejo de rencor.
Ignorando este comentario, Arturo explicó:
-Es un viaje relámpago, llegué apenas hace un rato, y además nadie sabe donde estoy.
Después de un incómodo silencio, Maryjose agregó con tono despreocupado:
-Disfruta tu estancia en la cuidad, y cuando te marches cuídate mucho. –encaminó sus pasos hasta la puerta de su casa y se volvió para decirle- Adiós.
-Maryjose, espera por favor. –la alcanzó antes que ella lograra abrir la puerta- Necesitamos hablar. ¿no quieres saber por qué estoy aquí?
-La verdad, no me interesa lo que hagas o dejes de hacer, -su tono era duro- Y este lugar es prohibido para ti, no debes ensuciarlo con tus pies.
-Lo sé perfectamente, pero necesitaba localizarte donde fuera. Por favor, hablemos. Vayamos a un sitio, escoge tú.
La muchacha dudó durante algunos minutos; en otras circunstancias su respuesta inmediata habría sido “sí”, pero ahora lo pensaba detenidamente, cualquier equivocación podría ocasionarle que la tranquilidad de que disfrutaba en su matrimonio se viese, si no en peligro, al menos empañada. Y eso era lo que menos deseaba.
Se dirigió a su automóvil, deteniéndose antes para echar un rápido vistazo a la puerta de su casa, alegrándose de que no hubiese miradas acosadoras en la calle.
-Muy bien, sígueme en tu auto.
Arturo obedeció. Maryjose condujo alejándose lo más posible de su casa, se internó por calles solitarias para evitar encontrarse con algún rostro conocido, “aunque nada sucederá si esto llegase a ocurrir, este asunto lo hablaré con Mauricio hoy mismo”, pensaba para sus adentros.
“Es lógico que no quiera encontrarse con rostros conocidos, después de todo ya no es completamente libre y este encuentro puede resultar ser un problema para ella, y entiendo que trate de evitarlo” –fue el pensamiento de Arturo.
La muchacha escogió un modesto pero limpio y confortable restaurante, ubicado en una colonia muy conocida y no precisamente por las buenas cualidades de sus habitantes; la gente que allí se encontraba a esa hora de la mañana era en su mayoría jóvenes estudiantes, Maryjose recorrió el lugar buscando una mesa, la mayoría se encontraban ocupadas, por fin sus ojos se posaron en una que estaba al final del pasillo, cerca de la cocina.
“Es el lugar perfecto, ahí podremos charlar con tranquilidad” –fue el pensamiento que asomó en ambos.
Mientras retiraban los trastos que dejaron los anteriores comensales, Maryjose observaba a su alrededor para evitar sentirse aturdida por la mirada de Arturo; por la amplia ventana observó que se encontraban justo enfrente de una universidad, “he aquí la causa de por qué a esta hora de la mañana es difícil encontrar mesas disponibles en este cafecito: los estudiantes vienen aquí a almorzar antes de sus clases”.
Su mirada se detuvo en una mesa que estaba ocupada por una pareja, a Maryjose se le antojó que quizás fuesen novios y compartiesen el mismo horario de clases; “seguramente ahora estudiarán para algún examen ó realizarán alguna tarea de grupo”, pensó para sí. En su memoria el tiempo dio marcha atrás: se vió ella años antes, en la cafetería de la universidad, sentada al lado de Arturo preparando la clase que expondrían más tarde ante sus compañeros y maestros; tomando café negro, sin azúcar y un sándwich de jamón, rodeados de gente y al mismo tiempo tan aislados de los demás, oyendo sin oír las voces y risas a su alrededor. Únicamente existían ellos dos, él tan amable y gentil como siempre, y ella tonta, inútilmente enamorada, esperando con paciencia que su amor fuese correspondido. Recordó también el día que decidida a terminar con la espera, se armó de valor y le confesó sus sentimientos a Arturo; obteniendo por respuesta un distanciamiento físico y emocional, el cual supo manejar frente a los demás, pero en su interior se sentía como una niña abandonada, necesitada de alguien que la protegiese y cuidase, además de brindarle ternura y afecto. “Lo que son las cosas: yo enamorada de Arturo, éste enamorado de Selene, y ella pensando solo en las metas que se propuso alcanzar, sin importarle en lo más mínimo los sentimientos que ha despertado en él”.
¡Cuántos recuerdos despertó en ella aquel sitio! Situaciones y palabras que le costó mucho esfuerzo dejar guardados en el tiempo, y ahora, en el momento menos esperado y más inoportuno, salían a relucir del “clóset” de su memoria; ocasionándole cierta dosis de dolor, haciendo resurgir de su corazón un coraje y un rencor que ya había desahogado de mil formas. Y ahora todo eso estaba nuevamente ahí. Frente a ella. Junto con el hombre que había sido la causa de su infierno.
