Dulce Victoria


Capitulo VII

La Despedida
Arturo estaba confundido dentro de un torbellino de emociones y sentimientos, por primera vez en su vida no sabía si tomar decisiones con el corazón ó con la cabeza. Selene era, además de su esposa ante Dios y los hombres, la mujer perfecta, con quien deseaba compartir el resto de su vida, y sin embargo ella no correspondía a ese sentimiento. Maryjose, en cambio, era la comprensión que necesitaba, tenían demasiadas cosas en común y podían hablar de mil temas sin aburrirse nunca. Era una mujer que irradiaba ternura por cada poro de la piel, y además inteligente. Económicamente, a Federico del Villar le costó mucho esfuerzo hacerse de lo que ahora gozaba. Comenzó desde abajo, arriesgando todo lo que tenía con tal de realizar una de sus más grandes metas: formar un patrimonio propio. También eso había en común entre ellos dos. En cambio, a la familia Moreno todo les había sido sencillo: Uriel Moreno, padre de Selene y Octavio, había recibido en herencia una suma importante de dinero de un primo hermano quien no tuvo otros familiares directos para heredar; éste fue el fundador y accionista mayoritario de una pequeña maquiladora dedicada al diseño, hechura y venta de ropa de alta costura para dama. Al fallecer el primo, Uriel dejó de ser el simple gerente de ventas para ocupar la dirección general de la empresa. De la noche a la mañana, Uriel Moreno pasó a ser uno más de los “nuevos ricos”.

La estancia de Maryjose en Monterrey fue la causa de varios cambios en las actividades y actitudes de Arturo, pues éste ya no era un empleado de cualquier compañía, había decidido empezar a hacerse cargo de las refaccionarias de su papá. Con el pretexto de entregar su antigüo puesto, Arturo cada vez se aparecía menos por su nueva oficina, 24 horas no eran suficientes para dedicárselas a Maryjose. Ese día, 03 de agosto, pasaron juntos todo el día: fueron de compras, Arturo la llevó consigo en visitas a cólegas y clientes, entraron a comer en un restaurante que hallaron en el camino, aún sin importarles lo poco elegante del sitio. Por la tarde se dieron un receso en las actividades para descansar, y Arturo quedó en pasar por su amiga a las 9:00 para ir a cenar, y posteriormente a donde se les ocurriera.

Arturo despertó abrazado del tibio cuerpo de Maryjose, -“que bien me siento aquí, necesitaba sentirme vivo, que alguien me sacara de mi letargo, pero nunca imaginé que ese alguien serías tú”. –pensó en voz alta mientras miraba dormir a Maryjose. La noche anterior el alcohol y los sentimientos se mezclaron cual fuego y gasolina para encender la llama de una pasión (ó debiera llamarse amor?) que solo el destino ó la suerte sabrían cuanto duraría.

Al paso de los días, la relación entre Maryjose y Arturo se hizo más estrecha. Y peligrosa. Sus encuentros diarios eran apasionados e intensos. Eso para la enamorada María José era como subir al cielo y flotar entre nubes, sabía del desastre que resultó ser la unión de Arturo y Selene, conocía las circunstancias bajo las cuales se efectuó esa boda, y a ratos la invadía la esperanza de que Arturo, su Arturo (porque ya le pertenecía por completo) dejase ir a Selene ahora que la intimidad entre ellos era una hermosa realidad; lo anhelaba con desesperación.
-“Ahora sé que nunca ha sido realmente feliz al lado de Selene, pobre tonta. No sabe lo que tira al desperdicio, yo ó cualquier otra que quisiéramos ser amadas como Arturo la ama a ella con mucho gusto lo levantaríamos. Pero es precisamente ese punto el que está a mi favor”.

