Dulce Victoria


Capitulo VIII

Mauricio
-Te agradezco el ofrecimiento que me haces, pero no puedo aceptarlo. –cerró el estuche que contenía el precioso anillo de compromiso que Mauricio diseño especialmente para ella y lo deslizó hasta hacerlo quedar frente al muchacho. Notó la frustración que invadía el rostro de su enamorado.
-No puedo entender por qué siempre me has rechazado, -la miró fijamente y su sonrisa encerraba algo de ironía, como si con ello quisiera aliviar el dolor que su rechazo le hacía sentir- Nos conocemos desde pequeños, conoces mi manera de ser, sabes que soy el tipo de persona a quien no le gustan las mentiras y que por lo tanto nunca te engañará, en ningún sentido de la palabra. Entonces no puedo comprender por qué te niegas a darme una oportunidad, es todo lo que te pido. Una oportunidad.
Maryjose esquivó la mirada, contempló durante algunos segundos a otros de sus compañeros; la idea de organizar un día de campo jamás le pareció tan divertida como en ese momento, se sentía tan agobiada, tan encerrada entre cuatro paredes que ella llamaba : sus padres, el nacimiento de su primer hijo, su trabajo y los chismes mal intencionados que sentía se habían originado ya, y la cuarta y más importante era el recuerdo de Arturo Mercader y la mezcla de sentimientos confusos que ese recuerdo encerraba. Ahora, al lado de un caudaloso río y respirando un aire fresco y con olor a flores silvestres, se sentía como una prisionera que acabase de recibir el anhelado regalo de la libertad. Un grupo de 5 personas estaba dentro del río, jugando con una pelota, y a la orilla otro grupo solamente caminaba mojándose los pies y charlando animadamente. Solo ella y Mauri permanecieron sentados a la mesa, aún no terminaban de comer, Maryjose estaba rebosante de alegría y no quería amargarse, (ni amargar a Mauri) el resto de la tarde pensando una y otra vez en su angustiosa situación. Sus padres y hermanos ya habían sido enterados de la noticia, ni un solo reclamo escuchó de sus labios, aunque la idea de que su hija menor se convirtiese en madre soltera tampoco era lo que a ellos les hubiera gustado para alguna de sus hijas. Sin embargo, le dieron su apoyo incondicional. Guardaron celosamente el secreto, ni aún la mejor amiga de Maryjose lo sabía.
Pero ya era el momento que Mauricio lo supiera.
-“Mi estado no se mantendrá oculto durante mucho tiempo más; lo mejor será decírselo de una vez, si de todas maneras se va a enterar mejor que sea por mí y no por una noticia distorsionada”.
Mauri se acercó a Maryjose hasta quedar al lado de ella.
-Estoy esperando tu respuesta Maryjose, no voy a apartarme de ti hasta que me hayas dado una razón que de verdad justifique tu indiferencia hacia mí.
-Y la tendrás ahora mismo. –la chica lo miró y sonrió juguetonamente, tomó las manos de Mauri entre las suyas- Sabes que mi amor por ti siempre ha sido de amigos, mejor dicho de hermanos : crecimos juntos, casi creo que vivimos juntos, pero hace falta más que eso para sentir el amor que una mujer debe profesarle a un hombre. Tú y yo tenemos gustos, preferencias, y muchas más cosas en común, pero eso no es suficiente.
-Pues no, no lo puedo entender. Recuerdas que de pequeños lo único que queríamos era crecer? Queríamos crecer, ser mayores para compartir todo nuestro tiempo juntos sin que nadie nos apartase, recuerdas eso? Recuerdas aquel plano que realizamos los dos y dijimos que sería nuestra casa, nuestro hogar? Acaso lo olvidaste?

-No lo he olvidado. –se llevó una mano a los ojos, evitando que una lágrima rodara por sus mejillas- Mauri, debo decirte algo, pero me gustaría que nadie más se enterase, al menos por ahora. Dentro de unos meses será imposible ocultarlo. Su mirada volvió a pasear por los alrededores, como buscando algo, mientras Mauricio esperaba pacientemente lo que tenía por decirle.
-No soy la mujer que tu mereces Mauri, he fallado como mujer, fallé como hija y me fallé a mí misma….. –guardó silencio un momento- Estoy embarazada, -dicho esto bajó la mirada- También es eso por lo que no puedo aceptarte.
La noticia cayó como un baño de agua helada para Mauricio; quedó demudado por la sorpresa, mirándola fijamente sin pronunciar palabra alguna, se humedeció los labios con la lengua y observó a los demás compañeros, todos jugueteaban y reían, uno de ellos le hizo una seña para que se unieran al grupo, pero el contestó agitando la mano sin siquiera poder sonreír. Los vió alejarse, campo adentro, hasta que ya no los divisó más. Repentinamente el sol se ocultó dejando a su paso el cielo gris, advirtiendo una tormenta. Mauricio se levantó y tendió la mano a Maryjose para ayudarla a levantarse.
-Vamos Maryjose, busquemos a los demás para decirles que nuestro día de campo ha terminado, es mejor que nos vayamos antes que caiga la tormenta.
Asadores, manteles, loza, restos de comida, hieleras y demás fueron guardadas rápidamente en los vehículos de los paseantes, mientras Mauricio iba y venía ayudando al grupo, Maryjose lo observaba en silencio, queriendo saber que pensaba, cuales eran ahora sus sentimientos hacia ella. ¿Seguiría ahora siendo el ídolo de Mauricio, ó se derrumbaría estrepitosamente la estatua que él mismo construyó?
-“El barro con el que construiste este ídolo fue de la mejor calidad, pero aparte de tus manos hubieron otras que moldearon los acontecimientos de manera equívoca, contaminando el barro, sin otra oportunidad de volverlo a amasar”.
Pensó, imaginó lo que estaría sintiendo Mauricio, era algo parecido a lo que ella experimentó meses atrás: coraje, impotencia, dolor.
Durante el trayecto a casa, Mauricio apenas si conversó con Maryjose y con las otras dos personas que lo acompañaban, estaba distante, distraído, no se incluía en la conversación a menos que lo nombraran y en ocasiones su sonrisa era forzada.
Agradeció que los demás no lo notaran.

Transcurrieron varias semanas y la ausencia de Mauricio en la vida de Maryjose se hizo notoria; tanto que la misma Maryjose estaba sorprendida. Los amigos comenzaron a preguntar (como sucede cuando una estrecha amistad repentinamente comienza a alejarse) y las respuestas eran ya muy conocidas “ambos estamos demasiado ocupados en nuestros asuntos profesionales que apenas si tenemos tiempo de charlar por teléfono”. Y esto de algún modo era verdad, ya que Mauricio se hizo socio de un arquitecto amigo suyo desde niños, quien era dueño de un despacho que no logró consolidarse firme dentro del mundo de la construcción y diseño; este señor pensó que uniendo sus conocimientos a alguien cuyo nombre ya comenzaba a figurar entre los decoradores más renombrados de la cuidad, sería una garantía para promover su imagen y relaciones, obteniendo de este modo excelentes beneficios económicos.
Por su parte, Maryjose solo dedicaba su tiempo al trabajo, ya casi alcanzaba el quinto mes de embarazo, lograba disimularlo todavía vistiendo ropa normal en talla extra. El secreto aún podía mantenerse oculto.
-“El quinto mes, luego el sexto…..hasta llegar al momento que tanto deseo, aunque Arturo y yo jamás nos volvamos a encontrar, existe algo que nos unirá por siempre”.


Continuara...

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