Arturo pidió café, Maryjose un jugo de naranja, mientras preparaban sus bebidas volvió a establecerse entre ellos un incómodo silencio. Arturo advirtió el nerviosismo de su compañera, por lo que se apresuró a decir:
-A esta hora es difícil encontrar lugar en cualquier restaurante, esperemos que no se tarden en servir. –comentó Arturo, y en sus labios apareció la encantadora sonrisa que alguna vez cautivase a María José.
La mirada de Maryjose se paseaba por todo el lugar, hasta que por fin decidió enfrentar la mirada de Arturo.
-Dicen por ahí que al mal paso darle prisa, ignoro que fue lo que te impulsó a buscarme repentinamente, pero quisiera que lo hablásemos de una vez.
-Es un poco difícil decirlo así como así, -Arturo lanzó un profundo suspiro y el silencio volvió a reinar entre ellos- Maryjose, durante estos tres años, -la presencia del camarero lo obligó a callar un instante, se llevó la taza de humeante café a los labios y antes de dar un trago se detuvo para mirar a María José y decirle: - como en los viejos tiempos, ¿recuerdas cuando tomábamos el café negro y sin azúcar? –la chica solo curvó su boca en un gesto que intentaba ser una sonrisa; mientras en su cerebro resonaban las palabras dictadas por su dolido corazón “Cómo olvidarlo, si eso fue el comienzo de un amor muy amargo”.- María José, quiero que sepas que estos tres años no han sido fáciles para mí. Mi matrimonio con Selene fue un fracaso desde le principio.- la chica lo escuchaba haciendo un ademán negativo con la cabeza- Creí que con el tiempo acabaría amándome y olvidando a Rodrigo, pero no fue así. A pesar del tiempo que estuvieron separados ellos nunca dejaron de amarse.- dió otro trago a su café y se pasó la mano entre el cabello- Cuando tú reapareciste en mi vida, me invadieron sensaciones que hace muchísimo tiempo no sentía; y las disfruté. La última vez que nos vimos, nuestra despedida, me porté muy indiferente contigo; la verdad, no sabía exactamente cuales eran mis sentimientos hacia ti, y por otro lado me negaba a perder a Selene, a quien siempre consideré el amor de mi vida.
Maryjose lo escuchó hasta el final, sin interrumpirlo, y mucho menos lo cuestionó respecto a sus decisiones, permaneció callada con esa actitud indiferente que había aprendido a poner de barrera para no ser lastimada nuevamente.
Después de unos minutos que a Arturo le parecieron una eternidad, la joven respondió:
-No entiendo a donde quieres llegar Arturo, -contestó Maryjose en tono de fastidio- Si viniste hasta acá para desahogar tus penas conmigo has perdido tu tiempo. –se puso de pie- Discúlpame, debo irme. Si mi esposo llama a casa y le dicen que aún no llego se va a preocupar.
Arturo se levantó también y la tomó por el brazo.
-Por favor, escúchame, aún no te he dicho lo más importante. –Maryjose quiso decir algo, pero su amigo no le dio tiempo para ello- Por favor. –le señaló la silla.
Cuando ambos estuvieron nuevamente sentados, Arturo continuó con su historia.
-Mi relación con Selene fue empeorando cada día más, hasta que por fin comprendí que hiciera lo que hiciera ella no me amaría, así que…..-guardó silencio unos segundos, con la mirada perdida en el vacío, finalmente terminó de decir- La dejé libre. Selene y yo nos divorciamos hace poco más de un año. Ella y Rodrigo han vuelto a ser pareja, y ahora están planeando su próximo enlace.
La actitud de Maryjose al escuchar aquello fue imperturbable, no mostró indicios de júbilo, tal como lo haría cualquier mujer que sabe que por fin el hombre que ama estaría junto a ella. Tal como quizá esperaba Arturo que ella reaccionase, pero si acaso solo asomaba un poco de sorpresa a su rostro. Si Arturo esperaba otra reacción, se equivocó.
-Siento mucho que las cosas no se hayan arreglado entre ustedes, pero ya no hay remedio, superarás este golpe y volverás a ser el hombre íntegro de siempre.
-Creo que no estás comprendiendo lo que trato de decirte. ¿Acaso eres tonta que no te das cuenta?
Este comentario no le causó gracia a Maryjose y dirigió una dura mirada a su interlocutor, él en respuesta, tomó la femenina mano entre las suyas, apretándola con fuerza- He regresado por ti, quiero que pasemos juntos el resto de nuestra vida y…..
Desconcertada, Maryjose apartó bruscamente su mano.
-La separación te ha golpeado demasiado duro. Entre tú y yo no puede existir algo nunca más. –se levantó del asiento y tomó su bolso- Yo tengo un hogar, soy feliz, y no estoy dispuesta a perder mi estabilidad y seguridad por iniciar algo que ya enterré desde hace mucho tiempo.
Antes que Maryjose diera la vuelta para retirarse le escuchó decir:
-Eso no es verdad señora Serrano, entre nosotros hay un lazo que no se puede romper, y si no me equivoco en las cuentas, dentro de algunas semanas cumplirá 3 años. –dio otro trago a su café- Y eso de que ya enterraste lo que sentiste por mí no es verdad.


Continuara...

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