Llegó el día en que Maryjose debía regresar a Puebla, ¿cómo recibiría Arturo la noticia de su partida? ¿Le pediría que se quedara, ya que se había convertido para él en algo tan indispensable como lo era respirar? ¿Ó la dejaría marchar libremente ignorando lo que pasó entre ellos? Temía la respuesta. Lo mejor era no adelantarse a suponer; esa tarde Arturo y ella celebrarían la firma de un importante contrato en cual le traería muchos beneficios económicos a la firma Mercader. Decidió que ese era el momento ideal para despedirse…….(ó planear el futuro?) No. Ese ya había sido planeado desde años atrás.
-Te siento lejana, como si algo te preocupase, puedes decirme el motivo? –cuestionó Arturo, con la sonrisa que tanto fascinaba a Maryjose.- Te prometo que no lo digo a nadie. –terminó, dejando escapar una carcajada burlona, la cual entristeció aún más a la joven. Al notar que el silencio se hizo más profundo, tomó la mano de Maryjose entre las suyas y callado esperó la respuesta. Maryjose apenas sonrió, de repente el aire se hubo tornado irrespirable, sentía ahogarse. Apartó su mano, y con la mirada fija en su copa murmuró:
-Nada fuera de lo normal, solo que ha llegado ya el momento de regresar a casa.
-Tan pronto? ¿No podrás aplazarlo unos días más, no sé……..
-Mis responsabilidades me reclaman, mis padres no pierden oportunidad para preguntarme cuando regreso, que es exactamente lo que estoy haciendo. Además, D’ Imagen va a iniciar un proyecto muy importante y necesitan mi colaboración. –dio un trago a su bebida- Ellos me han apoyado mucho, no puedo fallarles ahora.
-Al igual que ellos yo también te necesito Maryjose, es que no lo sabes?
Una esperanza nació en su corazón, sabía que Arturo no la dejaría partir.
-Lo sé, pero desconozco la forma en que me necesitas, y que serás capaz de hacer para que yo me quede a tu lado. –el énfasis que remarcó en su palabras desconcertó a Arturo.
-La forma en que te necesito…… -hubo un momento de silencio- Eres la mejor de mis amigas, alguien en quien puedo confiar totalmente, sabes escucharme y……
Lo interrumpió bruscamente.
-Esas necesidades puede cubrirlas cualquier otra persona, y nadie mejor que la misma Selene.
De un trago Arturo terminó su bebida, la botella de champagne aún quedaba a menos de la mitad. Sirvió de nuevo.
-Perfectamente sabes que con ella no puedo contar.
-Sin embargo continúas a su lado, es lo que no puedo entender. –bajó la mirada al sentir que empezaba a ruborizarse. Se arrepintió de su comentario.
-Conozco el camino que deseas andar, y por favor te pido me escuches porque será la única vez que saldrá de mis labios: no estoy dispuesto a separarme de Selene por ningún motivo. Lo que ha pasado entre tú y yo no te otorga ningún derecho a pedírmelo. –su voz se tornó dura, hiriente- Nunca te prometí nada, desde que decidimos estar juntos sabías que no podría ser de otra forma.
Maryjose alzó las cejas y encogió ligeramente los hombros; se pasó los dedos entre el cabello que lucía un poco revuelto, mientras que un nudo le oprimía la garganta. La invadieron sentimientos de tristeza y coraje. No sabía si levantarse de la mesa y correr a su habitación a llorar, ó vestirse de orgullo y enfrentar con madurez la situación. Optó por lo segundo.
-“Que hago aquí con este hombre? Lo mejor será irme y olvidar todo, al final de cuentas, Arturo no podrá estar conmigo como yo lo necesito”. –enfrentó la fría mirada masculina- Yo nunca te pedí nada Arturo, pero te soy sincera, esperé, y tuve el anhelo de que tomarás la decisión de alejarte de Selene y compartir tu vida conmigo. Si tú no lo quieres así no te voy a obligar. Esta situación me duele más por ti, porque seguirás atado a una mujer que no te ama solo por guardar las apariencias, por capricho, ó por lo que tú quieras. –se levantó de la silla, pensó que si continuaba hablando no podría contener las lágrimas, y llorar era lo último que deseaba hacer en ese instante.- Regresaré con los míos, mi labor aquí ya ha terminado. Espero que tengas suerte.
En la recepción del hotel, Maryjose reservó su boleto de avión. El único vuelo disponible saldría a las 11:30 de la mañana.
Ya en su habitación comenzó a organizar su maleta. Sentía la nostalgia de estar sola de nuevo, después de haber probado lo dulce de la compañía del hombre amado, sentirse elegida, única.
-“Ahora el paseo por las nubes ha terminado, y he caído hasta el suelo; -se acercó a la ventana y miró el paso del tiempo en un Monterrey nocturno, el Monterrey que le regaló los más hermosos días de su viaje y que ahora se los quitaba; permitiendo que se llevase solo los recuerdos, lo más doloroso de ese tiempo- Me engañé al creer que Arturo al irse acostumbrando a mí dejaría a Selene, y eso no lo hará nunca, aún así soporte en silencio la frialdad de ella. –corrió la cortina y dirigióse al baño, se miró al espejo y éste le devolvió la imagen de una mujer llorosa y derrotada.- No me agrada nada el semblante que luzco, -abrió el grifo del agua fría para lavarse el rostro, dejando que el agua se secase sola, a la vez que se recogía el cabello con una liga. Se miró de nuevo en el espejo y asintió.- Así está mejor, aquí no ha pasado nada, y mañana todo quedará en el olvido. Creo yo”.
Terminó de empacar sus pertenencias, se aseguró de no olvidar nada. Sentía sueño, las emociones la agotaron.
-“Ya tengo todo listo, mañana dispongo todavía de algunas horas por si algo olvido”.
Se enfundó en ropa de dormir y se metió a la cama. Quedó profundamente dormida.

