Dulce Victoria


Capitulo IX

Transcurrieron casi tres meses desde aquel esplendoroso día de campo en que Mauricio se alejase de la mujer amada. Durante ese tiempo se dedicó a emplear la imaginación para desarrollar nuevos proyectos, relacionarse con nueva gente e importantes empresas, amigos nuevos…..durante las horas del día y algunas de la noche, Maryjose no era ni la sombra del recuerdo. Pero llegaba un punto oscuro, entre la medianoche y el amanecer, en que todo su pensamiento consiente, sus sueños, su espacio, todo, todo representaba a María José. Intentó huir de ella sin lograrlo; las últimas semanas estuvo inquieto, malhumorado, pensando solo en aquella última conversación con su amada. Esa mañana se levantó decidido a terminar con lo que fue su larga agonía: los tres meses anteriores casi se convirtió en una especie de máquina la cual todos los movimientos ya estaban fríamente programados. No había lugar para emociones ó sentimientos.
Eso había durado solo hasta ese día; la noche anterior fue sincero consigo mismo y con su corazón, el amor devoró y venció al orgullo. Bebió un jugo de naranja y se dirigió a su oficina, eran apenas las 8:00 am., demasiado temprano para llamar a casa de la familia Del Villar, aunque de sobra sabía que a esa hora tanto Federico como Beatriz ya se hallaban despiertos y listos para comenzar sus labores cotidianas. Aún así decidió esperar.

Se sintió como aquel adolescente que se marchó años atrás: mientras esperaba a la joven sentado a la mesa de un restaurante, sintió sudar sus manos, latir apresuradamente su corazón,- “No puedo creer yo mismo que me halle en este estado de nervios, conozco a Maryjose de toda la vida”, -y hundido en su mar de sentimientos no notó que la chica ya había llegado y tomaba asiento frente a él.
-Hola Mauri, -sonreía- Espero no haberte hecho esperar mucho tiempo.
-Realmente no lo sé, suena increíble, pero no recuerdo desde que hora llegué.
Maryjose dejó escapar una discreta risa, ella también se sentía un poco cohíbida, pero conforme avanzaba la plática ambos se relajaron y disfrutaron de la comida.
Y de la compañía, por supuesto.

