Ladrón de tu amor


Capítulo VII

Daniel llegó a su límite. Desde hacía varios días que Isela se negaba a tener intimidad con él, cosa que en su momento respetó pero ya era demasiado.
Estando ella dormida comenzó a acariciarla, obteniendo por respuesta que Isela despertara y se levantara bruscamente, Daniel con voz tranquilizadora la hizo recostar de nuevo, intentó besarla y la joven se “defendió” propinándole un arañazo en el cuello, cosa que hizo que Daniel perdiese la poca paciencia que le restaba. La mujer intentó salir de la habitación pero antes que consiguiera su propósito, su compañero la tomó por el brazo y con brusquedad la hizo volverse a mirarlo.
-No sé porque te comportas de este modo, a estas alturas ya deberías saber de sobra que esta es mi casa, y la hembra que está conmigo se deja tener cada vez que yo tenga necesidad de ella.
-Ahora no, por favor, -la voz de ella comenzaba a quebrarse por el llanto- por favor, no me he sentido bien…..
-Tienes días con lo mismo, que no te sientes bien, que tienes mucho sueño, y no se cuantas otras mentiras.
-No miento, hoy me sentí mareada la mayor parte del día, tengo mucho apetito pero no puedo comer porque solo ver la comida me provoca naúsea. Me siento débil.
Entonces recordó su arranque pasional de semanas atrás, una de las últimas veces que estuvo con ella estando alcoholizado, su lujuria y su deseo le impidieron acordarse de utilizar el condón, no recordaba si Isela estaba en período fértil o no. En ese momento tampoco le importaba.
La condujo a la cama y la recostó. Le preparó un té caliente y se lo ofreció con un calmante, Isela lo tomó y no pasaron más de cinco minutos cuando cayó en profundo sueño.
-Dios, no sea posible! No puede estar embarazada, eso no estaba previsto, todavía no!!


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La prueba de embarazo dio positivo. Al conocer el resultado, Isela perdió el control de si, no deseaba tener hijos y menos de aquel hombre que si bien no despreciaba, tampoco despertaba ningún sentimiento en ella.
-No, no quiero tener ese hijo, -gritaba al tiempo que golpeaba el espejo del lavabo con los puños- quiero que saquen eso de mi cuerpo, sáquenlo. –arrojó un pote de crema al espejo, y antes que Daniel reaccionara, cogió un pedazo de vidrio y sin detenerse se realizó cortes en las muñecas.
Daniel salió de su ensimismamiento al ver el rojo líquido goteando al piso…..
Rápidamente colocó a Isela bajo el grifo del agua fría, trajo del botiquín los instrumentos necesarios para controlar la hemorragia…..

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Daniel dormitaba en el sillón frente a la cama de Isela, el cansancio comenzaba a ocasionar estragos en él pero se negaba a dormir, al escuchar el menor movimiento de la mujer se levantaba y revisaba que todo estuviera bien, las heridas en las muñecas no fueron profundas y su amada nunca estuvo realmente en peligro.
Su hijo tampoco.

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Isela transcurrió su embarazo tranquilamente, pese a todos los inconvenientes que surgían de vez en cuando. Daniel trajo a casa a Tati, una antigua conocida que con gusto aceptó ayudarlo en el cuidado de la futura mamá y no le perdió ni un segundo la atención a Isela, a quien Daniel cuidaba y consentía mucho más que antes. En constrate, Isela se mostraba cada vez más callada y taciturna, indiferente para con él.
“No puedes engañarte Daniel, es difícil que esta mujer llegue a quererte, lo mejor es que la dejes ir, pero busca la manera de quedarte con tu hijo”.

El domingo por la mañana Tati salió.

Al mediodía Daniel sacó a lucir sus dotes de cocinero excelente y preparó la mesa como si se tratase de una celebración especial: los mejores cubiertos y copas, un buen vino, un delicioso postre y hermosas flores alrededor.
-Y eso? Ni tú ni yo cumplimos años. –mencionó Isela tratando de mostrarse cortés, lo que menos deseaba era hacer sentir mal a su compañero.
-Es una comida de negocios.
-Negocios. Esperamos a alguien?
La pregunta sorprendió a ambos. Era la primera vez desde que vivían juntos que Isela hablaba formando parte del mundo de Daniel.
Sonrió.
-La comida fría no sabe bien, vamos a disfrutar de ella y luego hablaremos de negocios.
Algo no marchaba bien. Recordó que meses atrás Daniel preparó ese mismo escenario para arrancarla de su mundo, y ahora regresaba al punto de partida. El muchacho por su parte se comportaba de lo más normal, Isela lo observaba mientras lo oía hablar sin apenas prestar atención a lo que decía.
-… por lo tanto creo que lo mejor para ambos será que te vayas. He decidido dejarte ir.
Se quedó atónita. Quizá escuchó mal.
Daniel asintió.
-Esperaremos a que nazca el bebé, lo alimentarás el tiempo que necesite, luego te puedes marchar.
La mujer lo escuchaba sin pronunciar palabra
-Este es el negocio del que te hablé. Cambio tu libertad por mi hijo. Tú te vas, pero él se queda conmigo.

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Isela aceptó el trato. La idea de integrarse nuevamente a su trabajo, amistades y vida social, y por supuesto, el volver a encontrarse con Eugenio, le infundió el ánimo que hubo perdido. Faltaban solo 3 meses para que naciera el bebé, además los tres meses necesarios para su alimentación. Si soportó poco más de un año aislada, bien podría soportar varios meses más.
Daniel por su parte estaba destrozado, reconoció con dolor que la convivencia de varios meses con Isela fue infructuosa; aunque la idea de tener un hijo lo entusiasmaba. Su sueño de convertirse en padre estaba cada día más cerca de ser una realidad.
“Nada de esto es como yo lo soñé, para la mujer que amo soy muy poca cosa, me dará un hijo, y seré como un padre viudo, o divorciado. Pero a Danny no le faltará nada ni en lo económico ni en lo afectivo”.

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Por fin llegó el momento del nacimiento.
-Es un varón sano y hermoso. Madre e hijo están bien.
El nuevo padre entró a la habitación donde Isela amamantaba al recién nacido. Tati estaba con ella y al verlo salió con el pretexto de ir a comer algo.
-Es muy hermoso Isela, -la besó en la frente- gracias por este regalo.
La mujer guardó silencio. ¿Qué le agradecía? Ese hijo no era deseado por ella, era un fruto arrancado a la fuerza.
-Se parece a ti.- fue lo único que pudo decir.

Continuará.....




Comentarios

Harol ha dicho que…
Excelente historia. Te felicito. Sigue adelante.

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