Y mi niñez, mamá?

Es una pregunta que me hago desde hace no sé ya cuantos años. Cada vez que veo a los chiquillos jugar en la calle me acuerdo que yo nunca podía hacerlo, mis hermanos menores sí, porque mi pecado sin yo quererlo era que por ser la mayor de todos yo debía “poner el ejemplo”. Ejemplo. ¿de qué? A mis seis años ya barría, lavaba los trastes y la ropa con cloro, que por cierto a esos líquidos le debo la maldita resequedad de mi piel que a veces mi la crema más cara ni la de marca más exclusiva logra mitigar. En vez de estar corriendo junto con los otros niños en el parque me retenías en casa porque como tu fuiste muy apegada a tu madre esperabas que yo reaccionara de igual manera. Querías vivir a través de mi. La abuela manejó tu vida a su antojo y repetiste el mismo patrón para conmigo. A mis seis años ya era adulta, debía cuidar y atender la casa, estar al pendiente de mis hermanos, tener exactamente tus mismos pensamientos. A mis diecisiete años ni pensar en diversiones con las amigas mucho menos en un novio. “No te maquilles, yo a tu edad nomás usaba lápiz labial”. Por lo tanto yo solo me coloreaba los labios.... tal como tu lo hacías “a mi edad”. “Para que vas a esa reunión, les van a dar de tomar alcohol, mamá no me daba permiso para andar de fiestera a tu edad”.....No entendías que yo tenía opiniones y sentimientos propios. Fui una víctima de tus frustraciones y amarguras.

Ahora que ya soy adulta y conduzco mi vida con plena libertad, agradezco en cierta forma el haber crecido a velocidad apremiante. Aprendí a cocinar, aprendí como reaccionar en caso de un incendio, reparé infinidad de veces los grifos del agua. Y eso de cierta manera es de gran ayuda. Pero a veces veo a los niños jugar y correr y siento deseos de hacer yo lo mismo. Los jóvenes modernos andan hasta muy entrada la noche en los antros, y a veces yo quisiera poder irme a un bar y no sentirme incómoda por hacerlo. Me pregunto que se sentirá andar entre amigos divirtiéndose, platicando en el parque, reunidos en las esquinas. Extraño las etapas de mi vida que me robaste.

Comentarios

Javier Pellicer ha dicho que…
Supongo que todo aspecto en la vida tiene su lado positivo, pero realmente pienso que una infancia feliz es un derecho obligado de todo niño. Al respecto yo no puedo quejarme, tuve una infancia despreocupada, quizás en algunos momentos demasiado. Ahora parece que los niños quieren dejar de serlo antes de tiempo, pero en contraposición advierto inmadurez a edades en que ya deberían tener la cabeza más amueblada.
Como todo en la vida, es cuestión de equilibrio. Un niño debe ser educado en la responsabilidad, pero sin olvidar la importancia de esos primeros años de despreocupación y libertad en la que aprender del mundo a base de experimentarlo. La tarea de los adultos debería ser, únicamente, la de guiar, jamás la de someter.

Un saludo!!!

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