Amargo sueño, incierta realidad


CAPITULO I

Esa calurosa tarde de agosto, Cristina Salinas regresaba a casa después de varios días de ausencia en Monterrey, su cuidad natal. Había viajado al Distrito Federal para asistir a un seminario que organizó el Colegio de Abogados de esa ciudad. Hacía un año atrás obtuvo su título de Licenciatura en Ciencias Jurídicas y consiguió un empleo en un despacho jurídico; su máximo anhelo a corto plazo era trabajar en su propio bufette. Deseaba que los demás la conocieran por su nombre, por sus logros a base de esfuerzo e inteligencia, no por haber obtenido éxitos que contribuían para hacer famoso el nombre de terceras personas. Por esa razón se interesaba en todo lo que tuviese que ver respecto de su carrera, sin importar lo lejos que tuviese que viajar ó los castigos económicos que pasaría por los días que le serían descontados de su cheque quincenal.
Una falla en el automóvil la obligó a orillarse en la carretera, ya había solicitado asistencia vía teléfono pero aún no llegaba la ayuda. El calor sofocante la obligó a esperar afuera del auto, estaba cansada, aburrida, encendió la radio para escuchar algo de música, necesitaba distraer su mente para no desesperarse más. Comenzaron a escucharse las notas de “Hotel California”, de The Eagles.

On a dark desert highway, cool wind in my hair
Warm smell of colitas, rising up through the air
Up ahead in the distance, I saw a shimmering light
My head grew heavy and my sight grew dim
I had to stop for the night.

There she stood in the doorway
I heard the mission bell
And I was thinking to myself
“This could be Heaven or this could be Hell”
Then she lit up a candle and she showed me the way
There were voices down the corridor
I thought I heard them say…..

Welcome to the Hotel California
Such a lovely place
Such a lovely face
Plenty of room at the Hotel California
Any time of year, you can find it here.

-Que canción tan tenebrosa, -exclamó en voz alta, no poseía gran conocimiento del idioma inglés pero algo entendió- “esto puede ser el cielo o puede ser el infierno”, -citó la letra de la canción en voz alta. Eran casi las 6:00 de la tarde, dentro de una o dos horas a lo mucho comenzaría a oscurecer y no deseaba quedarse en ese lugar solitario. Discó nuevamente el teléfono de emergencias, pero la línea estaba ocupada.- Demonios!!, -arrojó el teléfono al asiento del auto y comenzó a caminar nerviosa de un lado a otro. Podía seguir alguna de dos opciones : dejar su auto ahí e irse a buscar un lugar donde pasar la noche, o bien esperar la asistencia y en caso de que ésta no llegase pasar la noche en el auto, sola, y exponiendo su vida a cualquier clase de violencia. De repente escuchó una voz a sus espaldas.
-Creo que yo puedo ayudarte, si tú quieres, claro está.
Sobresaltada se volvió, frente a ella un hombre alto, moreno, sonreía amigablemente. Cristina por un momento no supo que hacer, por instinto dió un paso hacia atrás; lo que provocó que la sonrisa divertida continuara en el rostro del desconocido.
-Mi auto tiene un desperfecto, yo…..solicité ayuda desde hace rato, pero no he tenido respuesta. No quiero que la oscuridad me sorprenda aquí.
-Eso tiene remedio, estoy aquí para ayudarte, -dió un paso hacia Cristina y ésta retrocedió- No tengas miedo, no voy a hacerte daño, -dejó escapar una sonora carcajada.
-Perdóname, pero no acostumbro relacionarme fácilmente con alguien que no conozco. Soy muy desconfiada.
-Y haces bien, no sabemos que clase de problema nos pueda traer el involucrarnos con personas desconocidas, -señalando el auto continuó- mira, déjame revisar el motor, y si no logro hacerlo funcionar y si ya me perdiste el miedo te ofrezco posada en mi casa, vivo a unos cuantos kilómetros de aquí, pero no te llevaré caminando, tengo mi coche allá, -se detuvo bruscamente- Pero que tontería, ni siquiera me he presentado contigo, -extendió su mano a Cristina, quien nuevamente dudó antes de estrecharla- mi nombre es Mauro Ferrer.
-Cristina Salinas. –hubo un momento de silencio- no tengo otra opción más que confiar en ti. Te ves buena persona.
-Que amable eres, -sus labios continuaban dibujando aquella juguetona sonrisa que empezaba a gustarle a Cristina.

