Amargo sueño, incierta realidad


Hola a todos!
Les dejo la segunda y última entrega de mi más reciente relato.
Salu2.

Capítulo II

No supo Cristina cuanto tiempo transcurrió desde que cerró los ojos, pero cuando despertó se encontró en un lugar desconocido.
-Demonios, donde estoy? –preguntó desconcertada, aquella recámara no era la del Almost Paradise, ahora se encontraba en una habitación acogedora, limpia, decorada con buen gusto.
-Cómo te sientes hoy? –se dejó escuchar una amistosa voz femenina- Tranquilízate, me llamo Martha Robles y estás en mi casa, anoche te encontré desmayada cerca del Almost Paradise.
-Y Mauro? Donde está él?
-Mauro? No. Creo que estás equivocada. Te encontré a ti sola, no había nadie contigo.
Cristina intentó levantarse, pero su esfuerzo fue en vano, aún se sentía demasiado débil.
-Mi cabeza, -se cubrió el rostro con las manos- todo me dá vueltas.
-No te levantes, -Martha se sentó a su lado para palpar las mejillas y la frente- todavía estás mareada por la fiebre que tuviste anoche. –Cristina quiso decir algo- No te esfuerces siquiera en hablar, mira, haremos una cosa : cuando te sientas mejor me contarás todo, ok?
La mente de Cristina era un torbellino, se encontraba confundida, sin lograr entender lo que estaba sucediendo. Entre un pensamiento y otro se quedó dormida.

Días después…..
-Este es el sitio, -Martha se adelantó hasta la orilla del río- Aquí te encontré Cristina, estabas desmayada y con mucha fiebre, me orille para darle el paso a un desesperado que venía fastidiando con el claxon y alcancé a divisar a una persona en el suelo, imaginé que habrías sufrido algún accidente, que estarías herida, quizá hasta muerta, pero a Dios gracias solo tenías fiebre.
Cristina no daba crédito a lo que sus ojos veían, aquel río caudaloso que apenas unas noches atrás reflejara el cielo con trozos de escarcha, ahora bajo la luz del sol lucía desierto y árido.
-No, no puede ser, el río está seco. –su mirada se paseaba por todo el lugar, queriendo encontrar respuestas a sus interrogantes.
-Sí, efectivamente, desde hace algunos años, cuando su dueño murió de una trágica manera esta hacienda fue cerrada. –Cristina sintió un vuelco en el estómago : los alrededores estaban cercados, se acercó lo más que pudo, todo era exactamente igual a aquella noche : los objetos, los colores, solo que ahora lo miraba a la claridad del día.- Nunca se sabrá lo que pasó, en un principio se dijo que fue un suicidio, luego que un fallido asalto, otra teoría hablaba de envidias profesionales; y ninguna versión pudo corroborarse, las pistas eran pocas, por lo que el caso se cerró sin tener un culpable ni saber que fue lo que sucedió.
-Envidias profesionales, claro, cuando conversamos dijo que se dedicó a las Bellas Artes, o teatro, algo así.
-Empezaba una prometedora carrera como actor, y ya se hablaba de una rivalidad entre él y otro principiante en la audición para la que sería su último trabajo frente al público, se dijo que Mauro ganó limpiamente el papel; días después del estreno el ovacionado actor amaneció muerto en su solitaria hacienda.
-“Almost Paradise”, por eso se llama así esta casona, -agregó Cristina- La fama era todo lo que faltaba en la vida de ese hombre para que fuera casi el paraíso. –giró sobre sus pasos y caminó hasta el único árbol que había en aquella especie de desierto; Martha fue tras ella.
-Precisamente aquí te encontré, la noche estaba helada, tenías mucha fiebre y estabas delirando.
Cristina guardó silencio unos segundos antes de responder.
-No sé que decir, yo estuve dentro de esa casa algunas horas, conocí a Mauro y salimos a caminar por los jardines de la casa, llegamos hasta este río y estuvimos conversando durante no sé cuanto tiempo, después no sé que pasó, pero cuando desperté ya estaba en tu casa.
-Yo no sé que decirte, es posible que soñaras y al despertar tuvieses la impresión de haberlo vivido. Eso es lo que yo imagino.
-Estoy segura que no fue un sueño, pero es imposible demostrar que fue real, -miró por última vez aquel lugar- Debemos irnos, no hay nada ya que hacer aquí.
Después de comer Cristina se retiró a la que fue su habitación, se sentía agotada emocionalmente, necesitaba descansar. Sin sentirlo durmió un poco, y al despertar arregló las pocas pertenencias que traía consigo. Minutos después Martha entró en la habitación.
-Veo que ya tienes todo listo, eso quiere decir que ya te vas.
-Sí, -esbozó una triste sonrisa y se acercó a Martha y la tomó por los hombros- tengo un trabajo que me espera y debo continuar con mi vida normal.
-Cristina, -murmuró Martha al tiempo que sonreía- vendrás a visitarme alguna vez?
-Lo haré siempre que pueda, también te llamaré y espero que tú vayas de visita a mi casa. –le dio un fraternal abrazo a la chica- Gracias por todo, especialmente por cuidarme. Hasta pronto.
Se dirigieron hacia la calle, Cristina abordó su automóvil e hizo la señal de despedida a Martha quien la observaba de pie en la entrada de la casa. Dio una rápida mirada a aquel bello paisaje que había sido testigo mudo de su inesperada aventura; aunque jamás llegaría a saber si fue un sueño ó una realidad.
Ya en marcha el auto, encendió la radio para escuchar un poco de música, se le erizó la piel al escuchar la canción que comenzaba a sonar: de nuevo “Hotel California”.

“This could be Heaven or this could be Hell”

-El cielo o el infierno…..I don’t know…..I won’t know, never…..

El sol se ocultó lentamente entre nubes rojizas, la oscuridad de la noche reinaba ya en la cuidad, mientras en Almost Paradise al calor del fuego de la chimenea y acompañándose de una guitarra, alguien canturreaba la letra del Hotel California…..

On a dark desert highway, cool wind in my hair…..

Welcome to the Hotel California
Such a lovely place
Such a lovely face
Plenty of room at the Hotel California
Any time of year, you can find it here…..




F I N


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