Dulce Victoria


CAPITULO IV


“La Cabaña” era uno de los restaurantes más visitados donde se podía disfrutar de una buena comida o exquisitas carnes asadas, Arturo escogió ese lugar para pasar una velada agradable en compañía de Maryjose. El mesero condujo a la pareja a una mesa al fondo del recinto, un poco privada, por llamarlo de alguna manera, no quería ser interrumpido por algún conocido que anduviese por allí, deseaba al menos por esa noche olvidarse de las cosas que componían su mundo : los amigos, la empresa, su trabajo, y sobre todo Selene, y todo lo que ella representaba. En ese momento el único mundo que existía era Maryjose y él. Nadie más.
-“No puedo creer que luego de varios años sin saber nada de Arturo, hoy me encuentre sentada frente a él, en un restaurante, comiendo y bromeando como en aquellos lejanos años del bachillerato, solo que ahora en circunstancias distintas”. –decíase la joven a si misma.
-“Hacia ya algún tiempo que no tenía motivos para reír de esta manera, me alegro de estar ahora en compañía de una de mis mejores amigas, y que ello me ayude a olvidar aunque sea un poco lo triste y monótono de mi vida.”
Arturo también disfrutaba intensamente de aquel encuentro, pues sentía que la soledad en que se había sumergido durante las últimas semanas lo ahogaba, y cerca de él no había quien le mereciera la suficiente confianza para contarle lo que sucedía en su vida privada. Las relaciones de negocios eran solo eso: negocios fríamente calculados, que distaban mucho de ser amistad. Tenía muchos amigos, pero no tenía la certeza de contar con ellos cuando necesitaba de su apoyo. Frente a los demás Selene y él eran la pareja perfecta, pero a solas la vida de ambos era algo parecido al infierno. Y eso solo podría confiárselo a Maryjose. A ella no lograba engañarla, por mucho que lo intentara.
Cuando el mesero sirvió la comida, la pareja la saboreó sin prisa, entre anécdotas y bromas, y uno que otro recuerdo de la época escolar, procurando no reabrir viejas heridas. El fondo musical y el murmullo de la gente ayudaba a crear una atmósfera de familiaridad como cuando se celebra una reunión entre amigos. El mundo exterior quedaba olvidado, al igual que el reloj.

Selene se preparó de cenar y estaba sentada a la mesa, sola. Le parecía muy extraño que durante los últimos días Arturo no estuviera en casa cuando ella llegaba. Terminó de cenar, de inmediato fue a su habitación, se cepilló los dientes, peino su cabello y se quitó el maquillaje, luego se recostó a leer, enfrascada en su lectura y con el cansancio venciéndola, se quedó dormida.
Entretanto, Arturo le comentó a Maryjose que deseaba cambiar un poco la apariencia de la oficina central de su padre. De un tiempo a la fecha le parecía gris y antigüo, “si voy a llevar tus negocios aquí, debo sentirme a gusto en el que será mi espacio, -le había dicho a su padre, y éste, contento porque su hijo al fin tomó la decisión de estar más al tanto de los negocios familiares, estuvo de acuerdo con todo lo que deseara Arturo- así que realizaré algunos cambios en cuanto a mobiliario y decorados, tú sabes, más moderno……”.
El amplio escritorio de madera que desde años antes utilizara su padre y ahora él, se conservaba en buen estado gracias al cuidado de ambos, pero aún así se veía algo anticuado, lo mismo podía decirse del sillón ejecutivo. El decorado, los accesorios y hasta el teléfono y el equipo de cómputo ya tenían sus buenos años de estar al “servicio” de la empresa. Se propuso darle un toque muy a su estilo. Días antes lo decidió; pero le faltaba el ánimo para hacerlo solo, con Selene no podía compartir sus proyectos ó inquietudes, de hecho no podía hablar de nada con ella, se dirigían la palabra para lo más indispensable; y eso si coincidían en pasar unas horas juntos en casa. Como cualquier esposo que ama y se siente amado por su pareja, dentro de un matrimonio “normal” le hubiese gustado que Selene participara en sus planes, expresara sus opiniones, “esto debiera ir en este lugar, para que se vea un poco diferente”, “te convienen las paredes de este color, porque combinan con el resto de los muebles”, “en cuanto a la computadora y teléfonos las mejores marcas son tales, ofrecen la tecnología y el soporte técnico más avanzados y sus aplicaciones son muy variadas”. Pero Selene no se encontraba a su lado para animarlo, y nunca lo estaría. Ahora tenía a su lado a una persona con quien podía intercambiar opiniones sobre esas y otras cuestiones. Alguien que, aparte de compartir la misma carrera, tenía cosas afines con él : deportes, teatro, política, arte, e inclusive, la comida, pues a los dos les encantaba cocinar (y comer, por supuesto). Apenas días atrás, Arturo envió a uno de sus asistentes a conseguirle muestrarios de muebles y accesorios, y escuchaba atentamente las diversas opiniones que le sugerían; mientras su mente trataba de darle forma a ese montón de ideas desordenadas, tomando un poco de cada una, incluyendo las suyas. Para su fortuna, las circunstancias cambiaron inesperadamente, aprovecharía la estancia de Maryjose en Monterrey y le pediría que se hiciese cargo de la decoración de la oficina principal. “Podrá con el paquete, de eso estoy seguro, y además será como si yo mismo lo hubiera hecho, nuestros gustos son casi idénticos. Lo dejaré todo en manos de ella, no se negará, y el resultado será satisfactorio”.

Continuará…

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