Almost Paradise lucía hermoso de noche. Las luces iluminaban el sendero dando la impresión de estar perdido en algún solitario paraje, de repente Cristina comenzó a sentir un ligero frío pero no le dio importancia; observaba a su alrededor: la casa debió ser preciosa en sus mejores épocas, de eso no quedaba lugar a dudas; pero ahora la tonalidad de las paredes exteriores lucía descolorida, como si tuviese años de no retocarse y el piso de los corredores estaba opaco, por dentro los cuadros y pinturas que colgaban de las paredes daban la impresión de no estar lo aseado que debieran “si Mauro vive solo es lógico que no puede hacerse cargo de todo lo que implica vivir en esta enorme casona” justificó para sus adentros.
-No tienes miedo vivir aquí solo? La casa está demasiado lejos de la ciudad y si algo sucediese…..
-Ya estoy acostumbrado a la soledad, y no, no deberá pasar nada si todo lo tengo bajo estricto control. Mira, ésta será tu habitación, descansa un rato y luego bajaremos a cenar, te parece?
Se quedó sola, observó con atención cada rincón de la casona, una sensación extraña flotaba en el ambiente, le pareció raro aquel escalofrío que aún sentía, cuando afuera la temperatura alcanzaba casi los 40° (C).
-“Almost Paradise, hermoso nombre para una casa tan rara, algo muy importante debió significar para su dueño que lo motivó a elegir un nombre prometedor: Casi el Paraíso. Casi…..”

Horas después, terminada la cena, Mauro insistió en que fueran a dar un paseo por el amplísimo jardín de la hacienda.
-Cristina, hasta ahora solo me has contado de lo que haces en los juzgados, a quienes has enviado a prisión y cosas de ese tipo, pero no me has dicho en que inviertes tu tiempo cuando no estás en tu trabajo.
-No hago nada fuera de lo normal, me encanta estar en mi casa, pero no tengo el tiempo suficiente para atenderla. Tengo proyectos, metas que quiero cumplir a corto plazo, y para lograrlo debo trabajar arduamente, no detenerme a pensar las cosas. Al menos por ahora.
-Wow! Eres una mujer que sabe lo que quiere, hay pocas así, admiro tu decisión ya que yo nunca fuí un buen estudiante, -sonrió nuevamente- pero aún así terminé la carrera de Administración Financiera, la cual ejercí algún tiempo, pero luego la cambié por los escenarios y la música.
-Entonces dejaste una carrera firme para dedicarte a algo efímero?
-Depende del cristal con que lo estés mirando, nada en este mundo es para siempre, ni siquiera la vida; y todas las actividades que realicé dentro de esa carrera fueron y serán siempre sagradas para mí. No me hice de una gran fortuna ni me inundó la fama solo por unas cuantas obras de teatro que realicé, pero eso fue mi realización, fue mi vida.
Cristina pensó que quizá Mauro se molestaría por el comentario, pero él no dio señal alguna de eso, caminando y charlando llegaron hasta un caudaloso río que marcaba el final de la extraña hacienda, Mauro se sentó sobre el fresco césped, Cristina, parada a la orilla del río contemplaba la luna llena y el ennegrecido cielo en el que parecía haberse regado trocitos de escarcha, los cuales se reflejaban en las transparentes aguas.
-Cristina, me dijiste que vienes de regreso del D.F. pero no me dijiste hacia donde te diriges.
-Tienes razón, voy de regreso a Monterrey, terminó el seminario y debo regresar a casa, a mi trabajo, realmente ya lo extraño, -se dio la media vuelta y caminó hacia donde estaba Mauro- No te molesta si te abrazo? Siento un poco de frío.
-Por supuesto que no me molesta, -fue la respuesta del joven. La medianoche los sorprendió conversando y riendo; a Cristina aquel hombre le atraía sobre manera, quizá fuera por la tierna personalidad que se reflejaba en sus actos. Acostumbrada a ser sincera agregó :
-No sé que me pasa contigo Mauro, me gustas, me atraes como no tienes una idea.
Por respuesta obtuvo una sonrisa, durante algunos segundos no supo como actuar ni que decir, de pronto sintió su rostro entre las manos de Mauro, y ya no hubo más palabras, sus labios se unieron en un prolongado beso. Cristina perdió la noción del tiempo.
Continuará.....

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