Dulce Victoria



Capítulo VI

Selene y Rodrigo (El engaño)
Selene notó el cambio en el estado de ánimo de su marido, ahora casi no se veían. Arturo salía de casa más temprano que de costumbre, no aparecía por la casa a la hora de comer y su regresos eran casi al siguiente día.
-Arturo está muy raro. ¿Acaso será una mujer la razón de su cambio tan repentino? –pensaba fríamente una posibilidad de ser libre otra vez- Ojalá que encontrase a alguien que sepa amarlo como se merece, porque yo jamás podré hacerlo. Ojalá me diese un buen motivo para una separación definitiva, y así…… -las lágrimas inundaron sus ojos. Eran las 9:00 de la mañana y no se había levantado aún. Decidió que ese día no acudiría a la oficina. Los últimos días la tristeza era su compañera inseparable, ¿la razón? El regreso de Rodrigo, su Rodrigo. Abrazó con fuerza la almohada al tiempo que cerraba los ojos y lograba verse ella paseando en un parque con Rodrigo, felices, una bella tarde de verano.
-En unos pocos meses más ya habré terminado mi licenciatura, tengo un trabajo donde gano bien, así que he pensado que nuestra boda pueda ser a mediados del próximo año. Tengo algunos ahorros y de aquí a un año esa cantidad va a crecer. No sé que te parezca la idea.
-A mí solo me importa que tú estés a mi lado, fuera de eso lo demás carece de validez para mí, y eso lo sabes. –exclamó Selene en tono tajante, sin dejar salir a flote la emoción que la embargaba.
-Me preocupa pensar que tu hermano se oponga a nuestro compromiso, no tengo el suficiente estatus social para pertenecer a tu familia. –declaró Rodrigo, haciendo un gesto de impotencia.
-Octavio comprenderá más tarde ó más temprano que lo que siento por ti no es un capricho, y si esto no ocurriera será peor para él. Además no eres culpable de que tu familia haya sufrido una mala racha económica y hayan perdido algunos de sus bienes, con todo y eso tú no eres del todo pobre. Y como lo has mencionado, pronto terminarás tu carrera y progresarás en el ámbito económico, y yo también te ayudaré. Lo lograremos.
El tiempo transcurrió para ellos realizando planes. Rodrigo miró su reloj y decidió llevar a su novia a casa, mientras en casa de los hermanos Moreno, Octavio recién había llegado de la oficina. Arrojó el portafolios en el sofá, se aflojó la corbata y se dirigió al pequeño bar para servirse una copa. Regresó al sofá, estaba malhumorado, bebió su copa de un solo trago; en ese preciso momento llegó Selene.
-Hola, no se te olvida que tienes casa, -exclamó Octavio en tono burlón.
-Siempre he sabido que la tengo, y tú sabes muy bien que aparte de las clases tengo otras actividades que me mantienen fuera de casa la mayor parte del tiempo, no todo es Rodrigo. –la contestación de Selene fue firme, sin ser agresiva, después de todo, comprendía que Octavio, siendo el hermano mayor y además la cabeza de familia desde que sus padres fallecieran, solo deseaba lo mejor para ella. Y para su bolsillo, claro está.
Por eso ella le permitía hasta cierto punto que la atosigara haciéndole ver sus errores. Sin darle tiempo a contestar, se acercó a él para besarlo en la mejilla y agregó- Estoy cansada, tuve un día muy pesado y mañana presento un examen. Que tengas buenas noches.
-Que descanses.
Selene subió a su recámara y Octavio permaneció sentado, pensativo, no tenía sueño todavía y se dispuso a trabajar en su despacho. Asuntos pendientes reclamaban su atención.

