Dulce Victoria


Capítulo V

La casa de la familia Del Villar Castaño estaba ubicada en una tranquila calle de un exclusivo sector residencial; la entrada contaba con un enorme jardín, en donde flores como rosales y jazmines danzaban al capricho del viento, dejando escapar su delicado perfume, en contraste con los enormes árboles que se erguían por doquier para regalar su sombra y su frescura. Don Federico del Villar estaba en su despacho y releía una y otra vez el mail que le envió esa mañana su hija. “quizá me quede en Monterrey unos días más, surgió un imprevisto de trabajo el cual voy a consultar con mi jefe, no creo que haya problema si no regreso en la fecha indicada. Saludos a todos y cuídense. Mj.”.
-Es el mail que te envió Maryjose; ya lo has leído varias veces, -comentó Beatriz en tono preocupado- Será mejor que salgamos un rato al jardín, hace calor, ¿no deseas un poco de helado? Es el napolitano, tu preferido. –tomó asiento frente a Federico, quien respondió a la pregunta con un ademán negativo, sin mirar siquiera a Beatriz; a ella le pareció extraña la actitud de su esposo.
-Hay algo que te preocupa, ¿puedes decirme que es?
-Sí, nuestra hija. –le contestó, en tono cortante.
Con un gesto de indiferencia, Beatriz encogió los hombros.
-Fue en plan de trabajo a otra ciudad, y estando ahí salió otra oportunidad, eso no es cuestión de cuidado. No hay motivo para mortificarnos.
-No, no lo hay, pero estuvo varios años lejos de nosotros que realmente no me gusta que se vaya tanto tiempo. Simplemente no me gusta. –al terminar la frase su tono se escuchó agresivo.
-Fed, nuestra hija ya es una mujer con decisiones propias y que sabe cuidarse sola, no podemos controlar su vida. –repentinamente calló y volvió su mirada a Federico- Quizá se consiguió un novio por allá, se casó en secreto y no tiene intenciones de regresar.
A Federico le cayó por sorpresa el comentario de Beatriz y enmudeció momentáneamente, logrando reponerse de aquella broma, sin color en su rostro bonachón, se levantó y caminó unos segundos por la habitación, mirando al suelo.
-No digas tonterías Beatriz, Maryjose no podría improvisar un matrimonio, no sería correcto, y menos con alguien a quien apenas conoce. –se detuvo frente a su esposa- Si no está comprometida con nadie, como demonios va a casarse? –a pesar que sus labios lucían una sonrisa, el tono de su voz era recio, cortante, Beatriz lanzó una carcajada y se levantó, tomó la mano de Federico y le sonrió con dulzura- A pesar de lo que digas y las rabietas que hagas, tú también deseas que nuestra hija forme pronto su familia, o no? Anda, -lo hizo seguirla- vamos a ver que se nos antoja para la cena. No tienes hambre aún?

El proyecto de redecoración de la oficina de Arturo fue todo un éxito. Se llevó un poco más de tiempo que el programado inicialmente, sus padres estaban preocupados (y molestos), sus jefes esperaban con ansias su regreso, y Mauricio angustiado y desesperado, se le figuraba que el tiempo no transcurría desde que su amiga se marchó, en el calendario de su agenda personal, marcó con cruces los días desde que Maryjose partió, hacía ya casi un mes; tiempo en el cual solo recibió dos llamadas, la segunda, por cierto, duró escasos tres minutos. Su ánimo cambió, estaba malhumorado, no sentía ganas de trabajar, y en su casa le molestaban hasta las muestras de cariño que le brindaba el pequeño Keiser.
-“Demonios! -últimamente hablaba solo, en voz baja mientras trabajaba- Me gustaría saber que es ese compromiso tan importante que Maryjose tiene en Monterrey; dice que se trata de un buen amigo a quien no veía desde tiempo atrás, y me niego a aceptar que se trata de Arturo. Por Dios, no otra vez! Cuando él se alejó para irse al extranjero creí que no volveríamos a saber de él nunca. Pero el fantasma ha vuelto. De eso estoy seguro”.

Las comidas, paseos y pláticas en bares hasta muy entrada la madrugada entre Maryjose y Arturo eran diarios, el muchacho se sentía tan bien al lado de su amiga que hasta se olvidaba por completo que el mundo existía; incluyendo a Selene en él. Maryjose por su parte no tenía el más mínimo deseo de regresar a casa; y se entristecía de solo pensar que eso tendría que ser en un lapso de tiempo no muy largo, pues ya llevaba varios días fuera, más de los que realmente debía.
-“No quisiera regresar, no al menos ahora que Arturo y yo hemos vuelto a ser los amigos que éramos al principio de conocernos. –pensaba con un dejo de lamentación cuando lograba acordarse de sus cosas pendientes- Pero mis padres estarán preocupados, y además Mauricio…..oh, no, Mauricio……”-durante esos días maravillosos al lado de Arturo, ni sus padres, ni Mauricio, ni sus ocupaciones en la oficina habían existido para ella. Su mundo era Arturo, solo Arturo y nada más que Arturo.
Continuará...

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