Arturo, en el estudio de su casa, se preparaba para beber un whisky, mirando la fotografía donde Selene y él sonreían felices, los primeros días de su matrimonio, habló en voz alta:
-“A ti no puedo abandonarte, nunca lo haría, eres lo que yo más amo en la vida, sin importar que tú no me quieras en la misma forma, -de su garganta escapó una risita burlona- Ya parece que te cambiaría por María José, ella para mí significa algo muy distinto: compañía, necesidad de ternura, de sentirme importante para alguien. Pero solo eso: necesidad”.

La bienvenida para Maryjose en su casa no se hizo esperar : Beatriz organizó una cena familiar y al consiguiente fin de semana, la chica disfrutó de una agradable velada en un céntrico bar de la cuidad, acompañada esta vez por Mauricio, su eterno enamorado.
Ocupada con su trabajo, las primeras semanas de su llegada transcurrieron rapidísimo, sin darse cuenta, dentro de algunos días se cumpliría un mes de estar de vuelta en casa. En su oficina los asuntos pendientes acaparaban la mayor parte de su tiempo; lo cual influyó para que su mente no se acercase a una profunda laguna llamada Arturo y cayera dentro de él, ahogándose en sus recuerdos. Sus compromisos personales no eran atendidos al cien por ciento, cosa que sacaba de sus cabales al desesperado Mauricio, quien sentía a la muchacha cada vez más lejana e inalcanzable.
Entretenida en sus ocupaciones, ni siquiera notó lo irregular de su período. El mes anterior y el que estaba a punto de terminar no había menstruado; y cierta noche, terminando de bañarse, abrió el botiquín y sin querer su mirada se detuvo en el empaque de las toallas sanitarias. Reaccionó entonces. Buscó en su calendario la fecha de su último sangrado: poco más de dos meses. La duda la invadió: ¿y si la fugaz aventura dejase huella? De sobra sabía que sus padres no le abandonarían ni reproche alguno saldría de sus labios. Beatriz se encargó de hacérselos saber a ella y a Mildred desde los tiernos años de su adolescencia. Por ésta razón se desarrollaba en el fondo de su alma un enorme sentimiento de culpa por haberles fallado.

-“No sé que demonios está sucediéndome, se supone que la partida de Maryjose no debe afectarme en nada, sin embargo…..hace ya dos meses que se fue, y desde entonces los días, mis días, son más largos y monótonos”.
La vida de Arturo Mercader volvió a ser la misma rutina gris que era antes de reencontrarse con Maryjose: por las mañanas levantarse y dirigirse al trabajo, y por la tarde ir a un bar, y ver la noche reflejarse en el whisky oscuro, apurando ávidamente una copa tras otra.
Y por supuesto, soportar la ausencia y el desamor de su esposa.
Continuara...

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