A la mañana siguiente, después de varias horas dedicadas al examen, Selene se reunió en la cafetería de la universidad con su mejor amiga: Mariana Cisneros.
-Por fin! –exclamó Mariana cuando vio aproximarse a Selene- Creí que no terminarías nunca.
-Me conformo con haber obtenido la calificación mínima. –Contestó Selene a la vez que echaba un vistazo a su teléfono celular para ver que no tenía llamadas perdidas, al comprobar que no, discó ansiosa el número de la casa de Rodrigo.
Nadie contestó.
-Que extraño, ayer me dijo que hoy estaría en casa todo el día.
-Quizá tuvo un problema de última hora, ó en su oficina no le dieron el día libre. Llama a tu casa, tal vez te ha llamado.
Marcó el teléfono de su casa, contestó el ama de llaves.
-Habla Selene, Anita, puedes decirme por favor si hay algún recado para mí? –pasaron algunos minutos- Gracias. –terminó la llamada con la desilusión dibujada en su rostro.
-Que sucede? –preguntó Mariana impaciente.
-No me ha llamado, comienzo a preocuparme Mariana, nunca ha pasado un solo día sin que me llame.
-Pues llámale a su oficina, quizá esté muy ocupado y por eso no ha podido llamarte.
Desesperada, a Selene le pareció una eternidad el tiempo que tardaron en contestar el teléfono.
-Por favor, necesito hablar con el Lic. Rodrigo Arellano. –otro silencio- Entiendo, llamaré más tarde. Gracias.
Colgó casi a punto de llorar.
-Algo está pasando Mariana, en la oficina no saben nada de él, presiento que algo malo le sucedió.
-Cálmate, no seas tan pesimista, vamos a tu casa, descansa un poco y verás que más tarde sabrás de él. Por “x” ó “z” razón no ha podido comunicarse contigo y eso es todo. No veo razón para alarmarse más de la cuenta.
Acompañó a Selene a su casa y se quedó con ella, las horas pasaron lentamente entre pláticas sin importancia y películas a las cuales no se les prestó atención. Esperaron en vano una llamada que no llegó.
-No ha llamado, ya son casi las 8:30, no voy a esperar más Mariana, acompáñame, vamos a buscarlo a su casa.
Bajaron aprisa la escalera, sin perder tiempo abordaron el automóvil de Mariana, no tardarían más de veinte minutos en llegar.
Cuando Selene se encontró frente a la puerta de la casa de Rodrigo tocó el timbre varias veces, abrió la señora encargada de la limpieza.
-Hola, busco a Rodrigo.
-Él no se encuentra, al parecer se fue anoche.
-Cómo que se fue? A donde? –sintió que un enorme calor se apoderaba de ella.
-No lo sé, solo dejó un recado. –le mostró el papel a la joven- Dijo que se va del país y no sabe cuando regresará.
Selene no tuvo dudas, conocía la letra de Rodrigo, de lo contrario habría pensado que se trataba de una broma.
Abandonaron la casa, Selene se sentía muy deprimida, sintiendo que el mundo se le iba a acabar; jamás imaginó siquiera que Rodrigo fuese capaz de abandonarla sabiendo como lo amaba.
Mariana observó detenidamente a su amiga, el rostro de Selene no mostraba emoción alguna, y antes que Mariana pudiese decir algo, Selene preguntó :
-No crees que todavía es buena hora para ir a cenar? Estoy sintiendo mucha hambre.
-Por supuesto, vamos. Selene, que es lo que vas a hacer ahora? Me refiero en cuanto a la situación con Rodrigo.
-Aquí no ha ocurrido nada Mariana, no quiero volver a tocar ese punto, no me siento con ánimo para dar explicaciones, y a mi hermano menos que a nadie.
Horas después, en la soledad de su habitación, Selene entraba en un estado de profunda depresión, durante un rato logró contener las lágrimas, pero comenzó a derrumbarse. Hablaba en voz alta a la fotografía de Rodrigo que tenía sobre su buró.
-“Me equivoqué contigo, creí que tú eras distinto a los demás, que de verdad me amabas, y me doy cuenta que todo fue una mentira. Lo peor del caso es que yo sí te amo, y a pesar de lo que has hecho creo que no podré dejar de amarte. Has sido el hombre que ha dejado la huella más profunda en mi corazón. Me será difícil tratar de olvidarte”.
Meses después, Selene sentía que la herida comenzaba a cicatrizar, aunque todavía sentía nostalgia por la ausencia de Rodrigo. Ese había sido el motivo por el cual sutilmente cambió de Universidad, se alejó de sus amigos de siempre, deseaba hacer nuevos amigos, conocer otra gente; en una palabra alejarse de todo lo que estuviera relacionado con Rodrigo y sus días felices con él. En un principio se sintió un poco extraña en la B.U.M., para una chica cambiar de escuela a mitad de carrera implicaba comenzar de cero en todos los aspectos, y se sentía insegura de poder lograrlo, pero para su sorpresa congenió de maravilla con la mayoría de sus compañeros de clase. Fue durante esos días que conoció a Arturo, se unió a su grupo de amigos compartiendo algunas de las actividades de éstos, se convirtió en confidente de Arturo (ó quizá él de ella) y empezó a sentir por él un intenso cariño (filial, claro está), aunque nunca le contó su decepción con Rodrigo, Arturo se enteró por los rumores que se escuchaban en la escuela, pero no quiso preguntarle nada a Selene; por una parte porque supuso que ese recuerdo le pertenecía únicamente a ella y él no tenía ningún derecho a mancharlo con dudas ó celos, y luego porque sentía temor de ser rechazado por ella. Mejor dicho, su temor era que Selene no hubiera olvidado a Rodrigo, esa era la barrera con la que no deseaba toparse.