Terminada la comida, salieron a recorrer las calles sin rumbo definido, no se dieron cuenta cuantas horas transcurrieron desde que estaban juntos; de repente se encontraron en una plaza pública, con jardines tupidos de bien cuidados árboles y flores que llenaban el viento con un delicado aroma a jazmín y a rosas, teniendo por música de fondo las voces de la gente y las risas de los pequeños que corrían alrededor, y el sonido del agua de la fuente al caer.
La pareja escogió sentarse en una banquilla, cerca de la fuente y el viento les regaló una suave brisa refrescante.
-Quise estar en un lugar tranquilo donde no puedan molestarnos. –adoptó un aire de seriedad extrema que intrigó a Maryjose- Necesito que por favor me perdones si en algún instante te ofendí; -ella entreabrió los labios para protestar, pero antes que lograra decir palabra alguna Mauricio hizo una señal para que lo dejara hablar- Reconozco que me comporté como un idiota, pero es que estoy celoso, no soporté
saber que las cosas entre tú y Arturo Mercader hubiesen llegado muy lejos. –la joven de nuevo quiso decir algo, pero Mauricio prosiguió diciendo- Sé que él se casó, pero tú lo has amado siempre. Cuando le pregunté a tus padres la fecha de tu regreso me dijeron que por casualidad te reencontraste con él y surgió la oportunidad de trabajar juntos. No había más que preguntar. Ese fue el motivo que te detuvo en Monterrey. Y el motivo de tu cambio. Yo sentí que algo sucedió entre ustedes, durante los años que no lo viste parecías haberlo olvidado, estabas serena, podría decirse que feliz. Cuando regresaste eras otra persona: callada, retraída, con tu pensamiento lejos de aquí. Y luego recibo la noticia de tu embarazo. No hay duda de lo inmenso que es tu amor por Arturo.
-Todo fue un sueño, -interrumpió Maryjose- Soñé despierta con un hombre que existe, pero al mismo tiempo no es real, las cosas se dieron entre nosotros, sí, pero de una manera equívoca, y solo yo soy culpable. Parecía sencillo que Arturo llegase a sentir algo por mí, dado que su matrimonio atravesaba por momentos difíciles, y reconozco que me equivoqué. Y perdí.
Sin decir palabra, Mauricio sacó del bolsillo de su camisa el anillo que meses atrás Maryjose rechazara, tomo la mano de la chica y ante la mirada sorpresiva de ésta le colocó el anillo.
-Pero Mauri, ¿Qué se supone que haces? ¿En que estás pensando?
-En nuestro próximo matrimonio querida, en nuestra unión.
-Espera, -sonrió divertida- Mauri, sabes perfectamente que …..
-Que no me amas? Sí, lo sé. ¿Qué amas a Arturo y esperas un hijo suyo? También lo sé. –hubo un corto silencio- Pero también sé que esa criatura es solo tuya, y a mí me gustaría poder decir nuestra.
Maryjose se levantó y comenzó a caminar, alejándose de Mauricio. El joven la siguió en silencio. Cuando ya le dieron la vuelta a toda la plaza y se reunían de nuevo en la banquilla, Maryjose dijo:
-Si yo te diera la oportunidad que estás pidiendo, ¿estás completamente seguro de que eso es lo que quieres? ¿No habrá posibilidad de que te arrepientas de tus decisiones? Mira que este niño es hijo de Arturo, y cada vez que lo veas, que lo escuches, te acordarás de él, nos acordaremos los dos. Y al niño tú podrías llegar a odiarlo. Esa es la diferencia.
-Nunca haría eso. Primero que nada es hijo tuyo, y para mí con eso es suficiente. Esta idea ha permanecido en mi cabeza desde aquel día en el campo, y me acostumbré a ese niño como si en verdad fuese mío. Yo te amo Maryjose, y en la medida que mi amor te pertenece, le pertenece a él también.
Continuaron caminando.
-Suena muy bello todo esto, pero aún así hay otro aspecto que no has considerado, mi cariño hacia ti es filial, sabes que no puedo quererte de otra manera; al menos por ahora.
Mauricio esbozó una leve sonrisa.
-No tienes por que preocuparte por el aspecto sexual de nuestra relación; de eso no habrá nada hasta que tú lo quieras así. –le pasó el brazo alrededor de los hombros- La unión de dos personas en matrimonio no exactamente significa estar en la cama el mayor tiempo posible; es disfrutar de la compañía mutua, tener un espacio propio a donde llegar al final del día y conversar durante la cena. Viviremos de la gloria de haber alcanzado nuestras metas y de nuestros recuerdos. ¿No te parece suficiente?
Ella tardó en responder.
-La verdad, no sé que decirte, no esperaba esto después de la manera en que te alejaste de mí. Creí, más bien dí por hecho que había perdido a mi mejor amigo.
Otro silencio llenó el tiempo. Por fin Maryjose contestó.
-Necesito tiempo para pensarlo, ni tú ni yo debemos tomar decisiones que ahora parezcan fáciles y luego…..nos podrían ocasionar mucho dolor.
-Entiendo, toma el tiempo que consideres necesario, no voy a hostigarte, esperaré que tú me llames para darme una respuesta. Cualquiera que ésta sea la aceptaré.

En la soledad de su habitación, Maryjose observaba el precioso anillo que le había entregado Mauricio, no quiso que sus padres lo viesen; seguro que al hacerlo imaginarían un compromiso, pero no deseaba que nadie interfiriera en su decisión. El día le preparó una sorpresa que no esperaba, un sinfín de emociones y sentimientos confusos se apoderó de ella. Estaba cansada. No pudo conciliar el sueño; en su balanza mental colocó de un lado a su hijo, ella y su familia, del otro su trabajo, sus amistades, las relaciones afectivas y laborales de sus padres.
-“Desafortunadamente éste es el lado de más peso, por lo que no será justo para mis padres ser el blanco de chismes y burlas, aunque conociéndolos sé perfectamente que ignorarán las habladurías, pero tampoco lo es para mí hacerme ciega y sorda a comentarios mal intencionados. No sería igual si yo contara con…..”.
Por fin logró quedarse dormida.


Continuara...

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