Selene despertó de su ensueño, alcanzó unos pañuelos de papel para secarse las lágrimas y volvió a recostarse. Recordaba ahora el día que decidió unir su vida a la de Arturo. Un escalofrío recorrió todo su cuerpo, no era la primera vez que sentía deseos de confesarle a Arturo que lo quería de manera fraternal, y que quizá nunca lograra amarlo con pasión, como él deseaba (y merecía) ser amado. Lamentaba su matrimonio “fue un gran error, el más grande que he cometido en mi vida. Ahora lo veo todo muy claro : me dejé llevar por un impulso, por el deseo de tener a alguien a mi lado, pero Arturo no es el hombre con quien yo hubiera deseado compartir el resto de mi vida. Cometí una estupidez irreparable, y estoy pagando muy caro mi equivocación”.
Abrazó el cojín con más fuerza, sin poder contenerse más, sus ojos comenzaron a humedecerse por las lágrimas, su llanto era de tristeza, “no puedo engañarme, todavía amo a Rodrigo, no he logrado quitármelo del pensamiento. Él debe ya formar parte del pasado, un pasado muy feliz pero también doloroso que no debe volver”.
Recordaba también la actitud de Octavio al enterarse de su boda con Arturo: tomó la situación tranquilamente. Más tarde, a solas con su hermana, le comentó “tampoco este hombre me agrada para que esté dentro de nuestra familia, pero en fin, tú sabes lo que te conviene. –Selene le dirigió una dura mirada, a lo que Octavio no se inmutó- Mínimo éste tiene una “fortunilla” de la cual disponer, muy insignificante, pero la tiene. De tener esto y no tener nada……”.
Esa era la razón por la cual Selene era muy fría con respecto a Arturo. Era por eso que mostraba muy poco interés por todo lo que constituía el mundo del que fuera su compañero eterno. Además, hacía ya varios meses que Rodrigo había regresado a su vida, en silencio, tal como se marchó. Coincidieron en una reunión de negocios, en uno de los restaurantes más distinguidos de la cuidad; Selene se disponía a retirarse cuando alguien se acercó a su mesa.
-Buenas noches Selene, puedo quitarte un minuto?
La chica volteó, temblaba su cuerpo y su voz: Rodrigo, el hombre de quien continuaba perdidamente enamorada estaba de nuevo frente a ella. Y más atractivo que nunca antes.
Turbada por la emoción, solo logró murmurar:
-Rodrigo, tú!!
Sin esperar respuesta a su pregunta tomó asiento frente a ella.
-Veo que tu reunión ya terminó, si gustas podemos tomar una copa en otro lado, aceptas?
Selene no respondió, pero él tomó su mano y la obligó a seguirlo. Ella se encontraba sumida en una especie de ensueño: el aroma del perfume de Rodrigo la transportaba tiempo atrás, a un mundo donde solo existían ella, él, su amor y sus ilusiones.
Después de ese encuentro, Selene se volvió más fría aún para con Arturo.


Continuará...

Comentarios

gatto nero ha dicho que…
Muy rico y muy entretenido este texto, espero impaciente los siguientes capitulos. Un saludo.

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